LA CIENCIA YA NO ES LO QUE ERA

Federico J. C-SoriguerEscofet*

Academia Malagueña de Ciencias

La mayor parte de los científicos viven su condición de científicos con bastante complacencia.  Se sienten herederos de aquellos que, en el siglo de las Luces y la Ilustración, cambiaron para siempre el mundo. Pero la ciencia ha cambiado tanto, que es imposible en los límites de esta columna hacer un resumen de estos cambios. Hasta la mitad del siglo XX unos cuantos grandes científicos generalmente con pocos medios, consiguieron grandes logros. Pocos empeños humanos han sido más rentables.

Hoy, en cambio, la ciencia y los científicos, reciben grandes sumas de dinero (en algunos países) que, por otro lado, como es natural, nunca son suficientes. Por poner un ejemplo, el llamado programa Horizonte Europa  supone una inversión de 95.000 millones de euros y eso  es un montón de dinero, que tendrán que gastarlo entre decenas de miles de investigadores, muchos de los cuales, aunque presuman de la vitola de científicos, no lo son propiamente, pues les costaría justificar y contextualizar el trabajo que desempeñan en unos laboratorios  gigantescos, trabajando en proyectos, probablemente multinacionales, en los que la responsabilidad queda fragmentada o diluida hasta perderse en una anónima multiautoría.

Investigadores que trabajan para los estados o para empresas privadas más grandes que algunos estados, que son los que marcan las prioridades de la investigación a través del control de los presupuestos o de otros mecanismos de gestión de los recursos, humanos o no humanos. Unas investigaciones dirigidas en demasiadas ocasiones a la generación de tecnología con el noble objetivo de mejorar el confort de los ciudadanos y en última instancia destinada al mercado. Y es aquí donde reside otra de las grandes diferencias. Porque no es lo mismo confort que bienestar. Ambos tienen que ver con la satisfacción de una necesidad o de un deseo, pero el confort tiene que ver con lo físico, con la comodidad (el aire acondicionado, por ejemplo) y el bienestar con la satisfacción, la tranquilidad, la vida toda (“la calidad de vida”). 

Hasta ahora el progreso científico a través, entre otras cosas, de la tecnología, ha mejorado el confort y el bienestar. Pero para ambos hay unos límites a partir de los cuales la inversión no aumenta el bienestar, sino solo el confort y este por sí solo es insuficiente (si solo necesitas una nevera dos neveras no aumentan el confort). Es lo que, de alguna manera está hoy ocurriendo con la ciencia. Se invierten grandes cantidades de dinero en investigación científica que termina generando nuevos productos tecnológicos que permiten a los científicos publicar en prestigiosas revistas científicas, aumentando el currículo con el que consiguen nuevos proyectos con los que vuelven a participar en la carrera científico-tecnológica, cerrando un circulo no siempre virtuoso.  Productos tecnológicos que industrialmente transformados, una vez en el mercado alcanzan una rápida obsolescencia, generando nuevas demandas de confort, que contribuyen a engrasar el actual círculo ciencia-tecnología-sociedad que, lejos de contribuir al bienestar de la sociedad, consigue si acaso, ya, el efecto contrario, pues es imposible satisfacer plena y definidamente los insaciables deseos de los humanos.

Es por esto que, bajo la lógica del crecimiento perpetuo basado en la sociedad del conocimiento, la ciencia se ve obligada a una creatividad y a una aceleración permanente. Pero, descubrir no es tan fácil. De hecho, cada vez es más difícil, pues los grandes descubrimientos se hicieron al principio de la era científica moderna, en la que “todo estaba por descubrir”. De hecho, si comparamos los descubrimientos científicos realizados a partir de la segunda mitad del siglo XX con los anteriores y los analizamos desde una perspectiva coste-beneficio, la ciencia moderna no saldría muy bien parada.

No se debería confundir descubrimientos científicos con aplicación de estos conocimientos, que es lo que se ha hecho sobre todo en las últimas décadas. Por poner un ejemplo, el proyecto “genoma humano” cuyo impacto ha sido enorme, es la aplicación (sobre todo tecnológica) de los descubrimientos científicos sobre los genes hechos más de medio siglo antes.  Una aceleración tecnológica del conocimiento que ha terminado en lo que algunos han llamado el delirio ontológico de la ciencia moderna. Esa fantasía que ha llevado a la ciencia y a la tecnología a vivir de espaldas a la (gran) Naturaleza. Porque si algo hemos aprendido hoy es que la ciencia no puede lavarse las manos ante las aplicaciones del conocimiento científico. Es por esto que la vieja dicotomía entre ciencias básicas o fundamentales y ciencias aplicadas carece de sentido. Todas las ciencias hoy son ciencias aplicadas.  Todas las ciencias y todos los científicos tienen que pensar desde las fronteras del conocimiento, pero también sobre los límites de ese conocimiento que son también “los límites del crecimiento”. 

