¿LA TECNOLOGÍA POR LA TECNOLOGÍA?

150 Aniversario SMC/AMC

El hombre fue faber antes que sapiens. A reflexionar qué cosa es la ciencia y que cosa es la técnica se han dedicado las mejores mentes de la filosofía de siempre, siendo, tal vez, Ortega quien mejor y con más claridad se ha acercado a esta reflexión (Meditación de la técnica, Ortega y Gasset, Revista de Occidente (5ª ed. 1964). En la Academia Malagueña de Ciencias conviven sensibilidades muy diferentes ante el reto que representa para el hombre moderno la omnipresente tecnología. Dado el interés del tema, hemos convocado a los académicos integrados en la sección de ciencias sociales y humanidades y a los de la sección de ciencias tecnológicas, a que en el breve espacio que nos proporciona este blog divulgativo y dentro de un marco general (“Humanidades y la Tecnología. Un camino de ida y vuelta”) nos dejen su opinión desde sus respectivas experiencias profesionales e intelectuales.

Elvira Roca Barea

Academia Malagueña de Ciencias

No es fácil averiguar el origen de la expresión latina “Ars gratia artis”, que todos conocemos por culpa de la Metro Goldwyn Mayer. Para algunos hay que remontarse hasta Kant y otros ponen la cuna en el Romanticismo y Gautier. En cualquier caso está en latín pero no es latín, es decir, no responde en absoluto a las ideas  de los clásicos acerca de lo que el arte es. Ni siquiera responde a lo que la palabra “ars” significa en latín y que está muy cerca de lo que en griego se dice “téchne”. Lo que nosotros llamamos hoy “arte” era para los griegos una vertiente de “téchne” y esta, una imitación de la naturaleza, entendida como  “physis”, no de la manera en que ahora la conceptualizamos (caso de que la conceptualicemos de algún modo), que viene a ser algo así como lo que se ve en los documentales de la Dos.

Esto de la cosificación de la Naturaleza y su conversión en tema cinematográfico o escenario fotografiable o topos ideológico es también un síntoma interesante de lo que aquí venimos a comentar: la tecnología y la superfetación del hormiguero. Leviatán crece a expensas de “physis”.

El mundo natural es posiblemente el antagonista del humano per se. Desde que se pone a dos patas e inventa la agricultura, ese bicho que gusta de llamarse sapiens está haciendo dos cosas incesantemente. Una es alejarse de la naturaleza tanto como se pueda, y otra es aumentar el tamaño de la colmena. Es posible que ambos procesos sean lo mismo, es decir, que la capacidad el hombre para enfrentarse a la naturaleza, para sobrevivir a sus tempestades o sus sequías, para no dejarse vencer por ella, para alejarse de su peligrosa cercanía, dependa de su empeñoy su arte para fortificarse en hormigueros cada vez más grandes. Esto lo sabemos sin lugar a dudas desde la sedentarización. Por eso Aristóteles llama al hombre “zoon politikón”, el animal de la polis. Y aquí polis es ya lo opuesto aphysis”, como bien vio Antonio Escohotado en De physis a polis, que es posiblemente su mejor libro, aunque sea hoy difícil de encontrar y su autor no sienta mayor aprecio por él.

Con esto nace otro gigantesco eje dialéctico: el hombre y su libertad, la individualidad frente a la tribu, frente al clan, frente a la ciudad. Es la tragedia que en cierto modo plasma Sófocles en Antígona, que muere porque no reconoce más ley que la ley de la sangre frente a la ley de la ciudad. En realidad, es la tragedia de todas las tragedias. El hombre no puede vivir ni desarrollarse sin la polis. Pobre Robinson Crusoe. Para que nos diéramos cuenta de esto en toda su estremecedora plenitud, decidió Sócrates morir. Y hubiera sido fácil para él evitar la muerte. Solo tenía que abandonar la ciudad, pero no lo hizo. Aunque hubiera podido.

