JUAN MARÍA MAURY CASTAÑEDA: UN POETA MALAGUEÑO EN LOS LUNETOS DEL AYUNTAMIENTO DE MÁLAGA (I)

María Pepa Lara García

Academia Malagueña de Ciencias

Según estudios realizados por Begoña Villar sobre la clase mercantil malagueña entre 1750 y 1830 -publicados en el nº 4 de la revista “Baética”-, a finales del siglo XVIII y principios del XIX se redactaron en Málaga varios censos de comerciantes; así aparecen reflejados en el Catastro de Ensenada (1754), y en la matrícula de comerciantes que se formó entre 1829 y 1836. En dicho Catastro figuran relacionadas 32 casas de comercio extranjeras; diez años después el número había aumentado a 54.

En 1764 los extranjeros se vieron obligados a declarar quiénes estaban relacionados con los negocios marítimos y quiénes eran mercaderes de vara. En la relación que confeccionaron, en el primer grupo se mencionan 25 extranjeros; y los mercaderes de vara eran 29: 27 franceses, un irlandés y un italiano. En este último apartado figuraban, entre otros, José Manescau, Pedro Navarrot y Maury.  El inventario de casas comerciales venía a confirmar que los negocios habían sido prósperos para la mayoría de los extranjeros establecidos en Málaga, sobre todo los franceses, quienes desde los puestos de segunda categoría en la escala social del comercio, habían pasado a ocupar puestos preeminentes.

Padrón de Habitantes, 1800, donde aparece inscrita la familia Maury

Del año 1791 conocemos una nueva relación de casas de comercios extranjeras establecidas en Málaga. Eran un total de 42, de las cuales 27 estaban formadas por socios extranjeros en su totalidad, y 15 eran mixtas. En esta última lista estaba incluida “Juan Bautista Maury Hermanos y Cía.”

En la matrícula de 1829 el número de comerciantes extranjeros había bajado en relación a los mencionados en el Catastro. Entre éstos, la colonia más abundante era la francesa que contaba con 15 personas inscritas. En la fabricación del jabón los extranjeros eran más numerosos; los malagueños acaparaban la crianza de vinos y licores (aunque veremos más adelante, cómo la casa Maury tenía desde 1800 el arrendamiento de la cuota del aguardiente y licores), la tonelería y los curtidos. Las calles escogidas para residencia de estos comerciantes eran: la Alameda y calle Nueva, Alameda de los Tristes, calle del Peligro, Martínez, Alhóndiga, Atarazanas, etc.

Juan Bautista Maury

En el tomo 15 del Catastro de Ensenada, en uno de los volúmenes de Industrial  Producible, vemos: “Pedro Mauri, mercader de lana, industrial. Se le regula anuales 5.200 reales que constan de dichas rentas”. ¿Padre de Juan Bautista Maury? Éste, de origen francés, afincado en Málaga, del comercio de esta ciudad, casó con María Benítez de Castañeda, señora granadina, de cuya unión nacieron dos hijos: Juan María, de quien nos ocuparemos en este trabajo, y José María; quien debió residir siempre en Málaga. Fue un hombre de profundas convicciones liberales, lo que le llevó a formar parte de la Junta Constitucional en 1820, además, como describiremos más adelante, seguiría al frente de la casa “Juan Bautista Maury Hermanos y Cia” hasta 1818, es decir, años después de que Juan María emigrara a Francia.

Francisco Bejarano Robles, en su libro Historia del Consulado y de la Junta de Comercio de Málaga, afirma que al constituirse el Consulado de Málaga, Juan Maury figuraba como representante de los comerciantes al por mayor. Sigue relatando cómo  en 1795  el consiliario Juan Bautista Maury presentó un proyecto sobre fomento de fábricas de jabón, que mereció los honores de ser remitido y recomendado a la Junta de Comercio y Moneda. En la misma obra añade que, en lo relativo a la venta al por mayor de tejidos en Málaga, desempeñó durante muchos años este cometido la casa Maury, aunque no satisfizo siempre el importe de las piezas vendidas.  

En el Archivo Municipal existe una carta enviada al corregidor de esta ciudad, firmada por Diego de Gardoqui, y los Sres. Prior y cónsules del Consulado de Málaga, mediante la cual transmitían la orden de S. M., plasmada en la Novísima Recopilación  y Reales Cédulas posteriores, en la que se imponía a los comerciantes extranjeros domiciliados la obligación de llevar sus libros de cuentas, de cualquier clase que fueran,  en lengua castellana. Por ello, había resuelto S. M. que se encargase a todos los Consulados que se vigilara en sus respectivos distritos la puntual y rigurosa observancia; el impreso estaba fechado en Madrid el 21 de enero de 1792.

