¿TENEMOS UNA OPORTUNIDAD PARA RECONSIDERAR EL USO DEL LITORAL DE LA PROVINCIA DE MÁLAGA? (II)

Víctor Díaz-del-Río Español
Academia Malagueña de Ciencias

La pandemia que nos acecha hace que se adoptan medidas preventivas en las playas para su uso veraniego, tan absurdas como convenientes, tan extrañas como necesarias, pero todas diseñadas desde una forma de pensar absolutamente continentalista. ¡Como debe ser, ea!, para eso el hombre es un ser adaptado a la vida continental. ¡Otra vez la falta de perspectiva ambiental! Todos estabulados sobre la arena. Ya están las comunidades autónomas dictando normas para la apertura de los lugares de ocio en las playas (confío que se regulen y amplíen cuanto antes los servicios higiénico sanitarios en las playas urbanas, de lo contrario las aguas se convertirán en auténticas cloacas). ¿Y en el agua? ¿Nos fabricarán los chinos un aro de un metro de radio para poder bañarnos? Cada cual en el agua con su aro “en todo lo alto” para que así mantengamos los dos metros de distancia con nuestro vecino nadador. ¡Oiga, no se solape conmigo! ¡Su aro solamente puede ser tangente al mío y no secante!

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La contaminación de las playas (Pedregalejo a la izquierda; Misericordia a la derecha) con residuos sólidos (orgánicos e inorgánicos) y microplásticos (más difíciles de apreciar por el bañista) son un riesgo claro para la salud. La presencia de microplásticos ya se ha observado en las especies marinas que forman parte de la cadena alimentaria humana, en cantidades que son preocupantes. Tan preocupante como su presencia en numerosas especies que las ingieren al confundirlos con alimentos y perecen como consecuencia de ello.

Es evidente que nuestra capacidad para sumergirnos en el medio marino es muy limitada, en consecuencia nuestra sensibilidad para pensar y poder ordenar, o incluso planificar, el medio marino estará siempre condicionada por este hecho, que en sí mismo es una gran limitación. Resulta que ahora tenemos de visita, y parece que lo será de forma permanente, un virus que nos está buscando la ruina sanitaria, laboral y económica, lo que nos da opciones para analizar la manera en la que venimos utilizando el medio marino y litoral, y así reconsiderar la forma en la que podríamos reorganizar su gestión en el futuro (este asunto ha sido tratado por algunos académicos en este mismo Blog, p.e.: Ruíz Sinoga I y II; Salas de la Vega, I y II).

Esta pandemia hará que el uso de las playas será de intensidad muy inferior a la de años anteriores. En cierta forma, este hecho les dará una oportunidad para mantenerse en mejores condiciones morfodinámicas. ¿Dónde están nuestros modelos de explotación de la costa mediante la reducción de carga? ¿Dónde los que contemplan retirar progresivamente ciertas infraestructuras instaladas en la arena de las playas que consolidan el sustrato? Antes al contrario. La solución para algunos es instalar paneles separadores en la playa para que los bañistas tomen el sol aisladamente, sin contacto con el vecino playero. ¡Vive Dios que se harán! “¡Cosas peores veredes, mi buen Sancho!

Por otra parte, ¿sabremos cual es el efecto de la transferencia del virus del ser humano a los sedimentos playeros -con mayores riesgos en las estáticas playas regeneradas en las que aún me horroriza ver personas paseando sus perros y dejando las heces sobre la arena-, y marinos? ¿Y su transferencia a la biota -o viceversa-, particularmente a las aves marinas? ¿Se ha observado la presencia de virus en el medio marino? ¿Cuál es su capacidad de residir en los sedimentos o en la biota? ¿Qué consecuencias podría tener la irrupción de los virus alóctonos en el medio litoral? La Ciencia tiene constancia de la presencia de virus en el medio marino y en sus sedimentos, y en el papel que desempeñan en los flujos de materia y energía. Una de sus principales funciones es la de controlar el aumento de bacterias y microalgas que puedan impedir el desarrollo de la vida en la zona fótica (lámina de agua marina en la que penetra la luz solar). En los sedimentos tienen una capacidad de residir que parece ser superior a la que poseen en la columna de agua, donde tienen una significancia ecológica no suficientemente conocida. Únicamente se conoce mejor su papel en áreas de expulsión de fluidos hidrocarburos donde participan en los procesos vinculados a su consumo antes de que alcancen la superficie del fondo y, posteriormente, la atmósfera.