La ciencia de hoy, de alguna manera, se parece más a la lógica del diseño industrial que a la vieja ciencia sustentada en la leyenda de un método científico universal. “Poco queda de aquel genio despistado que se despierta un día cualquiera con una visión que cambiará la historia. El modelo ahora es del científico pop star, manager y recaudador de fondos, e incluso coach, con gran visibilidad en los medios y un laboratorio tan grande como sea posible”. Los jóvenes investigadores corren el peligro, de dejar de pensar para convertirse en mano de obra ultraespecializada.

España es un país que ha llegado tarde a este nuevo mundo científico y aún está necesitado de mayores inversiones en ciencia. Pero estoy seguro que alguno de vosotros, lectores que habéis llegado al final de este artículo, reconoceréis, también ya en España, prototipos como los que, citando a Juan Arnau, he recogido entrecomillado en el último párrafo.

*Médico.

Sección de Ciencias Sociales y Humanidades.

Academia Malagueña de Ciencias

8 comentarios en “LA CIENCIA YA NO ES LO QUE ERA

  1. Muy buen artículo, Federico. Señalas problemas muy importantes. La ciencia está cambiando aceleradamente y su imagen pública también. Lo aclaras muy bien en el texto. Este asunto cada vez me interesa más.

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  2. Enhorabuena por tu artículo.
    Como bien señalas es imposible satisfacer plena y definidamente los insaciables deseos de los humanos por lo que la demanda en el actual círculo ciencia-tecnología-sociedad, por más investigación que se lleve a cabo.
    Como bien apuntas descubrir no es fácil y es necesario realizar inversiones en investigación científica, los equipos multidisciplinares, la colaboración científica y el acceso a los medios nos lleva a la obtención de más resultados. Pero creo que parte de los grandes descubrimientos científicos se han debido a la genialidad y la entrega de personalidades excepcionales que a pesar de todas las dificultades han podido progresar en sus experimentos y obtención de resultados.

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  3. Cómo envidio tu clarividencia, Federico, a la hora de disecar ideas llenas de matices, y la claridad con la que sabes expresarlas. Mi envidia es de las peores, la más moralmente reprochable, para qué voy a engañarte.
    Todavía hay otro asunto que sólo mencionas de hurtadillas, supongo que a propósito: la de los científicos que sirven a intereses espurios al individuo y a la sociedad por sacar adelante conclusiones con pátina de científicas, y que sólo están al servicio de intereses particulares.
    Cierto, los científicos se benefician del aura heredada de otras épocas, pero que ejercen su oficio de forma que nada tiene que ver con el nombre histórico

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  4. Muchas gracias amigos por vuestros comentarios. Un buen amigo de Barcelona, estudioso de Cajal, en respuesta a mi artículo, me envía un trabajo suyo sobre Cajal, que me permito adjuntar (o, en todo caso pongo a vuestra disposición), en el que se recuerda como ya Cajal hablaba del gran cambio que en su época estaban experimentado la ciencia y los científicos, que estaban olvidando la creatividad e individualidad de la ciencia, así como la belleza implícita en los estudios de la naturaleza. Nihil novum sub sole.

    Un fuerte abrazo

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  5. Enhorabuena Federico, tus artículos siempre me hacen reflexionar, aunque no encuentre respuestas. Me asombra tu facilidad para escribir tantos artículos diversos e interesantes.

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  6. Gracias Federico por compartir tus reflexiones con nosotros. Como siempre de manera muy acertada. Enhorabuena!
    Siendo cierto lo que apuntas, creo que no sería lógico pensar que la Ciencia se siguiera haciendo con parámetros de hace un siglo. Pero no por eso se ha «perdido el norte». Yo creo que los principios fundamentales se conservan pero dentro de un sistema de ciencia y tecnología sumamente PROFESIONALIZADO, lo cual no debe ser denostado. Es verdad que existen grandes equipos cuya supervivencia depende de la consecución de cuantiosos fondos para «alimentar el monstruo». Incluso estos, no se pueden «dormir en los laureles» en el sentido creativo, me refiero. Pero la gran mayoría de los científicos del mundo de nuestro entorno están obligados a aguzar el ingenio para conseguir los fondos que les permitan falsar las hipótesis que plantean en sus proyectos sometidos a evaluación (debemos entender que también muy profesionalizada y democratizada), consiguiendo resultados significativos, que a su vez les servirán para plantear nuevos retos en el siguiente proyecto. Hay programas de la UE que invitan a los científicos a ser atrevidos y proponer proyectos en la frontera del conocimiento, como las ERCs (European Research Council) donde sobre todo los más jóvenes «dejan volar» su imaginación. Los avances continuos, e importantes, que hay todos los días en Biología, Química, Física, Astronomía, Medioambiente… provienen en su mayoría de equipos no tan enormes. Es verdad que en algunos campos hay «efectos perturbadores» que provienen del mundo del dinero, siendo la Biomedicina uno de los más afectados.
    Ah, y no olvidemos que la profesión de científico es una de las más estimadas por la sociedad!

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