Otro documento existente en el legajo nº 170 de la sección de Propios del Archivo Municipal, fechado el 30 de abril de 1798, describe la visita de inspección  que realizaron dos regidores del Cabildo municipal, sobre fieles, diputados del común, jueces que componían el juzgado de la Gobernación y Diputación, síndico personero, fiel contraste o almotacén de pesos y medidas; junto con el representante del gremio de peluqueros, alguacil y el escribano del rey, quien daría fe con su presencia de aquella visita. Ambos regidores se presentaron en la calle Banda del Mar, en el  barrio del Perchel, cerca del convento del Carmen, donde estaba situada la fábrica de pomada de olor propiedad de Juan Bautista Maury. En la planta baja de la expresada casa, había varios estantes ocupados con botes grandes y pequeños de pomadas; y abriéndolos, vieron que no estaban rancios ni corrompidos.

Esta representación de la Ciudad fue atendida por dos extranjeros, quienes, al  interrogatorio, contestaron con los diversos precios a que vendían los tarros de pomadas, y cuando se les pidió que enseñasen el “privilegio” que tenían para el establecimiento de dicha fábrica, éstos les contestaron que lo tenía el propietario Juan Bautista Maury. Se les emplazó para que al día  siguiente le entregase a dicha inspección tal “privilegio” y, mientras tanto, omitiesen vender la pomada en botes pequeños.

En un Padrón de vecinos por Parroquias del año 1800, incluido en el legajo nº 238 de la sección de Propios del Archivo municipal, se puede leer que en el número 39 de la  Alameda, aparecen empadronados: “Don Juan Maury, de 55 años, comerciante, casado con doña María Castañeda; don Nicolás Muñoz, de cuarenta años, compañero. Hijos: don José de 26 años, capitán de granaderos de Estado; don Juan de 24 años, compañero con su padre. Don Francisco Bautista Maury, de 34 años, compañero, casado con María Salvá hace dos años,  sin hijos varones…”; Narciso Díaz de Escovar añade que éste murió el 7 de septiembre de 1801, y fue enterrado en las bóvedas del Sagrario.

Entendemos que su hijo Juan, formaba parte de la Compañía, y que Francisco Bautista Maury podía ser  hermano o sobrino del que figuraba como empresario principal, Juan Bautista Maury. El padre de nuestro biografiado, Juan Bautista Maury, parece ser que falleció, con motivo de una epidemia que hubo en Málaga, en 1803. Su hijo Juan María se hallaba en el extranjero cuando recibió la noticia de su enfermedad, y viniendo a asistirle, en el camino tuvo la de su muerte. Por ello, quizás,  escribió la  sentida Elegía a la muerte de su padre, publicada en 1804:

                                   “…¡Oh distancia fatal, oh tardo pliego!

                                      ¿Qué vale que el aviso

                                     me lleve de su mal, y parta luego,

                                     si entonces ¡ay¡ ya a mi ídolo cubría

                                    avara tierra fría?…”            

En el Archivo Histórico Provincial, en la sección de Protocolos (Málaga), existe un inventario -en el legajo nº 3.815, cuadernillo suelto-, de las propiedades de Juan Bautista Maury, difunto; aprecios de relojes, coches, ropas y cristalerías. Dichos aprecios, fueron realizados, los días 21, 25 y 27 de octubre de 1806,  a instancias de los albaceas y herederos de Juan Bautista Maury, y éstos estaban firmados por: Josef Kerschner, Juan María Maury, Henrique Disdier, José María Maury y Diego Mª López.

Los dos hijos del fallecido, debieron continuar con los negocios del padre, y así, en abril de 1809, según la mencionada obra de Bejarano, el comisionado por el Gobierno para la defensa de Málaga, Antonio Ignacio de Cortabarría, pidió al  Consulado que reuniese a los comerciantes para que hicieran un donativo para cubrir un empréstito. La casa Maury prometió hacer un desembolso importante mientras durase la guerra. Ocupada la ciudad por los franceses, el general Sebastiani dio cinco días de término al Consulado para que aportase un millón y medio de reales. Éste probó que ya habían contribuido con 3.320.165 reales; y el general francés propuso, entonces, que se le facilitase 300.000 reales en calidad de empréstito. Las casas Maury, Grevignee y Murphi, dijeron al resto del Comercio que, si la clase aprontaba 600.000 reales, ellas facilitarían el resto de la cantidad solicitada.

Años después, cuando Juan María Maury ya se había exiliado en 1813 a Francia, suponemos que su hermano y otros socios continuaron con la Sociedad comercial. Existen varios documentos insertados en el legajo nº 149 de la sección de Propios del Archivo municipal, de los años 1814, 1815 y 1816; unos autos y diligencias,  a fin de que  la casa de Comercio Maury, -a quien la ciudad había arrendado, por escritura otorgada el 12 de marzo de 1800,  la cuota  y estanco del aguardiente y licores, en principio por cuatro años, que luego se fueron prorrogando-, devolviera los alambiques a los fabricantes del mismo, ya que los había retirado para sostener el estanco. Los otros documentos hacen referencias a los pagos realizados por dicha casa en años posteriores, ya que se le volvió a adjudicar este arrendamiento hasta el año 1818; año en que fue registrado en la Contaduría de Propios y arbitrios, el pago realizado por esta casa de Comercio desde 1814 hasta el 1818.