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Un buen ejemplo del modo en el que actúa el régimen torrencial lo encontramos en el Arroyo Jabonero (El Palo, Málaga) que permanece seco en superficie durante largo tiempo pero que cuando hay fuertes precipitaciones su cauce se colmata de agua con gran capacidad de transporte de carga sedimentaria. Estos sedimentos alcanzan el mar y se forma el depósito de los más groseros mientras que los más finos se incorporan a la deriva litoral alcanzando así grandes distancias.

Por otra parte, sabemos que la estabilidad morfodinámica de las playas de la Costa del Sol, depende fundamentalmente de dos vectores fuerza de componente ortogonal: (1) el régimen fluvial y torrencial dominante del drenaje continental -que a su vez está vinculado al pluviométrico-, que es prácticamente perpendicular a la costa y que garantiza el aporte de carga sólida al medio litoral y marino; (2) el régimen hidrodinámico de la deriva litoral, que circula paralelamente a la costa.

Entonces comprobamos que la gestión de los cauces hídricos no solo tiene importancia a los efectos de la regulación del espacio físico continental, sino que también es de vital importancia para el equilibrio morfodinámico de la costa (supra e interlitoral), y más concretamente para el del subdominio infralitoral. Cabe pues la posibilidad de que su gestión no altere ese equilibrio morfodinámico que poseen gran parte de las playas (las que no hayan sido realimentadas). Por otra parte, la conveniencia de no invadir el espacio natural ocupado por la playa, permitiría que se mantuviera el trasiego constante de entrada/salida de sedimentos marinos, lo que podría ser un factor determinante que mejorase su calidad.

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Los sedimentos de algunas playas, como la de la Araña (Málaga), se regeneran periódicamente gracias al régimen de vientos dominante que permite la alternancia del levante (imagen de la izquierda) y el poniente (imagen de la derecha). Así, la intensa erosión de la playa se produce bajo el régimen de poniente mientras que la sedimentación se produce con vientos de levante. Esta circunstancia garantiza que los restos orgánicos antropogénicos, contaminantes o tóxicos, depositados en la arena o en los intersticios de la unidad sedimentaria, se laven sistemáticamente. A buen seguro, la calidad sanitaria de estos sedimentos (cantos, gravas, arenas y arcillas) es superior a la que poseen otras playas cuyos sedimentos permanecen en el lugar de forma mucho más estática, principalmente aquellas que han sido regeneradas con materiales que no son autóctonos.

Fijémonos por un instante en una de las playas más curiosas de Málaga, que es la de la Araña (junto a la popularmente conocida como la playa de la Cementera), que muestra una activa dinámica sometida al régimen de vientos dominantes en el litoral del mar de Alborán. Tiene, además, la particularidad de que a levante se sitúa un importante arroyo con gran capacidad de carga y transporte de material muy heterogéneo, del cual se beneficia en los momentos de fuerte avenida: Totalán. El régimen levante/poniente que se impone a la deriva litoral hace que la playa se alimente de sedimentos con los vientos propicios de levante y que se erosione, y en consecuencia se vacíe, con los fuertes vientos de poniente. La estratificación de la playa permite observar los diferentes periodos de sedimentación con capas de material más grueso (cantos y gravas) y de material más fino (arenas y arcillas). Esta circunstancia natural permite contemplar situaciones tan diferentes como las que se muestran en las imágenes.

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(Izquierda) Foto aérea de la playa de la Araña (Málaga) en la que se observa la superficie ocupada por una escollera de protección de la carretera litoral que une Málaga con Rincón de la Victoria. Se aprecia el perfil cóncavo hacia levante propio de los flujos dominantes. Se señala con un cuadrado la posición de una de las viviendas afectadas por un temporal de poniente. (Derecha) Detalle de la vivienda en la que la mar ha socavado sus cimientos poniendo en riesgo su estabilidad. Este tipo de construcciones sobre la playa en zonas donde el oleaje de los temporales es destructivo, son relativamente frecuentes en el litoral del mar de Alborán y son fruto de la permisividad con la que se ha tratado este tipo de construcciones.

Esta lección de la Naturaleza, fruto de la observación científica, es bien conocida por los lugareños (cuya historia está vinculada a la de la propia Cementera) que, sin embargo han ocupado la playa con edificaciones que en ocasiones se muestran bastante efímeras. Pero resulta más sorprendente la destrucción de una gran parte de la playa para levantar una escollera de protección de la carretera que une Málaga con Rincón de la Victoria. Por desgracia hay numerosos ejemplos de este impacto que se justifican por la necesidad de generar infraestructuras viales que dieran servicio a las poblaciones litorales que fueron creciendo desmesuradamente tras el boom turístico. Una razón más para pensar que este crecimiento no es sostenible.

