LA OIKONOMIA COMO CIENCIA

Adolfo F. Gabrielli Seoane

Academia Malagueña de Ciencias

El estudio de la economía se remonta a las antiguas civilizaciones: Grecia, Imperio Romano, Mesopotamia, Antiguo Egipto. Las civilizaciones árabes, persas, chinas e indias. Pero la mayor influencia viene de los griegos, los cuales utilizaron la palabra economía por primera vez, para referirse a la administración del hogar:

Oikos + neimen = oikonomía significado de hogar + gestión = economía

Platón dio una definición de economía dividida en dos partes. Por un lado, el estudio de la administración doméstica y por otro el estudio del comercio. Aristóteles fue el primer economista analítico, se refirió a diversos temas económicos que, desde entonces, han mantenido una gran actualidad, como así fueron sus definiciones económicas, los fenómenos de cambio y las teorías monetarias y de valor.

Y mi pregunta sería ¿por qué la economía es una ciencia? La economía es una ciencia social, porque sus leyes son empíricas, los hechos que selecciona para el análisis están cargados de teoría y el individualismo metodológico que se aplica en la investigación económica está restringido por el proceso de socialización.

A finales del siglo XVIII es cuando la economía se empieza a considerar ampliamente como una ciencia, desde la publicación del libro de Adam Smith: “La riqueza de las naciones” (1776). Y no nos olvidemos de los estudiosos jesuitas de la escuela de Salamanca que establecieron las primeras teorías económicas modernas, defendiendo los beneficios de la propiedad privada a las actividades económicas. Por esas contribuciones han sido clasificados en numerosas ocasiones como fundadores de la ciencia económica, a pesar de que la mayoría de sus contribuciones estuvieron desaparecidas hasta el siglo XX.

Más adelante, destacó el mercantilismo y la fisiocracia: (1) Los mercantilistas afirmaban que mediante el intercambio de mercaderías y la acumulación de oro y plata se generaba riqueza. (2) Los fisiócratas postulaban que la riqueza solo se genera en las tareas agrícolas, y que el intercambio de mercadería, e incluso la industria, no agregaban ningún valor. Al contrario que los mercantilistas, los fisiócratas promulgaban la política económica de laissez faire, defendiendo el libre mercado contra el intervencionismo del Estado.

La economía es, sin duda, la más antigua de las artes, pues el hombre ha vivido desde sus orígenes bajo la estrella de la escasez de los bienes y servicios que precisa para satisfacer sus necesidades. Para nuestra desgracia, nos expulsaron del paraíso y el reino de Jauja no es más que un sueño. Es esta, la escasez de los bienes y servicios, la que obliga a su cuidadosa administración. Y es esta referencia a la administración prudente de los bienes y servicios la que proclama el título de nuestra ciencia, derivado -como es bien sabido- de dos raíces griegas «oi-kos» y «nomos», que refieren el campo de la economía a su primera significación de administrar bien («nomos») los medios del hogar («oikos»). Con ese sentido emplearon el término los filósofos griegos, extendiendo después a la «polis» -esto es, a la ciudad-, el centro de la vida helénica, la vigencia de esos mismos principios de la buena administración de los recursos escasos.

Curiosamente, la economía, siendo la más antigua de las artes, sería la más moderna de las ciencias sociales. Hay un acuerdo general en fechar su nacimiento el 9 de marzo de 1776, fecha en la que un escocés, Adam Smith, publicaría su obra: «Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones», nacida de un trabajo de lectura, reflexión y redacción que duró más de veinte años. Una obra que ofrecería el primer modelo económico para lograr el progreso de una economía nacional. España no estuvo ausente de ese nacimiento de la Economía y los españoles trataron de buscar la riqueza de su nación a través del conocimiento económico. Jovellanos, uno de los primeros estudiosos españoles de los principios de la nueva ciencia, recomendaría, con el mayor entusiasmo: «el estudio de la economía, no sólo por el gran influjo que el conocimiento de sus principios tendría en la mejora de la legislación del gobierno del Reino, sino porque siendo su objeto abrir y conservar abiertas todas las fuentes de riqueza, su influjo obra y se extiende a todas las artes y profesiones útiles que promueven la prosperidad nacional».

No debemos de olvidar tampoco a los renombrados economistas Samuelson y Nordhaus, autores del libro “Economía”, y que la definen como: “El estudio de la manera en que las sociedades utilizan los recursos escasos para producir mercancías valiosas y distribuirlas entre los diferentes individuos”. Por consiguiente, la idea principal de la economía como ciencia social sería la disciplina que estudia la forma de administrar los recursos disponibles para satisfacer las necesidades humanas.

Sin embargo, esa organización de los estudios económicos tardaría en llegar a la universidad española para convertirse en una profesión. Habrá que esperar, en efecto, más de un siglo y medio desde que Jovellanos defendiera como necesario el estudio de la economía para que se iniciaran, el 16 de febrero de 1944, sus enseñanzas la primera Facultad universitaria de Ciencias Económicas en Madrid. Es importante afirmar que esos estudios de economía no fueron impuestos ni improvisados en esa fecha tardía. Antes al contrario, puesto que nacieron del reconocimiento reiterado de la necesidad de su presencia, que reclamaría, una y otra vez, un coro de voces autorizadas a la política educativa española a lo largo de más de un siglo. Ignorar esas opiniones cuyos protagonistas se convertirían en los mejores abogados de nuestra profesión constituiría un olvido imperdonable para quienes hoy la ejercemos. Unas opiniones que quiero traer al conocimiento de todos en este día singular para el conocimiento de todos.

