LA ÉTICA DOCENTE EXIGE NUESTRA INCLUSIÓN EN REDES SOCIALES.

Nuria García-Agua Soler

Academia Malagueña de Ciencias

No digo nada nuevo cuando invoco el conocido aforismo “los tiempos han cambiado”. Hay que reconocer que es así en todos los ámbitos de la vida, pero en la Universidad y en la docencia impartida, no cabe ninguna duda. Desde que empezamos con los nuevos sistemas de actividades académicas y evaluación, el conocido Plan Bolonia, hasta que la situación sanitaria, debido a la pandemia y al confinamiento, nos forzó a aplicar de una manera más real el sistema de evaluación continua. Además, la realidad del nuevo alumnado también ha hecho que de una manera u otra nos tengamos que adaptar a los tiempos.

El concepto de  “Millennial” apareció por primera vez en “Millennials Rising: The Next Great Generation” y lo definía como “una generación (nacidos entre 1979 y 1994) en la que las tecnologías digitales forman parte de su vida cotidiana”, y es por ello que además todo los relacionado con su comunicación y ampliación del conocimiento estén completamente mediatizadas. Incluso se subdividen estos millennials en dos grupos atendiendo al impacto digital que han experimentado. Por un lado la Generación X, más cercana al mundo analógico, y la Generación Y, o nativos digitales, que son los nacidos entre 1980 y 1994. La siguiente evolución generacional, Generación Z, que nos hace ver el impacto de la digitalización, se consideran como nativos digitales al 100%, siendo superusuarios de redes sociales y lenguaje digital.

Hoy en día, cuando entras en cualquier facultad o estás en cualquier clase, lo más habitual es ver cabezas semiagachadas concentrados en ese instrumento que siempre llevamos en las manos, o muy cerca, que se llama teléfono móvil (¡y no solo el alumnado!). Incluso en el desarrollo de las clases no te miran a la cara, están concentrados en la pantalla con la excusa “de coger apuntes”. Es una situación que ciertamente me apena, y que siempre intento cambiar. Es verdad que tenemos que innovar en la forma de enseñar. Ya no podemos basar la docencia impartiendo lecciones magistrales con un objetivo memorístico -esto lo tiene el alumnado actual a golpe de botón-, tal y como dice la Ley de Universidades: “Una sociedad que persigue conseguir el acceso masivo a la información necesita personas capaces de convertirla en conocimiento mediante su ordenación, elaboración e interpretación”.

Con anterioridad nos hemos formado utilizando como herramienta fundamental el papel, más tarde los ordenadores manejando metabuscadores, donde tenías que aparecer para ser visible. Actualmente el alumnado se forma/informa también de una manera más específica a través de redes sociales (RRSS) comoTwitter, Facebook, Instagram o TikTok, y redes de mensajería instantánea como WhatsApp. La visibilidad se ha trasladado a estas redes gracias a la existencia de un mundo hiperconectado.

Esta es una idea que nos puede gustar más o menos, pero es una realidad. Es, por tanto, como dice el título del artículo, que estamos éticamente obligados a “no mirar para otro lado”, ser conscientes de la situación y participar en la misma, consiguiendo así que no solo haya mala información sino también buena información, contrastada, veraz y científica. Es nuestra obligación enseñar a distinguir esta información productiva de la que no lo es.

A su vez, hay que enseñar al alumnado a ser críticos, a participar activamente y que consigan discernir por si solos entre lo que puede ser adecuado y lo que no puede serlo. Que tomen decisiones de manera individual pero basada en información, veraz y contrastada.

Un ejemplo paradigmático es el de Cristiano Ronaldo que tiene casi 500 millones de seguidores en Instagram (es el influencer con mayor número de seguidores en el mundo), ¿se imagina Vd. el impacto que tiene cualquiera de sus publicaciones o recomendaciones? ¿Cómo de útil podría ser mandar mensajes adecuados y veraces a través suyo? Pues realmente creo que tampoco es eso lo que necesitamos, ni puede que funcione, ya que puede ser hasta contraproducente. No queremos que un influencer se vuelva científico, sino que los científicos nos volvamos influencers.

Muchos critican estos medios de divulgación digital porque abunda la desinformación, incluyendo la misinformation o la información que se desconoce que es falsa, y la disinformation que hace referencia a la información falsa con el fin de hacer daño, las locuras, los fakes y las mentiras. Pero todo esto tendría una influencia menor si por encima de esta información hubiese también mensajes científicos, justificados y contrastados. Para ello tenemos que aprender a divulgar digitalmente en un lenguaje sencillo, sin olvidar que estamos expandiendo el conocimiento científico.