La posición geográfica de la costa varía con el tiempo, en ciclos que van del muy corto periodo (mareas) al muy largo periodo (transgresiones y regresiones). El proceso de formación de las playas actuales se inició, aproximadamente, hace unos seis mil años -con posterioridad al gran ascenso eustático generado hace unos 20.000 años-, cuando el nivel del mar alcanzó una altura superior a la que observamos actualmente. Algunos vestigios de este fenómeno los podemos encontrar en lugares muy próximos, como son los acantilados dolomíticos del Rincón de la Victoria (Málaga).

Así pues, las playas (que a escala geológica son unidades deposicionales efímeras vinculadas a la posición episódica relativa del nivel marino) hemos de contemplarlas como “áreas de depósito provisional” en las que el sedimento marino queda atrapado fruto de los procesos que ejercen su influencia durante largo tiempo. De una manera abstracta las podemos imaginar como una de las riberas del flujo litoral que los transporta, emulando a un río formado por sedimentos litorales que fluyen paralelos a la costa.

Es importante insistir en el hecho de que una playa no se forma en dos días, como mucha gente cree, bombeando sedimentos del fondo marino y depositándolos en la costa. Esta técnica de realimentación de playas es extremadamente cara y requiere de actuaciones periódicas, pues la playa resultante no es en modo alguno natural y su equilibrio no depende exclusivamente de la dinámica del medio natural si no de la cantidad, calidad y tamaño del sedimento que se vuelva a depositar en su superficie.

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Dunas residuales de La Carraca, en la playa del Morche (Torrox, Málaga). Un buen ejemplo de la destrucción del medio litoral causado por el crecimiento de las urbes costeras en favor de un modelo de explotación del turismo de playa que debe ser revisado.

Por ello resulta de vital importancia hacer un esfuerzo por mantener los depósitos de sedimento que se hayan formado en las playas, como las dunas (que además son reservorios de sedimento), a pesar de que su presencia en gran parte de ellas es casi residual, pues han sido arrasadas y sustituidas por edificaciones levantadas sobre la misma playa. Algunos ejemplos (como el que se muestra en las imágenes del Morche, Torrox) evidencian el crecimiento desaforado de las poblaciones costeras en detrimento de las superficies playeras. Este modelo de explotación de la Naturaleza pone de manifiesto la imposibilidad de que coexistan con la propia subsistencia del medio natural, dándose la circunstancia curiosa de que una zona predominantemente playera ha de ser sistemáticamente regenerada, con sedimentos alóctonos, para crear una nueva playa superpuesta a la anterior. Hay numerosos ejemplos de este fenómeno, como puede ser el de la playa de la Malagueta en la capital.

Malagueta
Playa regenerada de La Malagueta (Málaga Capital). El amparo que ofrece la escollera del puerto le permite mantener un cierto equilibrio al ser beneficiada por parte del sedimento que abandona en este recodo la deriva litoral. Obsérvese la reducción progresiva de la anchura de la playa a medida que se avanza de poniente a levante, llegando a algunos puntos en los que los temporales de invierno la dejan absolutamente desnutrida de sedimentos, poniendo así en riesgo los “chiringuitos”, y el propio paseo marítimo, de reciente construcción instalados de manera permanente en la zona de playa.

¿Cómo hacer sostenible el litoral? ¿Podemos aprovechar la oportunidad que nos da la “maldita pandemia” para replantear el futuro de la costa? ¿Es posible disminuir la carga que soporta el litoral y desplazarla tierra adentro? ¿Es posible reducir la contaminación orgánica y por residuos sólidos que genera el uso de las playas? ¿Es compatible el uso del litoral con el desarrollo del medio rural proximal a la costa? ¿Es posible una nueva Educación que permita adoptar a los más jóvenes una visión menos continentalista y más planetaria de su entorno, “Planeta Agua”, que les haga valorar lo que no ven y que sí existe bajo las aguas marinas?

La Ciencia nos puede proporcionar explicaciones a los problemas que se presentan, ofreciendo alternativas que permitan corregir algunas tendencias en las alteraciones del medio ambiente. Para que estas alternativas puedan transformarse en medidas correctoras, será necesario que los “tomadores de decisiones” se responsabilicen del uso adecuado que debemos hacer de la Naturaleza sin dejarse cegar por modelos de explotación del espacio natural con rentabilidad inmediata o a muy corto plazo.

