JUAN MARÍA MAURY CASTAÑEDA. UN POETA MALAGUEÑO EN LOS LUNETOS DEL AYUNTAMIENTO DE MÁLAGA (II)

María Pepa Lara García

Academia Malagueña de Ciencias

La  producción literaria de Juan María Maury se escribió entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, y por ello es difícil incluirlo claramente en un periodo determinado. Al haber estudiado en el extranjero (Francia e Inglaterra) y haber viajado por otros países como Italia, recibió amplias influencias. Como sabemos, las formas neoclásicas se prolongaron hasta principios del siglo XIX, y por esta razón, la crítica suele incluir las primeras composiciones de Maury en el periodo neoclásico. Sin embargo, no es menos cierto que, desde finales del siglo XVIII, aparecen iniciativas en favor de una mayor libertad en la construcción de estrofas líricas al gusto del poeta.  Maury destacó entre los poetas inclinados a esta nueva iniciativa literaria, influenciado por la literatura inglesa, precursora, junto a la alemana, del Romanticismo.

Su contacto con los exilados españoles, así como su labor en la revista “El Artista”, le hicieron un destacado defensor de este nuevo movimiento romántico. Tenía un gran talento para la versificación, y su influjo personal  entre los escritores españoles que regresaron del exilio -como Espronceda, Alcalá Galiano, el duque de Rivas o Martínez de la Rosa quienes trajeron el Romanticismo a España-, determinaron su fundamental aportación al nuevo movimiento. El prólogo de Alcalá Galiano a la primera edición de “El moro expósito”, del duque de Rivas, que se convirtió en el manifiesto de los románticos españoles, comenzaba con una estrofa de Maury:

                                               “Abre tu libro eterno,  alta maestra;

                                               Naturaleza, sírveme de guía,

                                               Dejándome tus páginas hermosas

                                               Libre leer de intérpretes y glosas.”

I. ESCRITOS EN VERSOS

En el año 1806 imprimió Maury en Madrid “La Agresión británica”. Está escrito en octavas reales, con una marcada influencia neoclásica. Apareció acompañado de una “Relación del combate de las cuatro fragatas, extractadas del diario de navegación de Don Diego de Alvear, Capitán de Navío de la Armada, Mayor General y segundo Jefe de la División”, cuya lectura hace pensar en los tristes destinos reservados a nuestras flotas. Es una obra notable por su atildada versificación, y Cayetano Rosell la incluyó en la colección de “Poemas Épicos”, que compuso para la Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra.

Retrato autografiado de J.Mª. Maury

Encontramos en las poesías sueltas de Maury más inspiración y menos rigidez clásica: “La ramilletera ciega”, composición en cuartetas, es una elegía; y la “Tempestad”,  la “Elegía” que le inspiró la muerte de su padre (1804);  el “Festín de Alejandro”, oda que es traducción de la inglesa de Dryden -en esta obra Maury anticipó  el uso de la sextina romántica, estrofa alirada que combina endecasílabos y heptasílabos, que más tarde sería una variedad de estrofa muy usada en el Romanticismo-. “Dido, canto épico”, traducción del libro IV de la “Eneida”, al que  añadió un proemio y un epílogo, y formó un poema nuevo; “El Génesis pagano”; “La Timidez”, romance de influencia romántica que tiene como estribillo unas décimas en verso hexasílabo. Juan Valera alabó la calidad de este poema diciendo que es: “el más lindo, acaso, de cuantos romances amatorios se han compuesto en nuestro idioma”.

Otra de sus obras poéticas más extensas es “Eloisa y Abelardo. Epístola Heroida”, impresa en Madrid (1810), es una epístola poética traducida del inglés, según la obra de Pope, de carácter clasicista, escrita en octavas reales. Según el P. Andrés Llordén  en su  libro “La Imprenta en Málaga II”,  parece que existe una versión anterior titulada “Abelardo y Eloisa. Cartas de Eloisa a Abelardo. Traducción del inglés, por don Juan Maury y Castañeda”, publicada en Málaga en 1792, cuando su autor tenía dieciséis  años. “Al feliz reintegro de la Casa de Borbón en los tronos de España y Francia”, Madrid (1818), una oda que fue  traducida al italiano y que algunos consideran una poesía de circunstancias.

