Teletrabajo: ¿una nueva forma de esclavitud para el Siglo XXI?

Susana Blázquez Diéguez
Academia Malagueña de Ciencias

Con motivo del estado de alarma declarado en España provocado por la irrupción de la pandemia por COVID19, muchos españoles nos hemos visto obligados a abandonar nuestros puestos de trabajo en las empresas y convertir nuestros hogares en improvisados centros de producción telemática, mediante la práctica de la actividad denominada “teletrabajo”. Además, esta reconversión de la actividad laboral ha tenido que realizarse en un tiempo record. De la noche a la mañana.

Es importante señalar que la forma en la que hemos tenido que adecuarnos al teletrabajo no ha sido la más eficiente, y que para mantenerlo apropiadamente a largo plazo habrá que llevar a cabo muchos ajustes. Si queremos que en el futuro se extienda la práctica del teletrabajo habrá que desarrollar políticas de implementación que tengan en cuenta muy diversos aspectos de esta actividad, entre los que quiero destacar: los equipamientos informáticos (hardware, software y periféricos), la seguridad de la información y de los sistemas informáticos, la seguridad y la velocidad de las comunicaciones, y un aspecto fundamental que es la formación de los usuarios. Y por último, una pregunta retórica: ¿pueden soportar las redes una intensidad de uso doméstico como la que se podría producir si se generaliza esta práctica?

Los problemas que han surgido con el teletrabajo en este momento son muy variados y de muy diversa índole. El primero y fundamental es la disponibilidad de las comunicaciones, pues no todos los hogares tienen conexiones a internet y, de aquellos que la tienen, las velocidades contratadas en cada hogar no siempre permiten teletrabajar con la eficiencia necesaria o conveniente. Este punto nos puede llevar a una interesante discusión, de candente actualidad política y sociológica, en el que se analizase el efecto del desarrollo de las comunicaciones en los núcleos rurales y su posible impacto en la reducción del despoblamiento de los pueblos. Una de las grandes ventajas que ofrece el teletrabajo es que las empresas pueden contar con trabajadores cualificados, con independencia de su ubicación geográfica, que no necesitan desplazarse de su localidad de residencia y que quedan perfectamente integrados en la organización empresarial gracias a los avances que ofrecen las comunicaciones.

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¿Como compaginar la actividad laboral con la atención a la familia, las actividades domésticas y el ocio? Difícil papeleta que requiere de una rigurosa planificación y un estricto cumplimiento de los horarios programados.

Otro aspecto fundamental que hay que considerar es la disponibilidad de ordenador en el domicilio. En esta crisis pandémica con todos los miembros de la unidad familiar confinados en casa, se evidenció el hecho de que no todos los hogares tenían un ordenador para cada cual, lo que introdujo una limitación considerable para la correcta ejecución de las tareas laborales. Es probable que cada miembro de la familia disponga de un móvil o una tablet, o incluso de ambos dispositivos, pero para teletrabajar es necesario hacerlo desde un ordenador convenientemente equipado. Así pues, en los casos en los que no existan suficientes ordenadores, será necesario establecer turnos para poder compaginar, por ejemplo, las clases virtuales de los alumnos con el teletrabajo de sus progenitores. Esta circunstancia también ha llevado a muchas personas a realizar cursos on-line, aprendizajes a través de webinar (seminarios on-line), videoconferencias de trabajo, videoconferencias con familiares y amigos, cocina guiada por páginas web e incluso deportes dirigidos por videos en la web.

Este cúmulo de actividades en el domicilio, sumado a la organización domestica hace que el establecimiento de horarios de trabajo sea un poco caótico. De tal manera que pasamos el día pegados al ordenador, por una parte para llevar a cabo nuestro trabajo, y por otra, colaborando con los compañeros a las horas en las que cada cual ha encontrado para poder interactuar. De tal manera que hemos perdido los tiempos reglados de trabajo y estamos muchas más horas delante del ordenador pendientes del trabajo. Una forma totalmente diferente de la que acostumbramos a tener cuando el trabajo lo realizamos en la propia empresa, aunque en muchos casos dicha actividad no finalice con la jornada laboral de presencia física, pero lo que es indudable es que tenemos la sensación de ruptura con la jornada laboral para regresar al hogar.

Esto nos obliga a replantear la estructura del teletrabajo animando a todos aquellos que se ven abocados a realizarlo, a procurar establecer un plan horario que tenga un cierto margen de flexibilidad, pero es muy necesario establecer un número de horas máximas diarias de trabajo. Esta recomendación debería de adoptarse, al menos, mientras dure esta situación en la que nos hayamos inmersos y en la que nos hemos visto obligados a adoptar súbitamente esta forma de trabajo para la cual no estábamos preparados.

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¿Cuantos hogares pueden disponer de espacios exclusivos dedicados al teletrabajo, con equipamientos informáticos adecuados y mobiliario ofimático apropiado a las labores que han de realizarse?

En los diversos webinar, foros y bases documentales existentes sobre recomendaciones para realizar el teletrabajo que se están difundiendo durante esta crisis, se plantea la conveniencia de establecer una oficina en el hogar, si bien, desde mi punto de vista, es una situación ideal que siendo deseable resulta difícilmente realizable. Entre estas recomendaciones se recomiendo disponer de mesa y silla de oficina, uso de reposapiés, un espacio de trabajo reservado y aislado con espacio para el material de trabajo, si usas un portátil conectarlo a un teclado y monitor externos, separación del ámbito laboral del familiar (no solo físico), etc. Como se puede ver todas estas recomendaciones, que son muy importantes para un buen entorno de trabajo, resultan irrealizables en muchos domicilios. Por todo ello habrá que ser realista y trabajar lo mejor que se pueda en las condiciones que cada cual tenga en su hogar. Las exigencias de producción no pueden ser, por lo tanto, las mismas que se aplican en las sedes de las empresas.