Otros inconvenientes que se suelen observar son la posible falta de intimidad (por la exposición pública que se tiene), la baja formación técnica que se detecta en ocasiones, incluso que sea mal visto por los compañeros de institución por si se relaciona (creo que de forma errónea) con una baja reputación, porque está claro que dependiendo del tipo de público al que te dirijas podrás emplear un lenguaje (con su vocabulario específico) u otro. Pero esto no debe disminuir la calidad de la información divulgada. Debemos abrir los ojos y conectar con la sociedad, transmitiendo información con un lenguaje sencillo, directo, claro y conciso (¿y por qué no con humor?, en caso de que el tema lo permita).

Específicamente, en el ámbito de la salud, es indiscutible que la población en general busca mucha información en internet y en redes sociales, dando lugar al llamado Dr. Google, sin olvidar que el uso mercantil que se hacen de estas plataformas hará que les aparezca información relacionada -veraz o no-, cuando están “navegando”. Es importante comprender la importancia que tiene que los profesionales de las diversas disciplinas científicas seamos los primeros que debemos estar en este tipo de medios, teniendo que admitir la necesidad de ser formados para un uso correcto y en sintonía con una comunicación fiable, científicamente rigurosa y eficiente. Así, no solo ayudaremos a mejorar la salud en general sino también a mejorar los conocimientos de nuestro alumnado.

Centrándonos en el tema de la alimentación y la nutrición que me atañe más directamente, creo que las RRSS son una auténtica locura, y que ofrecen muchísima información inadecuada, y que cuando la ves (como profesional instruido en esas cuestiones) te llevas las manos a la cabeza debido a la cantidad de barbaridades que se pueden llegar a divulgar. Pero, por otro lado, en ocasiones también hay buena información y es una buena herramienta para poder fomentar hábitos de vida saludable, tanto de alimentación como de ejercicio físico. Y es, precisamente eso, lo que debemos saber aprovechar.

Uno de los temas que veo en clase con mi alumnado es el de los mitos sobre la alimentación, y eso lo enlazamos con el uso de redes sociales. Es algo que les atrae ya que lo ven útil y práctico. Vemos a qué tipo de cuentas siguen y qué tipo de información divulgan. Siempre lo clasificamos en varios grupos:

1. LOS BUENOS:

1a. Los que difunden información basándose en evidencia científica. Suelen tener estudios de grado superior: nutricionistas, farmacéuticos, médicos, enfermeros, biólogos, bioquímicos. Son los de mejor calidad, pero son los grandes desconocidos por los alumnos. Aunque hay que poner en cuarentena alguna información que proviene de perfiles profesionales, y como ejemplo nos podemos remitir a entradas que se han divulgado con referencias erróneas referentes a la pandemia, por grupos negacionistas con profesionales reconocidos entre sus filas. Su superioridad profesional y académica ha servido de validador de esos datos para lectores menos expertos.

1b. Los que difunden hábitos de vida saludables, bien sea con recomendaciones de alimentos, ejercicio físico o incluso recetas. Suelen tener también estudios de grado superior. Son de una calidad muy alta (igual que los anteriores) y los conocen una parte del alumnado, pero solo una reducida parte.

2. LOS MALOS:

Los que difunden hábitos de vida, sobre todo, actividad física y recetas no del todo adecuadas. Recomendando incluso productos de dudosa eficacia, seguridad, dietas milagro, etc. No suelen tener estudios de grado superior. Son de calidad baja, transmiten mensajes erróneos, y tristemente son los más conocidos por los alumnos, que creen que lo que difunden es real y con evidencia sólida. Incluimos a los que hacen un uso comercial sin importar las consecuencias de sus anuncios.

A la evidencia actual todavía le queda mucho por avanzar, siendo necesaria más investigación para sacar conclusiones robustas, y así conocer la efectividad de la influencia de estas RRSS en términos de divulgación de la información y, forma indirecta, sobre la salud de la población.  Es nuestra obligación hacer comprender si los datos publicados son pertenecientes al grupo de los buenos o al de los malos, y que los alumnos adquieran práctica crítica para diferenciarlo y se conviertan a su vez en nuevos expansionistas de información basada en una correcta evidencia.

En conclusión, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” y es por ello que como docentes estamos obligados éticamente a participar en redes sociales (previa formación adecuada).

