LAS GENERACIONES DE LOS INCENDIOS FORESTALES

Ricardo A. Salas de la Vega

Academia Malagueña de Ciencias

La Junta de Andalucía aprobó mediante el decreto 371/2010, el Plan de Emergencia por Incendios Forestales en el ámbito de la Comunidad Autónoma, modificado parcialmente por el decreto 160/2016. En él se recogen las épocas de peligro, que en sus tres niveles bajo, medio y alto, ocupan los 365 días del año. Sin embargo es en el periodo comprendido entre el 1 de junio y el 15 de octubre, cuando la época de peligro es alto, pudiéndose prolongar en casos muy excepcionales si concurren causas climáticas adversas.

Una vez finalizada esta época, es el momento de exponer una serie de notas que sin pretender aportar una posición dogmática acerca de estas catástrofes medioambientales, si que puede ayudar a clarificar ideas y llegar a entender las causas que están dando lugar a este significativo aumento, tanto en el número como en la extensión, de los incendios forestales. Aunque acerca de esta irrupción sorpresiva, se ha escrito, opinado e informado mucho por diferentes medios generalistas, en estos últimos años, pasando los incendios de ser protagonistas en verano como sustitutos de otras relevantes noticias a ser actualmente verdaderos protagonistas por las magnitudes que alcanzan, hemos de decir que en los foros especializados en los que participamos los profesionales que trabajamos en el mundo forestal, gestionando recursos naturales, ya se estaban analizando las posibles causas incluso poniendo encima de las diferentes mesas de debate la necesidad de acometer una serie de medidas encaminadas a paliar el inicio y el desarrollo posterior de estos incendios.

 Actualmente se habla de la sexta generación de incendios. Según la RAE, Generación es cada una de las fases de una técnica en evolución, en que se aportan avances e innovaciones respecto a la fase anterior. Este concepto ha calado en la opinión pública, en ese afán de que todas las cosas han de estar ordenadas en generaciones, prevaleciendo siempre la posesión o el conocimiento de la última generación de algo. Esta clasificación es actualizada en el año 2021, por sus autores, que la habían definido previamente en la primera década de este siglo, siendo la referencia bibliográfica: Castellnou et al., 2021. GRAF. Revista Incendios y Riesgos Naturales. Número 3. pags 70-72. En esta actualización describen las características de los incendios y analizan la respuesta de los dispositivos de extinción a los mismos, que es la base de esta clasificación. Lógicamente si hablamos de sexta generación es que previamente ha habido cinco generaciones. Vamos a analizar, desde una perspectiva histórico-forestal la evolución de los grandes incendios a lo largo de los últimos ochenta años, utilizando esta terminología temporal generacional y que nos mostraran elementos determinantes causales de esta problemática.

Para hablar de incendios de primera generación, tenemos que retrotraernos a los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. La situación en los años de la posguerra era de una fuerte depresión económica, la agricultura era básica para abastecer al país de alimentos. Por tanto el campo estaba muy manejado y poblado, constituyendo un mosaico de terrenos agrícolas y forestales. El Plan General de Repoblación Forestal de España de 1939, tenía como objetivo llegar a los 6 millones de hectáreas en 100 años. Entre los años 1940 y 1959 se repoblaron 1.306.100 has, de las cuales 601.400 has entre 1955 y 1959. Los grandes incendios apenas existían y en su caso, se apagaban sin complicaciones.

Con el Plan de Estabilización de 1959, el Desarrollismo, la creación de los Polos Industriales, etc., entre los años sesenta y primeros de los setenta, España pasó de ser un país agrario a otro más industrial, en este periodo la población agraria pasó del 40% al 25%. Se produce un gran éxodo del mundo rural, mediante fuertes movimientos migratorios hacia regiones más industrializadas de España y al extranjero, esto trae como consecuencia el abandono de zonas cultivadas con la posterior invasión de la vegetación forestal. Los mosaicos son menos definidos y la continuidad de la vegetación es favorecida. Conclusión, los incendios adquieren mayor envergadura y esto hace que se inicie la formación de una cierta estructura de personal y medios habilitados para combatir los incendios. Se continúa con las repoblaciones iniciadas desde los años cuarenta, pero ya las repoblaciones iniciales empiezan a demandar ciertos tratamientos selvícolas, especialmente clareos y entresacas, dadas las altas densidades utilizadas en la plantación. Nos estamos refiriendo a los incendios de segunda generación, que ya empiezan a incrementar sus magnitudes.

En el periodo comprendido entre finales de los años setenta y hasta los años noventa, aparecerían los incendios de tercera generación. Se incrementa la profesionalización de los medios de extinción terrestres y se produce un incremento en la utilización de los medios aéreos, que habían empezado con los Cannadair CL-2015 tripulados por dotaciones del Ejército del Aire. El éxodo rural disminuye, pero no por la ausencia de voluntades migratorias, sino debido a que la población que había quedado en el mundo rural, había envejecido y su tasa de reproducción había menguado considerablemente, no dando por tanto lugar a generaciones jóvenes potencialmente migratorias. En este periodo se recogen los últimos años del funcionamiento del antiguo ICONA (Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza), pasando sus competencias a las Comunidades Autónomas a partir de mediados de los ochenta. El ritmo inversor era alto en los montes y se dedicaban grandes cantidades de recursos para la realización de tratamientos selvícolas, aunque estas dotaciones estaban por debajo de las necesidades de inversión, dadas las enormes masas creadas. Los incendios empiezan a tener mayores dimensiones debido a las continuidades de manchas forestales, y que el mundo rural sigue despoblándose.