Juan María Maury Castañeda

Nació en Málaga en 1772. (Sin embargo, según el padrón de vecinos que hemos consultado, en 1800 tenía 24 años, luego nació en 1776). La riqueza de sus padres le proporcionó una esmeradísima educación, y le permitió completarla con frecuentes viajes a Francia, donde estudió, así como a  Inglaterra e Italia, en los que adquirió el espíritu cosmopolita y la afición al conocimiento de todas las novedades literarias de su tiempo. Hablaba siete idiomas. Siendo muy joven se trasladó a Madrid donde  imprimió en 1806 su primera obra: un canto épico titulado “La agresión británica”, poema narrativo con clara influencia neoclásica, escrito en octavas reales. En 1810  publicó “Eloisa y Abelardo. Epístola Heroida”, en la que trata la relación amorosa entre estos dos personajes.

Lunetos del Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga

Sus ideas librepensadoras y sus anhelos liberales le decidieron a abrazar la causa francesa, y figuró como diputado en las Cortes de Bayona. En 1810, Juan María Maury estaba en Málaga; así el 4 de marzo cuando José Bonaparte visitó la ciudad se alojó en su casa, que estaba situada en el nº 39 de la Alameda Principal, donde también se hospedaba Sebastiani.

Una crónica de Narciso Díaz de Escovar  narrada en su artículo Visitas regias a Málaga, decía sobre la visita de José I: “En la Alameda se bajó el rey del caballo y salió el señor Maury, que lo esperaba en la puerta de su casa. Como delante de esta casa se labraron después otras, la que hospedó al rey forma parte hoy de la calle de Trinidad Grund, y es la que ocupan la Recaudación de Contribuciones y los Exploradores. Todavía hay vestigios en una de las paredes de los emblemas napoleónicos”. Años después, la casa fue propiedad de Trinidad Grund.

Residencia de la familia Maury

En esta casa  celebró el rey José I sus recepciones  a las que acudieron los franceses residentes en ella, y los malagueños afrancesados; y desde dónde redactó aquellas órdenes que aparecen fechadas en nuestra ciudad. El día 7 de marzo de 1810 firmó el Real Decreto creando la Milicia cívica de Málaga,  compuesta por dos batallones en seis compañías cada uno. Se nombró coronel al señor Maury, mayor a Fernando de Rodas;  comandantes a Juan Monsalve y José Lachambre. Entre los capitanes figuraban los condes de Guadiana y La Quintería.

En el año 1813 cuando los franceses fueron expulsados de España, Maury tuvo que exiliarse, y se estableció definitivamente en Francia. Sabemos que tuvo una hija llamada Josefa Maury Fabás, puesto que ésta le entregó, entre otros poemas, el original autógrafo del poema “Dido” a L. A. de C., colector de las poesías de Maury para su publicación  en la Biblioteca de Autores Españoles en 1875.

De muy distinto carácter moral que Blanco White, a pesar de tener con él la semejanza de su perpetua emigración, lejos de odiar España como Blanco, su alegría en París era tratar con españoles, vivir entre españoles, y, cuando podía, hacer una escapada a España. En su casa de París se reunían los más célebres emigrados liberales españoles: Martínez de la Rosa, el duque de Rivas, Moratín, Alcalá Galiano, Salvá, el guitarrista Sors, Javier de Burgos, traductor de Horacio y poeta original, el polígrafo José Joaquín de Mora, Espronceda, etc.

Interior de la residencia de Juan Mª Maury

Colaboró en la revista literaria “El Artista”, fundada por Eugenio de Ochoa, que se publicó entre enero de 1835 y abril de  1936 y que contribuyó a difundir las teorías románticas en España. En ella colaboraron unos setenta escritores, los más importantes autores del Romanticismo español.

Con el paso del tiempo, la situación de Maury cambió. Algunos reveses de la fortuna le pusieron en la necesidad de acudir a sus amigos en demanda de protección.  A principios de 1845 estuvo en Madrid por última vez, para intentar publicar sus obras completas. Martínez de la Rosa, por entonces ministro de Estado, le nombró cónsul en Rouen, y cuando se disponía a ocupar su puesto, le sorprendió la muerte en París el 2 de octubre de 1845. Llegó a ser correspondiente de la Real Academia Española en París, y su nombre figuraba en el Catálogo de Autoridades de la Lengua publicado por esta institución. Fue caballero de la Orden de Carlos III.

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