La legislación laboral del teletrabajo disponible en la actualidad, no termina de esclarecer las circunstancias en las que se debe de desenvolver dicha actividad. Así el Estatuto de los Trabajadores en su artículo 13 establece la definición, la formalización del contrato y ciertos derechos de los trabajadores y su artículo 34 hace referencia a la jornada y la conciliación familiar.

El Acuerdo Marco Europeo de 16 de julio de 2002 sobre Teletrabajo (AMET), define y regula el campo de aplicación del teletrabajo, el carácter voluntario, las condiciones de empleo, la protección de datos, la vida privada, los equipamientos, la salud y la seguridad, la organización del trabajo, la formación, los derechos colectivos, así como la implementación y seguimiento del mismo. Pero estableciendo normas generales, en este punto nos encontramos con problemas, tanto de tipo técnico como de Prevención de Riesgos Laborales. En el campo técnico, el empresario tiene que velar por la protección de datos de su empresa y que el equipamiento informático y de comunicaciones del trabajador ha de cumplir todas las normas y recomendaciones establecidas de cara a la protección de datos, evitando así los ciberataques informáticos a la organización, uso de VPN (redes privadas virtuales), actualización de los equipos informáticos, securización de sistemas y comunicaciones WIFI. En esta cuestión no es lo mismo que el equipo informático lo proporcione el empresario o que quede bajo la responsabilidad del trabajador. Y esta problemática es mayor en el campo de la Prevención de Riesgos Laborales del teletrabajo, cuando este se realiza en el domicilio del empleado pues, legalmente, es el empresario el sujeto que está obligado a garantizar la seguridad y la salud de sus trabajadores, según lo expuesto en el artículo 14 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL). Pero la comprobación del cumplimiento de esta norma, es de difícil ejecución ya que prima el derecho constitucional de inviolabilidad del domicilio, aunque el artículo 29.6 de la LPRL obligue al trabajador a cooperar con el empresario en este campo.

Las circunstancias en las que nos hemos visto envueltos por causa de la pandemia, nos deben de servir para reconsiderar la legislación vigente relativa al teletrabajo. Diversos aspectos, como es la adecuación del entorno de trabajo en el domicilio, las responsabilidades en cuanto a la salvaguarda de la seguridad en el entorno informático y de las comunicaciones y, lo más importante, que los trabajadores sean conscientes de la necesidad de la conciliación de la vida familiar y el trabajo, en el sentido de ser capaces de establecer unos horarios racionales de trabajo, deberán de ser regulados desde una perspectiva realista para esta modalidad de trabajo. Y, si cabe, realizar cursos de formación en teletrabajo para que cada cual sepa administrar su tiempo en el entorno doméstico y realice sus funciones laborales con el mismo enfoque que tendría en las instalaciones de la empresa.

Toda esta actividad surgida recientemente en materia de teletrabajo tiene que enfocarse de manera que se evite un retorno a los tiempos en los que la industria domestica del Siglo XVIII, previa a la revolución industrial, trasladaba los medios de producción a los hogares de los empleados, exigiendo una dedicación que rozaba la esclavitud. Esta experiencia sobrevenida, nos debería de servir como aprendizaje para que se establezcan recomendaciones de organización del teletrabajo y que de esta manera se facilite una mejora de la productividad, pero no a costa de una pérdida de calidad de vida, de manera que el teletrabajo no se convierta en una nueva forma de esclavitud del Siglo XXI.

6 comentarios en “Teletrabajo: ¿una nueva forma de esclavitud para el Siglo XXI?

  1. Felicidades por este post tan clarificador y bien documentado. Creo, sin embargo, que se centra exclusivamente en lo que la propia autora estable como “medios de produccion” en el hogar. Hay que considerar que existe una gran cantidad de personas que tienen una actividad habitual pseudoprofesional en la red que no se vincula a la actividad lboral. Digamos que son colaboraciones desinteresdas con entidades o instituciones altruistas o de caracter corporativo. Esto es una especie de mundo paralelo al teletrabajo “laboral” que tambien requiere de una cierta organizción y que, sobre todo “consume” mucha velocidad en la red. No se si esto es objeto de algun tipo de regulacion o de “autoregulacion” que vele por la seguridad e higiene de los que la practican y que pueden no realizarla en las mejores condiciones, en terminos de medios y mobiliario ofimático.

    Gracias

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  2. Tuti, muy interesantes tus reflexiones sobre el teletrabajo. Me pregunto si los jubilados que teleproducimos (no voy a decir teletrabajo por si se meten con nosotros desde Trabajo, Hacienda o Sindicatos) tendremos que quedar fuera de esas necesarias regulaciones de todo lo que comentas, horas, condiciones/capacidad del ordenador y los periféricos, lugar y espacio adecuado, etc. Quiero decir que si el trabajo voluntario con medios informáticos no tendría que realizarse también con las condiciones mínimas que comentas y con la prevención de riesgos para la salud. Si el teletrabajo se impone, que lo hará cuando las empresas crean, espero que las condiciones que se “pacten” para que sea saludable y compatible con otras actividades personales y con las actividades del resto de la familia, traiga beneficios a todos los trabajos voluntarios desde casa. Saludos.

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    1. Totalmente de acuerdo. Los jubilados que teleproducis, como tú dices, tienen también que buscar un equilibrio de tiempo, espacio y salud laboral o productiva. Esto en todos los ámbitos del hogar y de las actividades hay que buscar los equilibrios, hay que aprender a compaginar trabajo, ocio, obligaciones y familia.

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