Es la ventaja de vivir en un mundo donde hay fronteras. Hoy ya no existen gracias a la técnica en su advocación digital que ha hecho prácticamente imposible dar un paso sin que lo sepa todo el mundo. Este crecimiento exponencial de Leviatán a través de móviles y redes hace que el hormiguero esté perfectamente interconectado sin que haya fisuras ni de horas ni de minutos, ni de metros ni de pulgadas. Quizás el ser humano, como animal de la polis, ha alcanzado una de sus cimas.

La naturaleza no tolera agrupaciones tan grandes de cordados superiores si son sedentarios, esto es, territoriales. Solos los grandes rumiantes juntan grupos de millones de individuos, pero en movimiento. Únicamente los insectos se reúnen por millones en un lugar concreto. Y nosotros.

Como no nos gusta ver nuestra semejanza con las abejas o las hormigas o las termitas, rendimos culto a la tecnología, pura creación humana y no animal. Pero quizás la tecnología sea no solo la pasión turca del homo faber sino también y, sobre todo, una enzima hiperconectiva que exuda el hormiguero humano. Cantamos las alabanzas del 5G como si no hubiera ocurrido otra cosa más importante en la historia de la humanidad. Cuando veo adolescentes devorando pantallas me pregunto si esta estampa no será semejante a la de nuestros antepasados cuando miraban fascinados el fuego, el fuego que los reunía. Solo hay que encender una hoguera para ver el poder de convocatoria que tiene el fuego. La diferencia es que la capacidad de la hoguera para reunir gente alrededor es limitada, por muy grande que sea. En cambio la conectividad es fuego fluido a través de pantallas, y es infinita. La pasión digital quizás responda a esta pulsión básica del homo que mucho más que sapiens es animal de la polis. Y las ciudades crecen hasta extremos nunca vistos y se están formando megápolis inimaginables hace pocas décadas. Sumemos lo uno (el fuego digital) y lo otro (la urbe en expansión) y lo que sale es un crecimiento exponencial del hormiguero, al que nos estamos adaptando sin mayor problema.

En qué va a quedar el viejo sueño individualista del templo de Apolo, “conócete a ti mismo” -el cual presupone que hay algo que conocer ahí- lo iremos viendo en los años que vienen, aunque ya podemos hacernos unas ideas. Quizás solo fue un sueño y duró poco, con la dificultad añadida de que el disidente ahora ya no puede atravesar ninguna frontera para escapar.

2 comentarios en “¿LA TECNOLOGÍA POR LA TECNOLOGÍA?

  1. Afortunada síntesis de la fenomenología -histórica y actual- que concurre en la dinámica humana con la tecnología, «enzima hiperconectiva que exuda el hormiguero humano».

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  2. Se habla como uno de los hitos en nuestra evolución como sociedad, el paso de recolector-cazador a agricultor-ganadero. En esa fase aparecen las primeras fronteras que separan lo de «dentro» de lo de «fuera». Se cargan de contenido la palabras foresta, forest, forêt, que como Ingeniero Forestal, me encantan ya que identifican plenamente nuestra actividad profesional. La acertada reflexión, que la autora nos transmite en su texto, se refleja perfectamente en lo que ocurre actualmente en nuestro modo de vida. En efecto, esa vuelta masiva de la ciudadanía al medio forestal en vacaciones, fines de semana, días de descanso, para hacer senderismo, deportes de aventura, etc. no es más que una visita a un impresionante escenario natural, pero con un recorrido claro de ida y vuelta. No huye de la naturaleza, la busca, pero sabiendo que luego vuelve a la seguridad de la «tribu» – «hormiguero». Mientras tanto una parte de ese mundo tribal, sigue viviendo en ese entorno natural, aislada, despoblandose, olvidada en infraestructuras pero obligada a conservar ese escenario para la próxima visita de sus congéneres tribales urbanos. Una triste realidad.
    Enhorabuena, Elvira!!!

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