“Esvero y Almedora”, publicada en París (1840), sin embargo también conocemos una edición publicada en Barcelona en 1840 y en Madrid lugar en el que fue impresa en 1841. Se trata de un poema narrativo en doce cantos, y cada canto va precedido de una introducción sobre su argumento. Al ser un poema épico, la crítica no vio en el libro un poema romántico. Existe un interesante “Análisis del poema de Esvero y Almedora”, realizado por Juan Nicasio Gallego, Secretario perpetuo de la Academia Española, que fue leído el 1 de abril de 1841. Singularmente, Ricardo López Barroso, dice que “aquél acometió la empresa inútilmente en su análisis, modelo de pesadez y desorden”.

Leopoldo Augusto de Cueto -en la Biblioteca de Autores Españoles, Tomo I, “Poetas líricos del siglo XVIII” (1869)-, al comentar este poema, lo define “en medio de una trama enmarañada, defecto grande del poema, hay vuelo y gallardía nada comunes, magistral narración, afectos vivos, perfección métrica; el  abuso de la elipsis, el empeño de dar novedad a los giros, los cortes rítmicos estudiados; en una palabra, los artificios del poeta y del filólogo, dan a la obra cierta extrañeza, visible afectación y alguna oscuridad”. Más adelante nos habla de su estilo “sobrio y poético”.

Según López Barroso en su obra “Páginas escogidas de Autores Malagueños con notas biobibliográficas”, publicado en Málaga (1904), en su análisis del poema “Esvero y Almedora” dice: “Es una extraordinaria producción. En ella, el poeta lleva a tal extremo el prurito de la concisión (nota característica de su estilo) que, en ocasiones, resulta casi ininteligible, y el lector, sorprendido y confuso por la maravillosa riqueza episódica del  asunto, pierde, a veces, el hilo de la acción principal; pero esta misma profusión de lances y aventuras, que, por lo descomunales y complicadas, recuerdan la manera de Ariosto, y aquellas bizarrías de lenguaje y extravagancia de construcción, en versificador tan elegante y numeroso como Maury son buena prueba de su genio indiscutible”. Juan Valera en el libro “Florilegio de poesías castellanas del siglo XIX” (1902/1903), dice: “para contar en prosa el argumento de “Esvero y Almedora”, haría falta una obra mucho más extensa que el poema mismo”.

II. ESCRITOS EN PROSA

Su producción en prosa es muy interesante pero escasa. En sus “Escritos filológicos” se le reconoce el mérito de ser el primero en algunos de los conceptos que emplea. Navarro Tomás en su obra “Métrica española” defiende que fue pionero en el uso del término “encabalgar”, en carta de 1831 a Vicente Salvá.

“Poesías Castellanas”, París (1826)

“Visión apologética, carta a Juan Nicasio Gallego sobre el poema Esvero y Almedora” es otro de los pocos escritos en prosa de Maury, dechado de casticismo, en el que, imaginando una entrevista con el poeta Juan de Mena, se hace una ingeniosa autocrítica del poema “Esvero y Almedora”, y a varios ensayos gramaticales.

En la “Gramática de la lengua castellana” de Vicente Salvá (1844), puede verse un trabajo de Maury, encaminado a demostrar que la cesura no es elemento constitutivo del endecasílabo, y a fijar las leyes del ritmo en esta clase de versos.

La rara perfección que llegó a poseer del idioma francés, le permitió imaginar y llevar a cabo una obra verdaderamente admirable. En los años 1826 y 1827 aparecieron en París los dos tomos de “L’Espagne poétique. Choix de poésies castillanes depuis Charles-quint jusqu’à nos jours… », París (1826-1827), en  dos volúmenes.

Se trata de una antología de la poesía española desde sus orígenes hasta el siglo XIX, con el texto original y traducción francesa del propio Maury, que adaptó en su versión casi los mismos metros que los de las composiciones originales, la mayoría desconocidos en la poesía francesa. Las traducciones van acompañadas de notas críticas sobre los poetas españoles y sus respectivas obras, además de disertaciones analíticas y artículos biográficos, históricos y literarios. La antología abarca desde Garcilaso hasta Meléndez e incluye romances y un gran número de composiciones anónimas. Las láminas que contienen son retratos en litografía. La obra alcanzó un gran éxito, y consiguió ser una antología de referencia para el conocimiento de la poesía española en Francia. En el Palau, Maury aparece con los siguientes apellidos: Maury Pleville (Juan María), suponemos que éste sería su nombre en Francia.