En el tránsito entre los siglos XX y XXI, se habla de la cuarta generación de incendios forestales. Caracterizada por el declive en las inversiones forestales, la continuación del despoblamiento rural y la aparición de un nuevo elemento como son las zonas de Interfaz o IUF (Interfaces Urbano-Forestales). Estas zonas están constituidas por zonas residenciales a caballo entre el mundo urbano y el mundo rural, pero por personas que viven en las ciudades y tienen en estas zonas su segunda residencia. Estas ocupaciones no son homogéneas en el territorio, sino que se concentran en las cercanías de las grandes ciudades. Quieren ser agricultores en sus parcelas, pero no lo son, intentando hacer durante los fines de semana, lo que antes se hacía a lo largo de ella, manejan el fuego de forma imprudente dando lugar frecuentemente a incendios. Posteriormente la extinción del incendio en este tipo de tipología constructiva, se complica enormemente, al no tener los oportunos Planes de Prevención o de Autoprotección, exigidos por la normativa. Además se empieza a observar un mayor acercamiento al monte de personas que quieren realizar actividades al aire libre. Este poblamiento puntual de fines de semana por visitantes, no suple la ocupación tradicional del monte por parte de los habitantes de los pueblos y por tanto no aporta sus beneficiosos efectos. Los incendios cada vez tienen más superficie disponible a recorrer, con mayor cantidad de biomasa, la cual a su vez va a desprender mayor capacidad calorífica. El número de grandes incendios se incrementa.

Montes de Málaga, 2014

Ya en los años anteriores a la crisis económica de 2008, habían empezado a disminuir las inversiones forestales en los montes lo que se traducía en una gestión forestal casi anecdótica en nuestras sierras. Se destinan en cambio grandes cantidades a los dispositivos de extinción de incendios, así como a su mayor profesionalización. Fruto del funcionamiento de las zonas IUF así como de la presencia masiva de ciudadanos en el mundo natural, especialmente en los espacios naturales protegidos, la extinción de incendios se tienen que canalizar además para proteger a una parte de la población que se siente amenazada por los incendios. Precisamente la norma de la que hablábamos al principio se denomina Plan de Emergencia por Incendios Forestales, los cuales además tienen un nuevo aspecto como es el de ser coincidentes al mismo tiempo. El cambio climático empieza a tener incidencia en el funcionamiento de los ecosistemas y en las actividades humanas. Hablamos de incendios de quinta generación y se desarrollan en grandes superficies forestales en las que el hombre no interviene con su manejo, tan sólo aparece como espectador activo y procedente de las grandes urbes. En el medio rural el envejecimiento junto a la pérdida de empleos y actividades que antes mantenían un cierto equilibrio demográfico y social, con una economía local sostenible en aquel contexto de trabajos agrícolas y forestales en los que se realizaban multitud de aprovechamientos, sigue dado lugar a procesos de despoblación y de abandono de prácticas culturales tradicionales.

No está muy claro a partir de qué año se empieza a hablar de la sexta generación en incendios. En la península ibérica lo sitúan en el incendio que tuvo lugar en el 2017 en la localidad portuguesa de Pedrógäo Grande, donde ardieron alrededor de 45.000 has y murieron 67 personas. En nuestra provincia se hablaba en la prensa generalista y cierta especializada que el primero de estas características, pudiera ser el de septiembre del 2021 en Sierra Bermeja (Estepona) en el que ardieron cerca de 10.000 has. Los creadores de esta clasificación de grandes incendios, en un artículo publicado en el número ocho de la revista Incendios y Riesgos Naturales, clarifican que no reunía este incendio las características propias de los denominados de sexta generación. A estos la cualidad que les define es su capacidad de cambiar la meteorología local. Esto se debe a las importantes corrientes de aire convectivas que al ascender crean pirocumulonimbos, con una base ancha, los cuales al desplomarse modifican el comportamiento del incendio. Indicadores antes mencionados, como la despoblación, siguen estando presentes, el medio rural representa aproximadamente el 85% del territorio nacional, pero vive en él, únicamente el 20% de la población, en algunas zonas por debajo de los 5 hab./Km2. Desde el año 2000 la población rural en España, ha disminuido el 10,1 %, estamos ante una preocupante desertización demográfica. Este abandono del campo ha dado lugar a un incremento de la biomasa, con un gran poder calorífico y una gran velocidad de propagación, al haber una gran continuidad de masas forestales, la ausencia de gestión en estas masas ha propiciado esta situación.

