ACERCA DEL MUNDO RURAL

Ricardo A. Salas de la Vega
Académico de la Academia Malagueña de Ciencias

Para definir el denominado mundo rural tomaremos una de las acepciones más básicas del vocablo rural, que es aquella que hace referencia a lo relacionado con la vida en el campo. Según datos publicados por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), en el año 2017 las 10 ciudades más habitadas de España aglutinaban el 22% de la población nacional. Llama la atención que de los 8125 municipios existentes, el 50% tengan menos de 500 habitantes y que estén en peligro de extinción. Si subimos el límite de observación a los 1000 habitantes, comprobamos que el 61% de los municipios están habitados por tan sólo el 3,15% de la población española. Trataremos pues de este mundo rural y el desequilibrio poblacional existente con el urbano.

Aunque esta polarización ha existido siempre, lo cierto es que las diferencias se van agrandando con el paso de los años, favorecidas por la evolución de la sociedad hacia pautas de bienestar y consumo impensables hace unas décadas. Esto sólo lo pueden obtener en las ciudades que cuentan con importantes infraestructuras, así como destacados servicios de tecnología, alojamientos, centros educativos, hospitalarios, residenciales, financieros, culturales, consumo, de ocio, etc. Esta transformación ha sido posible en las grandes ciudades gracias a su dinamismo y a las fuertes inversiones realizadas en infraestructuras que propician que las grandes empresas y los centros de desarrollo tecnológico se ubiquen en ellas. Por el contrario, en las comunidades rurales el aislamiento se ha incrementado por falta de comunicaciones adecuadas, al tiempo que las condiciones laborales han empeorado, estableciéndose así una relación directa entre despoblación y ausencia de mercado laboral.dav

Además de la pérdida de población, fruto de ese éxodo imparable e irreversible, se está perdiendo una forma de vida rural caracterizada por un importante acervo cultural y una serie de tradiciones propias. Los habitantes de estos pueblos han vivido a lo largo de los siglos en íntima comunión con el medio que les rodea, aprovechando sus recursos, tanto agrarios como forestales, generando así unos paisajes naturales y cultivados muy diversos. Este manejo de la Naturaleza ha dado lugar a una forma de hacer las cosas que se refleja en una serie de actividades vinculadas a ese uso, generando en consecuencia, un conjunto de profesiones, oficios, artesanías, gastronomías, músicas, bailes, que constituyen un auténtico compendio de cultura popular así como de tradiciones seculares.

Destacaremos tres actividades en las que se ha venido apoyando la economía del mundo rural, una de reciente aparición y otras que se remontan a nuestros orígenes y que, de alguna manera, sostienen el mundo rural. En primer lugar y como complemento de las rentas agrarias aparece, desde hace tres décadas, el denominado turismo rural o agroturismo. Resultante de una sociedad urbana necesitada de un acercamiento a los valores que el campo representa, tales como ambientes relajados, amigables y saludables, contacto con la Naturaleza y una gastronomía basada en productos naturales e incluso condiciones térmicas diferentes. Esta actividad turística realizada en el medio rural y que empieza demandando exclusivamente alojamiento, se ha ido transformando paulatinamente al requerir, además, servicios de turismo de la Naturaleza, con la consiguiente profesionalización que está favoreciendo la presencia de promotores urbanos. En términos generales este tipo de turismo, al ciudadano local y que no tiene una cultura emprendedora, tan sólo le reporta esa renta complementaria, por tanto el crecimiento del sector lo rentabiliza el empresario de turismo activo que normalmente no vive en la zona. Es el primer indicador del paso del mundo rural del sector primario al terciario.chozos asturias

En segundo lugar, y muy arraigada en el mundo rural, se encuentra la actividad cinegética. Esta actividad, actualmente legalizada y regulada, se viene realizando desde tiempos ancestrales en nuestros campos y sierras practicándose hoy día en el 87% del territorio nacional. Además de ser un pilar en la economía de las gentes de los pueblos, se considera una industria por los miles de millones y de empleos que genera, siendo un elemento de ocio para muchas personas hasta el punto de ser la tercera Federación más numerosa, detrás del fútbol y el baloncesto. Al margen de determinadas sensibilidades e ideologías, cada vez más imperantes en nuestra sociedad, la supresión de la caza llevaría aparejada la modificación del uso de gran parte de esos terrenos rústicos con la consiguiente pérdida de biodiversidad al ser utilizada en este medio rural como una herramienta de conservación, se perderían rentas y empleo y sobre todo la desaparición de un activo importante del modo de vida rural.

Por último aparecen la agricultura y ganadería que han estado presentes en el panorama rural desde hace 10000 años. Por lo complejo del sector no entraremos a valorar sus múltiples variables, tan sólo destacar la enorme diferencia existente entre los precios en origen y los que paga el consumidor. Muchos productos sobreviven gracias a las ayudas públicas sin las cuales, probablemente, no se podría sostener el agro y que es el modo de vida principal de la mayoría de los pueblos.

Como apunte final hemos de decir que, dado que las distancias cada vez se miden más utilizando el sistema temporal que el sistema métrico, la solución al aislamiento del mundo rural pasa por reducir esas distancias. Para ello se hace necesario diseñar un ambicioso plan de infraestructuras, tanto de vías férreas como de carreteras, que sea capaz de establecer unas distancias temporales lo suficientemente atractivas como para que, en caso de tener que elegir entre la opción de vivir en el campo o hacerlo en la ciudad, la decisión que se tome sea, principalmente, por una cuestión de gustos y no debida a carencias de servicios básicos y a posibilidades laborales. Se conseguirá así que, en un futuro, la palabra rústico no sirva para definir algo tosco y grosero, sino que sea sinónimo de calidad de vida.

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