Curiosamente se ha desatado en los últimos días una cierta polémica sobre la forma en la que deberían crecer las ciudades, con independencia de su ubicación geográfica, ya estén situadas en la costa o tierra adentro. Desde mi punto de vista, no parece conveniente seguir concentrando población en núcleos urbanos de la costa -y menos aún en determinados barrios o zonas-, ya sean grandes ciudades o pueblos desarrollados al amparo del boom turístico. Eludir modelos de crecimiento como los que podemos encontrar en el levante español, es casi una obligación, siempre que queramos mantener el equilibrio ecológico que demanda el litoral y el medio marino, de quién depende, a la postre, el propio equilibrio de la costa en la que habitamos. Deberíamos procurar mantener los tramos de costa que aún están sin antropizar (rigidizando el suelo con todo tipo de infraestructuras que limitan su evolución natural y su función edáfica), en un estado que sea lo más natural posible, para así salvaguardar mínimamente la dinámica del litoral que resulta vital para toda la costa. Lo lógico sería favorecer una política de redistribución del turismo en el entorno de los núcleos de población rurales, que se verían beneficiados por el desarrollo de infraestructuras viales y sanitarias, que siempre estarían acompañadas de infraestructuras tecnológicas de última generación, como así lo exige la sociedad de la comunicación.

Ciertamente estamos en un estrecho “cuello de botella”, pero las decisiones adecuadas tomadas al amparo de las certezas que la Ciencia aporta, pueden ser una medida más que recomendable para estos “tiempos de pandemia” en los que la zozobra colectiva debe de dejar paso al sosiego ilusionante de una vida que se puede desarrollar en mayor sintonía con la Naturaleza.

 

Addenda. Quiero agradecer a mi buen amigo António Moreno (Jr.), maestro y gran conocedor de la cocina tradicional malagueña, que desde su restaurante en la playa de La Araña me ha permitido observar, a lo largo de más de 30 años, la impresionante dinámica que tienen sus sedimentos, al tiempo que degustaba las exquisiteces de la cocina gobernada por Sílvia su mujer.

2 comentarios en “¿TENEMOS UNA OPORTUNIDAD PARA RECONSIDERAR EL USO DEL LITORAL DE LA PROVINCIA DE MÁLAGA? (II)

  1. Víctor, ha merecido la pena esperar a esta segunda parte de tu exposición acerca del litoral malagueño y que sin duda es extrapolable al resto de los litorales nacionales y muchos internacionales.
    En general estamos acostumbrados a ver, la NATURALEZA, con una perspectiva más fotográfica que de video, es decir más estática que dinámica, consiguiendo una visión muy parcial de los fenómenos naturales. Tu descripción de las dinámicas fluvial y litoral, empieza por echar por tierra la errónea afirmacion de “ese agua que se pierde” y sobre todo nos indica que todo está relacionado, alertandonos que toda acción suele tener una reacción y que nosotros somos y seremos responsables con nuestros actos de la alteración que provocamos y provocaremos en el medio natural, por supuesto en nuestra pequeña escala temporal ya que en otras escalas temporales la NATURALEZA se va a imponer, al mostrarnos sus títulos de propiedad.

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    1. Gracias por tus palabras Ricardo. Ciertamente existen algunas creencias muy extendidas sobre la forma en la que debemos ayudar al litoral y la costa a permanecer “inmutable”, y en ello se invierte una ingente cantidad de dinero. La realidad es que está invirtiéndose en una especie de “circulo vicioso con forma de espiral” en el que a la degradación de la costa le sucede una regeneración, y a cada destrucción por fuertes temporales le sucede una reconstrucción, siempre en el espacio litoral que no debería de haber sido ocupado jamás. De esta espiral no se podrá salir a no ser que se tomen otro tipo de medidas menos populares.

      Comprender ese ciclo del agua y de los sedimentos está al alcance de los gestores de la cosa pública; otra cosa es que quieran aplicar esas enseñanzas de la Naturaleza. Yo confío que en algún momento comprendamos que no podemos seguir utilizando el espacio natural a nuestro antojo, por muchos beneficios que nos de a corto plazo. La realidad nos golpea cada año y hemos de caminar hacia un uso más responsable respetando esas leyes de la Naturaleza que sin estar escritas están presentes en nuestro día a día, entre un ocaso y otro sin solución de continuidad.

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