Como elemento novedoso en esta generación de incendios aparece el cambio climático. Las elevaciones de temperaturas, disminución de las precipitaciones, siendo estas más puntuales,  intensas, y tormentosas, la paulatina indiferenciación de las estaciones, está provocando unas condiciones climáticas que favorecen la virulencia, propagación, duración y especialmente la ausencia de un comportamiento estándar del incendio, que hace prácticamente imposible, en algunos casos, su extinción.

Como resumen, las causas que actualmente provocan el que haya mayor número de incendios y que algunos de ellos sean del tipo “megaincendios”, son: la despoblación de las zonas rurales con el abandono de prácticas agrícolas y ganaderas tradicionales y la ausencia de gestión forestal, que ha generado grandes superficies forestales con un alto contenido de biomasa y por tanto alto poder calorífico.

*Ricardo A. Salas de la Vega es Jefe del Servicio de Gestión del Dominio Público Hidráulico. Dirección General de Planificación y Recursos Hídricos. Demarcación Hidrográfica Cuencas Mediterráneas Andaluzas. Junta de Andalucía.

NOTA: Imágenes cedidas por el CENTRO OPERATIVO del INFOCA. Imagen de cabecera: Barranco Blanco 2012

8 comentarios en “LAS GENERACIONES DE LOS INCENDIOS FORESTALES

  1. Me ha gustado mucho tu artículo. Ordenar las cosas en el tiempo y el espacio es la primera condición para poder entenderlas. La mejor forma de ser útil. Llevo leyendo todo el año lo de incendios de sexta generación y gracias a tu artículo ahora sé de lo que va la cosa. Felicidades Ricardo. Enhorabuena

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    1. Gracias Federico, me alegra haber contribuido de alguna manera, el darte a conocer algo que no sabías.
      Lo bueno de la ordenación-jerarquizacion de algo, es la posibilidad de establecer indicadores que nos permitan evaluar su evolución.

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  2. Sencillamente magistral el análisis realizado. Siempre me he preguntado las razones por las cuales, en la documentación histórica que manejamos los historiadores, la aparición de estas catástrofes durante siglos es algo prácticamente anecdótico: no me encuentro ningún expediente donde se hable de estos problemas hasta casi el siglo XX. Sin embargo, en el mundo de hoy resulta con una frecuencia y unas consecuencias tan dramáticas cada verano. Sin duda, algo estamos haciendo mal, o mejor dicho muy mal. Magnífico análisis. Enhorabuena.

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    1. Gracias por el comentario, Paco!!
      El análisis de la evolución de los incendios puede indicarnos perfectamente bien, la actitud y el comportamiento del ser humano a lo largo de la historia.
      El hombre mediterráneo ha convivido a lo largo del tiempo con el fuego, mediante su manejo para llevar a cabo el aprovechamiento de los recursos que proporcionan los ecosistemas; los cuales han evolucionado, fruto de esta relación, a una cierta estabilidad pirófita. Los alcornocales, los jarales, los sistemas radicales de las quercineas, los pinos canarios, etc., son claro ejemplo de esto. El equilibrio se ha mantenido a lo largo de los siglos, hasta prácticamente hace un siglo. Posteriormente a esta fecha, la relación hombre-fuego es la que, apoyado en la bibliografía, observación, el conocimiento y mi propia experiencia, he intentado describir en mi texto.

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  3. Espléndido documento, que singulariza doctrina de un cualificado profesional, a quien, la estructura politico administrativa, le tendria que habilitar, para cuantificar y aplicar los medios necesarios que neutralizaran los incendios forestales y, con ello, dar efectivo contenido al inicial contenido retórico de la norma reguladora.

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    1. Gracias Ángel por tu docto comentario, aunque me asignas un protagonismo que no merezco. Mi intención a través de este texto era realizar una clara llamada a los poderes públicos para que se conciencien que los terrenos forestales tienen que ser gestionados mediante un adecuado manejo. Gestión que bien realizada, daría lugar a la generación de miles de puestos de trabajo, tan necesitados en el ámbito rural y consecuentemente a la disminución del número y magnitud de los incendios forestales.

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  4. Muy clarificador análisis. Gran problema que no se encuentre solución a los nuevos incendios, a la vista de cómo está el campo (los árboles-bosques) y sus pobladores, pocos y envejecidos. Programas de formación ante los incendios para los nuevos pobladores de fin de semana y nuevos agricultores que mencionas no se si ya se contemplan. Quizás pudieran salvar algunas vidas, porque que no se queme el monte parece de difícil solución. Y no podemos olvidar los efectos en la naturaleza. Pero también la regeneración tras el incendio. Al menos hay una tesis en marcha sobre cómo las especies animales van re-ocupando nichos quemados, tras los incendios.

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    1. Gracias, Juancho!!
      El gran problema no es que no se queme el monte, pues se ha venido padeciendo a lo largo de los siglos. El problema son las dimensiones y frecuencia, que los definen en estos tiempos.
      El equilibrio se ha roto. Vivimos concentrados en cada vez más grandes urbes y el medio natural es un escenario al que nos acercamos en fines de semana y vacaciones, pero no lo vivimos y además cada vez hay menos personas que lo hacen, con el agravante que no reciben las rentas mínimas para justificar su presencia en el medio rural.
      Confiemos en qué esto tenga solución.

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