ALGUNOS DATOS Y APUNTES SOBRE LA INTENSIDAD Y FRECUENCIA DE LAS ÚLTIMAS OLAS DE CALOR

Francisco Sánchez Gallardo

Academia Malagueña de Ciencias

Desde mediados del siglo XX la frecuencia de las olas de calor parece ir en aumento en gran parte de Europa, así como la intensidad de las mismas, siendo significativas sobre todo las que se han producido en los últimos veinte años. Merece mención especial la que tuvo lugar entre el 24 y 30 de junio de 2019 por su prematuro inicio y los records de temperatura que se produjeron para este mes. Durante esos días destaca en España los 43ºC en el aeropuerto de Zaragoza, Costa Brava y el interior de Cataluña. En Polonia y Hungría fue el mes más caluroso de su historia, así como en Austria sobre todo en su parte más occidental. En Suiza, de 85 observatorios homogeneizados 43 midieron nuevos records de calor, y en la República Checa también se alcanzó una máxima absoluta de 38,9ºC en Doksany. En Francia el 27 de junio, fue el día más caluroso desde 1900 (8,6ºC por encima de los normal), con un registro de 46ºC al día siguiente en Vérargues (Hèrault), valor térmico jamás medido en este país.

Días después, el 25 de julio de 2019, en Lingen (ciudad de la Baja Sajonia) se registró otro valor máximo de temperatura en Alemania con 42,6ºC; y 41,8ºC en la ciudad belga de Begjjnendijk. Coincidiendo con esta fecha, en el jardín botánico de la universidad de Cambridge el termómetro alcanzó también un nuevo record en el Reino Unido marcando 38,7ºC.

Figura 1. Fenómeno denominado “bloqueo”

Al año siguiente 2020, e igualmente en fechas muy tempranas, desde el día 12 al 20 de junio, se produjo en las proximidades del Círculo Polar Ártico una ola de calor inédita, como consecuencia de un fenómeno llamado “bloqueo”; fenómeno meteorológico en el que una zona situada en este caso a una latitud de 67º 33´N estuvo sometida a altas presiones durante todos esos días, bloqueando el aire frío polar (Figura 1), y dando como resultado una temperatura de 38ºC en Verkhoyansk, conocida como una de las regiones más frías del mundo según el National Weather Service de los Estados Unidos. Conviene advertir que esta temperatura jamás alcanzada en esas latitudes fue confirmada por el Servicio Federal Ruso (Roshydromet), cuya actividad se remonta a 1885, y que la Organización Meteorológica Mundial  aceptó provisionalmente como observación coherente con las observaciones realizadas en Siberia en esos días.

Todo esto pone de manifiesto tres aspectos a destacar en las últimas olas de calor:

a) su intensidad con valores termométricos históricos

b) su temprana aparición en los primeros días de verano

c) su distribución espacial afectando a zonas muy septentrionales de Europa (Figura 2).

Figura 2. Distribución espacial de las olas de calor

En España, el aumento de olas de calor desde el año 2.000 ha sido diez veces superior a las de los últimos veinte años del siglo pasado. Igualmente, en Francia la ocurrencia de este tipo de fenómenos, que fue en promedio cada cinco años antes de 1989, se ha convertido en anual desde el año 2000, y de un promedio de 1,7 días de olas de calor por año antes de 1989, se ha pasado a una frecuencia de 7,95 días por año desde 2000 a 2010, y a 9,4 días por año durante la última década.

Con estos datos y las zonas señaladas, no parece que el concepto de ola calor sea un concepto definido de manera uniforme. Efectivamente; no existe un criterio general para definir estos fenómenos, ya que la duración de los mismos y los valores de temperatura que se puedan alcanzar varían según las regiones del mundo, los niveles atmosféricos a tener en cuenta y los campos de análisis a considerar, ya sea desde un punto de vista estrictamente climatológico, o de la actividad investigadora dentro del marco del sistema climático, o como parte del sistema de vigilancia meteorológica. Ahora bien, fijar unos umbrales de temperatura en los niveles bajos de la troposfera, por ejemplo a 850 hPa (equivalente a una altura aproximada de 1.500 m) con el fin de evitar el efecto de la radiación terrestre, es un criterio bastante apropiado y generalmente aceptado a la hora de considerar de forma más precisa una ola de calor; umbrales que en algunos países son reevaluados casi anualmente por los servicios meteorológicos nacionales en colaboración con institutos u organismos competentes en salud pública.

Como un apunte más, se ha observado que en ocasiones la corriente en chorro sobre el Atlántico oriental se sumerge hacia el sur y luego vuelve más al norte, con la consiguiente desaceleración del flujo del oeste, como ocurrió a finales de abril de 2019 antes de la primera ola citada al principio y coincidiendo con el índice, notablemente negativo, de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) en los tres meses siguientes, arrastrando con ello durante algunos días aire muy caliente desde el norte de África a través de España y Francia dirigiéndose hacia el Reino Unido y países nórdicos. Añadir también como mera suposición, que esto pudiera corresponderse con la modulación en los patrones de propagación de calor en gran parte del continente europeo.

Dicho todo esto con la máxima cautela, pues como bien se sabe, la atmósfera es un sistema altamente dinámico y muy complejo, donde multitud de variables entran en juego a la hora de estudiar y evaluar este tipo de fenómenos que corresponde a climatólogos especialistas y centros de investigación.

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