¿SE VISLUMBRA UN “CLIMA NUEVO” EN EL SUR DE ESPAÑA A TENOR DE LAS EVIDENCIAS DE LOS INDICADORES DE CAMBIO CLIMÁTICO?

José Damián Ruíz Sinoga
Académico de Número de la Academia Malagueña de Ciencias

Una reciente charla organizada por la Academia Malagueña de Ciencias, referida a la posible incidencia del Cambio Climático en los espacios naturales del sur de España me ha llevado a plantear mi bautizo en el presente blog a modo de reflexión. Por otra parte, creo que un blog no debe ir más allá, puesto que para imbricaciones científicas tenemos otros medios, sí, los famosos y tan cacareados “papers”, y para divagaciones, suficientes barras de bar en nuestra querida ciudad, como para pretender cansar en negro sobre blanco.

Hemos asumido el Cambio Global (CG) como aquellas transformaciones, propiciadas por las actividades humanas, de gran escala, con repercusiones significativas sobre el funcionamiento del sistema planetario, afectando los componentes biofísicos (agua, aire, suelos, biodiversidad), alterando el comportamiento de las comunidades y ecosistemas y/o generando efectos en los sistemas socioeconómicos. Ahí es nada, hemos asumido por tanto que estamos en una dinámica de cambio dentro del Geosistema y de todas las manifestaciones que inciden en el mismo.

También, que uno de los componentes más relevantes del CG corresponde al cambio climático (CC), siendo su principal manifestación el calentamiento global (aumento de la temperatura media de la Atmósfera de 0,85ºC entre los años 1880 y 2012), inequívoco, y, con un nivel de confianza muy elevado (>95%), de origen antrópico (IPCC, 2014). Podríamos pensar incluso que tras esta serie de afirmaciones, se oculta todo un rosario de intereses perversos, técnicos, científicos y políticos, cuyo único objetivo residiría en lucrarse a beneficio de la divulgación del mal ajeno, la profecía de la calamidad. Y este razonamiento, tendría incluso cierta dosis de credibilidad, de no ser porque los datos nuestros, los medidos, contados y pesados en nuestro ámbito, se están empeñando en contradecir.

De los muchos indicadores existentes, solo me referiré a los relacionados directamente con el clima, y sus repercusiones directas ecosistémicas. En el mediterráneo sur de España, existe un gradiente pluviométrico muy bien definido, que oscila entre los 168 mm/año de precipitación media en Cabo de Gata, a los 1480 de la zona occidental próxima a Gibraltar. Es decir, en apenas 300 km, el ecosistema gestiona 10 veces más cantidad de agua, lo que supone un empobrecimiento de los servicios ecosistémicos, derivado de una degradación de las relaciones suelo-agua-planta, y manifestada en toda una serie de propiedades indicadoras, desde la pérdida de biodiversidad, de la biomasa, la reducción de la materia orgánica del suelo, del secuestro de carbono por parte del mismo, de la capacidad de infiltración, etc., siendo, naturalmente las zonas más áridas, aquellas más degradadas, y las más húmedas, las que poseen unas condiciones ecosistémicas más estables.

Sobre este escenario longitudinal, en los últimos años y desde el punto de vista climático -de la misma forma por la que existe un consenso relativo a la temperatura que se ha ido manifestando en un incremento de las olas de calor, y especialmente de las denominadas “noches tórridas”, con relativas repercusiones en el ecosistema-, en cuanto al volumen de las precipitaciones, no existe una tendencia general definida. Frente a la generalización de la paulatina elevación de la temperatura media, resultado de otros incrementos en mayor medida de las máximas y las mínimas, coincidiendo a veces en la misma fecha, no parece tan clara la existencia de una tendencia generalizada en lo relativo al volumen de las precipitaciones. Es más, parece haber una especie de umbral situado en torno a los 550 mm/año, por encima del que la tendencia es positiva, y por debajo, negativa, es decir hacia una mayor aridez.IMG-20160514-WA0003

Sucede que Málaga capital posee una precipitación media de 550 mm. Lo que no deja de dotarle de cierto interés al tema, puesto que en efecto, se ubica en esa condición de umbral. Sin embargo, donde los datos si nos muestran una tendencia definida, es en relación a la intensidad pluviométrica, pudiendo afirmar que cada día de lluvia llueve algo más, pero mucho más intensamente, ya sea intensidad horaria o diezminutal, de tal modo que todos los indicadores de intensidad se han incrementado, esto es, una mayor energía cinética disponible por los distintos geosistemas.

Así pues, a lo largo del gradiente pluviométrico definido en el sur de España, desde mediterráneo húmedo en el sector occidental al árido en el oriental, a la reducción de la disponibilidad hídrica media anual, le corresponde otra en la misma línea en cuanto a índice de cobertura vegetal o Fracción de Cabida Cubierta, yendo de 0,91 en el sector occidental -0,65 en condiciones umbral, es decir, entorno de Málaga-, a 0,32 en sector oriental, lo que unido al incremento de la Energía Cinética de impacto de las gotas de lluvia, derivado de la mayor torrencialidad, nos conduce incuestionablemente a una elevación de la vulnerabilidad respecto al riesgo de erosión. Esto define varios escenarios a lo largo del sur de España.

Los observatorios de AEMET, por un lado, y por otro los de la antigua Confederación Hidrográfica del Sur de España -actualmente englobados en Red SAIH-, constituyen una fuente documental de excepcional valor. Pues bien, del análisis de las series temporales de datos pluviométricos, se desprende que durante el último medio siglo, en la zona occidental, el volumen de lluvia ha tendido a incrementarse, mientras el número de días de lluvia se reduce, siendo más elevada la precipitación máxima en 1 hora. En el centro, la precipitación se reduce, así como el número de días de lluvia, mientras que se incrementa la precipitación máxima horaria. En la zona oriental, llueve más en menos días, y con mayor intensidad horaria. En definitiva, en occidente llueve más en todas las escalas temporales (0,91 FCC), mientras que en el centro llueve menos cantidad (0,65 FCC), pero la precipitación diaria, horaria y cincominutal se incrementa, disparándose tanto los riesgos como los peligros geoambientales. Por último, en la zona oriental llueve algo más (0,32 FCC), pero en menos días y con mayor intensidad horaria y diezminutal.
Es decir, si la foto fija nos mostraba un paulatino empobrecimiento ecosistémico hacia Almería, en el último medio siglo, toda el área se ha visto sometida a una dinámica desigual.

Bajo estas premisas, y de continuar la tendencia actual, cabe preguntarse ¿que sucederá en un futuro próximo? El CC está poniendo de manifiesto lo vulnerable de estos espacios, pudiendo tener elementos de juicio suficientes como para afirmar la existencia de un doble ciclo de retroalimentación. Uno positivo, controlado por los factores bióticos, en el que un incremento de la pluviometría, dispara los procesos biostásicos. Uno negativo, controlado por los factores abióticos, en el que el incremento de la energía pluviométrica, está desmantelando los suelos, empobreciendo el secuestro de carbono orgánico, y acelerando los procesos rexistásicos.

En definitiva, un “clima nuevo” con una dualidad en cuanto a indicadores pluviométricos que pondrán de manifiesto la importancia de las estrategias de gestión de los recursos hídricos, dependientes, entre otras circunstancias, de la sucesión aleatoria de eventos extremos.

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