En la “Revista Española” del 24 de abril de 1834, apareció un escrito laudatorio de Mariano José de Larra: “Esta colección de traducciones, precedidas de un ensayo épico-didáctico sobre la historia de nuestra poesía, y anotadas con exquisita erudición, nos presenta a Maury, tan fino conocedor de la lengua francesa, como de la castellana”. “Fígaro” elogia, sin reservas, la labor del poeta malagueño. Las imperfecciones y lagunas que en la obra pueden señalarse, tales como la elección, no muy acertada, de la forma poética para el bosquejo histórico de nuestra poesía, la excesiva libertad con que traduce ciertos pasajes, y la elección caprichosa de algunas poesías contemporáneas, no escaparon a la sagacidad de Larra, pero éste se maravilla, ante la flexibilidad y gallardía con que aparecían en francés: Garcilaso y Santa Teresa, Cervantes, Góngora, Lope de Vega, Quevedo, Meléndez, Moratín, Quintana, etc.,  y tiene para Maury, frases de entusiasmo y gratitud.

III. TRASCENDENCIA POSTERIOR DE LA OBRA DE MAURY

El  “Manuel du Libraire  et  de L’amateur de Livres” escrito por Jacques-Charles Brunet (1844), en el apartado de Cancioneros, Romanceros, aparece Maury con su obra “Espagne poètique”.

En la Biblioteca de Autores Españoles, en el tomo LXVII (1875), vemos una breve biografía de Eugenio de Ochoa. Posteriormente hay una adición firmada por las siglas L. A. de C., quien se denomina asimismo colector de sus poesías -coetáneo de Maury, puesto que dice haberlo visitado en París en 1836-,  quién hace unos interesantes comentarios a las siguientes obras que aparecen publicadas: el poema épico “La Agresión británica”; “Visión apologética, carta a Juan  Nicasio Gallego sobre el poema Esvero y Almedora”; “Elegía”; “El festín de Alejandro”; “La ramilletera ciega”; el romance “La Timidez y  Dido”.

“Apuntes para una biblioteca de escritores españoles contemporáneos en prosa y verso”, es una obra de Eugenio de Ochoa publicada en París en dos volúmenes. Aunque la obra no está fechada,  el  Palau  asigna la fecha de 1840, añadiendo que  fue reimpresa en 1877. Ochoa publicó,  entre otros, el “Discurso”  que Maury pronunció en la Real Academia española el día de su recepción, el cual trataba de prosodia castellana principalmente.

Menéndez Pelayo en su libro “Historia de la Poesía Hispano-Americana”, Tomo I, publicado en Madrid (1911), al referirse a Maury, y concretamente a su poema “La Agresión británica”, nos dice:  “Desde que casi en nuestra infancia leímos algunos versos de este poema, en una de las notas que puso Maury a su espléndido  canto de La  Agresión británica, entramos en gran curiosidad de adquirir y leer la “Rusticatio mexicana” del P. Rafael Landívar”, por ello siempre se lo agradeció a Maury. Más adelante, en la misma obra, afirma que ciertas octavas de esta obra de Maury, publicada en 1806, contienen ya como el programa de “La Agricultura en la zona tórrida”,  y pudieron y debieron influir en Andrés Bello, quien tanto admiraba la pericia técnica del poeta malagueño, y lo tenía por uno de los mejores artistas métricos de nuestra lengua. Y Menéndez sigue afirmando que Bello al imitar a Maury no lo mejora.

En otra obra de Menéndez  Pelayo, “Los Traductores españoles de la Eneida”, alaba  el canto épico de Maury “Dido”, traducción del libro IV de la “Eneida”, y lo valora muy positivamente: “la traducción del libro cuarto es preciosa”. Refiriéndose al estilo empleado dice: “a fuerza de ser elíptico y ceñido, llega a un grado de concisión y energía (a veces abrupta y escabrosa) que no consigue ningún otro poeta ni traductor castellano”.

Cuantos críticos han estudiado sus  obras, le reconocen una extensa cultura, imaginación exuberante, y sobre todo un gran dominio de la lengua castellana. No deja de ser notable, que un autor malagueño fuera calificado, al mismo tiempo, como escritor francés en verso y prosa;  y como poeta castellano, con la maestría que denota su producción literaria. Ha sido comparado con Martínez de la Rosa, considerándosele más docto que éste. La profundidad de sus estudios filológicos, y el incansable afán con que procuraba ser castizo, le hacían, a veces, enrevesado; pero todas sus obras son modelo de dicción pura y elegante; superando todas las dificultades métricas con notable maestría.

Sólo nos queda un deseo: esperar que con el presente estudio sobre la vida y la obra de Maury, éste personaje resurja del olvido, volviendo a ser valorado por nuestros contemporáneos y, sobre todo, por los malagueños, como ya lo fuera en el siglo  XIX y hasta mediados  del XX.

*Tal y como reza en el título, el retrato de J.Mª Maury figura en uno de los lunetos del Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga honrando así la figura de un malagueño ilustre.

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