La primera de esas peticiones en favor de la presencia de los estudios económicos es la que realiza el gran reformador de la educación española Francisco Giner de los Ríos. Una presencia que debía tener dos escenarios: el del Bachillerato y el de la Universidad. Giner creía en el valor formativo de los estudios económicos y los incorporaría a las enseñanzas de bachillerato, dentro del programa educativo de la Institución Libre de Enseñanza en 1869, un proyecto que pasaría al Plan de Enseñanza Media de 1934, estudios que desaparecerían después y que, felizmente, ha restablecido en 1991 el Plan de Bachillerato en la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales. Por otra parte, Giner pensaba en la necesidad de disponer de economistas profesionales para tratar los problemas de España e intentaría llevar la enseñanza de la economía a la Universidad en 1875 sin conseguirlo.

El segundo aval de los estudios universitarios de economía lleva igualmente un firmante ilustre: Miguel de Unamuno, cuyos conocimientos económicos -como ha probado Juan Velarde- sorprenden a quien desconozca la trayectoria de su pensamiento. Unamuno afirmaba que el diagnóstico y solución de los problemas españoles pedían dramáticamente, en la sociedad pobre y subdesarrollada en la que le tocó vivir, la presencia de economistas profesionales salidos de nuestra universidad. Unamuno ayudó, también, convencido de la importancia de disponer de economistas, a quienes deseaban especializarse en su conocimiento en la propia universidad española y en sus estudios de postgrado en centros claves del extranjero.

En la importancia de los estudios económicos y en la urgente necesidad española de otorgarles la debida prioridad insistiría nuestro tercer avalista: José Ortega y Gasset que, en 1914, afirmaría categóricamente: «lo más urgente que hoy necesita España es disponer de conocimientos económicos. Sin unos cuantos economistas no haremos absolutamente nada. Con ellos, lo haremos todo. Creo que no puede pedírseme más paladina declaración de la gran, de la inmensa misión de un oficio que es bien distinto al mío».

Esas comprometidas y solventes opiniones en favor de los estudios de economía no habían conseguido variar nuestros planes de estudios universitarios cuando uno de los economistas más destacados del momento, John Maynard Keynes, visitaba España el 8 de junio de 1930. En sus declaraciones a la prensa, Keynes manifestó su asombro al enterarse de que la economía no había alcanzado en la universidad española el reconocimiento de la existencia de una Facultad propia.

Keynes afirmaría literalmente: «Nada es más importante para el desarrollo de un país que una buena escuela de economía. En el momento actual, lo económico tiene una supremacía indiscutible y la atención a los problemas económicos debe situarse en primer lugar de las preocupaciones de un país. Una escuela de economía solvente bien atendida es absolutamente necesaria en una nación».

¿Cómo se relaciona la economía en la ciencia? Se relaciona con la administración ya que ambas estudian variables y se encarga de la administración de bienes, estudia la oferta y la demanda, costos e ingresos, aspectos financieros, utilidades, recursos humanos entre otras cosas, la misma idea puede aplicar a otras ciencias como son: Antropología, Ciencias Jurídicas, Ciencias Políticas, Comunicación, Demografía, Geografía, Historia, Psicología social, Sociología, Relaciones internacionales.

Y otra de las preguntas que nos hacemos los economistas. ¿Por qué la economía es una ciencia empírica? La economía empírica es la rama de la economía que utiliza datos de la realidad para contrastar o plantear teorías. Por ejemplo, a través de la econometría se puede intentar dilucidar si la firma de tratados de libre comercio ha generado un impacto en el volumen de transacciones con el exterior. Por consiguiente “El conocimiento empírico” es todo aquel que nace de la observación y la experimentación. Es decir, no parte de las suposiciones ni de las deducciones lógicas, sino de la propia experiencia. El término empírico, está relacionado pues, principalmente, con las ciencias básicas como la física y la química. Sin embargo, en la economía también se puede recurrir al conocimiento empírico. Para el apriorismo metodológico, es posible alcanzar la verdad a través de deducciones. Por ejemplo, si A es más grande que B y este es más grande que C, entonces A es más grande que C. En consecuencia, no es necesario que el investigador observe con sus propios ojos el tamaño de los objetos, tan solo basta con la información para llegar a una conclusión lógica.

Adolfo Gabrielli Seoane es Economista y ha sido Decano del Colegio de Economistas de Málaga.

11 comentarios en “LA OIKONOMIA COMO CIENCIA

  1. Enhorabuena Adolfo. Muy interesante. Sorprendente Unamuno , como siempre. En las últimas décadas la economía de la Salud ha obligado a cambiar el paso de la medicina y de los médicos, en una guerra que ha dejado cicatrices pero en la que todos han salido ganando

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  2. Enhorabuena Adolfo, muy aclaratorio y entretenido artículo en el que no solo explicas la economía como ciencia sino que repasas la historia de la misma y su importancia para la sociedad. Muchas gracias

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  3. ¿No tendría que estar acompañada la Economía del Derecho, como aprecia, desde 1916, la Universidad Comercial de Deusto, hoy Deusto Business School, seguida por las enseñanzas en este ámbito de la Universidad de Navarra y por la ACNP, con el atávico retraso de las Universidades Públicas?

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