REFERENCIAS

Bour, C., Ahne, A., Schmitz, S., Perchoux, C., Dessenne, C., Fagherazzi, G., 2021. The Use of Social Media for Health Research Purposes: Scoping Review. J Med Internet Res; Vol. 23(5): e25736.

Chan, W.S., Leung, A.Y.., 2018. Use of Social Network Sites for Communication Among Health Professionals: Systematic Review. J Med Internet Res. Mar., Vol. 28;20(3): e117. 

Chau, M.M., Burgermaster, M., Mamykina, L., 2018. The use of social media in nutrition interventions for adolescents and young adults. A systematic review. Int J Med Inform, Vol. 120:77-91.

Cramer, H., 2022. Distinguishing Fact from Opinion: Social Media, Free Speech, and Evidence-Based Medicine, J Integr Complement Med, Vol. 28(6): 455–456

Galetti, M., Costa-Pereira, R., 2017. Scientists need social media influencers. Science, Vol. 357(6354): 880-881.

Herrera-Peco, I., 2021. Comunicación en salud y redes sociales: necesitamos más enfermeras. Health Communication and social media: We need more nurses. Rev Cient Soc EspEnferm Neurol, Vol. 53:1-4

Laranjo, L.,Arguel, A.,Neves, A.L.,Gallagher, A.M., Kaplan, R., Mortimer, N. et al., 2015. The influence of social networking sites on health behavior change: a systematic review and meta-analysis. J Am MedInformAssoc, Vol. 22(1): 243-56.

La Dra. Nuria García-Agua Soler es profesora del Departamento de Farmacología y Pediatría de la Universidad de Málaga.

5 comentarios en “LA ÉTICA DOCENTE EXIGE NUESTRA INCLUSIÓN EN REDES SOCIALES.

  1. Magnífico razonamiento, Nuria. Sin duda la experiencia acumulada en la universidad observando el comportamiento del alumnado e introduciendo discusión sobre la utilidad de las RRSS, es una manera de sumergirnos en la realidad en la que vive la juventud. La posibilidad de utilizar sus mismas herramientas para alcanzar sus dispositivos y que reciban información veraz y de calidad, es una oportunidad que se nos ofrece y que no deberíamos dejar escapar.

    Creo que no solamente el profesorado de la universidad debería de estar presente en las RRSS, como de hecho ya hay más de uno que tienen unos perfiles con una ingente cantidad de seguidores y que son ejemplo para muchos otros (incluso hay algún académico y profesor de la Universidad de Málaga, que divulga información de gran actualidad y de fuentes fiables y prestigiosas para que su alumnado tenga lectura que les haga mejorar en su formación humanística), sino que las academias y otras instituciones de carácter cultural o científico también deberían de participar en esta dinámica. Así son buenos ejemplos algunas academias nacionales que tienen abiertos sus perfiles en las más frecuentadas (Twitter, Facebook e Instagram) y que tienen un numero de seguidores que se incrementa progresivamnente a medida que son mejor conocidos y de sus contenidos de calidad muy actualizados.

    En fin, no soy yo un converso tras leer tu artículo, smplemente un admirador de la capacidad que has tenido para exponer el asunto con una nitidez y contundencia ejemplificante. Confío de verdad que los que te lean tomen nota, aquí y allá.

    Felicidades por el artículo.

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  2. Gracias por traer a la Academia un problema importante en la educación superior. Supongo que algo parecido pasa en el bachiller y e incluso en estadios inferiores de la educación. Lo que me lleva a pensar que los educadores de todos los niveles, desde la infancia a la universidad, lo están teniendo muy difícil para trasladar la información y los resultados ciertos.

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  3. Muy clara exposición del problema de la búsqueda de información en las RRSS y la gran influencia que tiene en el alumnado.
    Es de gran importancia que los docentes y la comunidad científica consigan, como indicas en tu artículo, que haya también buena información, contrastada, veraz y científica y le den una amplia difusión en las RRSS.
    La presencia en las redes sociales de los docentes, las universidades, las academias y sociedades científicas es en la actualidad una obligación ética.
    Y como apuntas en tu artículo, los docentes en todos los niveles de la enseñanza tienen el gran reto de enseñar a los alumnos a discernir.

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  4. Y además todo compaginarlo con un lenguaje sencillo y no por ello poco científico. Pero eso no es fácil. La formación a los formadores (sea cual sea el nivel educativo) es esencial

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