EL FUTURO DE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA ¿VAMOS CAMINO DE OTRO SUEÑO PERDIDO?

Rafael Garesse Alarcón

Academia Malagueña de Ciencias

En su libro “Historia de la ciencia española, el país de los sueños perdidos” José Manuel Sánchez Ron hace un lúcido viaje por los aspectos más relevantes de nuestra ciencia a través de los siglos. Cómo es natural, la universidad aparece en múltiples ocasiones, en la mayoría de ellas para mostrar su pobre nivel investigador, algo que está en consonancia con la falta de atención que se le ha prestado a la ciencia en España. Los investigadores e investigadoras siempre hemos soñado con cambiar esta situación, pero estos sueños se iban perdiendo uno tras otro. La universidad, española también ha soñado con convertirse en una institución con un fuerte liderazgo, impulsora de una sociedad cada vez mejor y más justa, de convertirse en el auténtico motor social, como sucede en la mayoría de los países avanzados. Hoy más que nunca se hace necesario reflexionar sobre el momento que vive la universidad española y si ese legítimo sueño está cerca, o no, de convertirse en una realidad.

El desarrollo del sistema universitario público de nuestro país tal como lo conocemos en la actualidad ha tenido tres etapas. La primera fue la creación entre los siglos XIII y XVI de universidades de origen medieval, de las cuales 10 llegaron al siglo XX. La segunda etapa fue un cambio en el modelo de universidad que se produjo a finales de los años sesenta, con la creación de tres universidades de perfil investigador (las universidades autónomas) a las que rápidamente se sumaron otras ocho. Finalmente, la tercera etapa fue una enorme expansión del sistema durante el periodo de transición política de finales de los años 70 y el desarrollo de las Comunidades Autónomas en los años 80 y 90, a la vez que se producían importantes cambios legislativos, fundamentalmente la Ley de Reforma Universitaria (LRU) de 1983 que consolidaba el modelo de universidad investigadora con un gobierno participativo horizontal.

A pesar de las dudas que genera en la sociedad la ausencia de universidades españolas en lugares destacados de los rankings internacionales, el éxito del Sistema Universitario Español (SUE) durante los últimos 40 años es indudable. En los años 70 había en España algo más de 300.000 estudiantes, que se doblaron a comienzos de los 80 y siguieron aumentando hasta llegar aproximadamente al millón y medio que existe en la actualidad. Sería impensable la profunda transformación que ha experimentado nuestro país sin la contribución directa de su sistema universitario, particularmente el público. Parece obvio que el país necesitaba un crecimiento exponencial del SUE y un cambio que permitiera eliminar las estructuras obsoletas de las universidades tradicionales, que se dio con la LRU. La investigación, ausente tradicionalmente de la universidad española, pasó a formar una parte relevante de la actividad universitaria, lo cual constituye en sí mismo un gran éxito, ya que actualmente las universidades constituyen aproximadamente el 70% del sistema de ciencia y tecnología español.

Desgraciadamente, el siglo XXI no ha supuesto una consolidación de lo alcanzado, una adecuación del SUE a los nuevos retos y un fortalecimiento de las universidades. Muy al contrario, una nueva ley, la Ley Orgánica de Universidades (LOU), que se puso en marcha en 2001 y se reformó en 2007, aunque introdujo numerosos cambios, no incorporó ninguna de las reformas necesarias. La estructura y el gobierno de las universidades cambiaron poco, y con el paso del tiempo la autonomía universitaria, una palabra mágica que significa cosas diferentes en función de quien la pronuncie, ha ido quedando vacía de contenido. Aunque la universidad pública sigue dando muestras de ser una institución muy valiosa para la sociedad, donde se hacen muchas cosas muy bien, el momento que vive en la actualidad es preocupante.

La transformación al Espacio Europeo de Educación Superior (el Plan Bolonia) se realizó sin ningún tipo de inversión. El proyecto de Campus de Excelencia Internacional, destinado a transformar nuestros campus universitarios fue efímero y se suprimió. Los procedimientos de incorporación y retención de talento son completamente obsoletos, lo que impide competir internacionalmente. La gestión sigue sin incorporar una visión moderna, y el contexto legislativo donde se desarrolla es ajeno a la llegada de la Inteligencia Artificial. La creación de la ANECA ha inundado de burocracia todas las actividades universitarias. La insuficiente financiación, muy inferior a la media europea, y la tasa de reposición que trajo la crisis económica de 2008, junto al bizarro procedimiento de acreditaciones, ha dinamitado cualquier intento de estrategia institucional seria. Por último, la investigación competitiva y de calidad se está desligando lenta pero progresivamente de las universidades. El desarrollo del SUE que tuvo lugar durante el último tercio del siglo XX ha generado un enorme potencial que, si fuera apoyado correctamente, transformaría a nuestro país y aumentaría la competitividad de nuestro tejido empresarial. Pero desgraciadamente está sin aprovechar, y la universidad se encuentra actualmente, una vez más, enredada en discusiones estériles llenas de intereses locales y con falta de visión de futuro.

Pero, a pesar de todo ello, estamos ante una gran oportunidad, ya que en estos momentos se está preparando una nueva ley orgánica de universidades destinada a marcar el destino de los próximos veinte años de la educación superior en España. ¿Estaremos a la altura para dar un impulso a nuestras universidades que les permita mantener su irrenunciable misión de cohesión social, pero también de asumir su función de liderazgo y catalizador de cambio de la sociedad? ¿Será nuestro país capaz de alcanzar un pacto de estado para apoyar la educación superior y situarla en el lugar que le corresponde? No es necesario inventar nada, ya que los cambios que se necesitan se llevan reclamando años y funcionan con éxito en numerosos países. Es un sueño que solo necesita altura de miras y que se puede resumir brevemente en cuatro puntos: i) un periodo de transición que solucione los desajustes actuales; ii) un sistema de gobierno eficiente; iii) una financiación adecuada que conste de una parte basal, otra por objetivos (ambas financiadas por los gobiernos regionales), y una tercera de fortalecimiento institucional, en este caso financiada por el Estado mediante convocatorias competitivas; y iv) una autonomía amplia con rendición de cuentas que permita a las universidades competir de un modo adecuado en el contexto internacional.

¿Se trata de un sueño económicamente caro? Desde luego que no, si consideramos el retorno que generará esta necesaria inversión se trata de un sueño muy barato. Ojalá esta vez el sueño se convierta en realidad.

6 comentarios en “EL FUTURO DE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA ¿VAMOS CAMINO DE OTRO SUEÑO PERDIDO?

  1. Enhorabuena a Rafael Garesse por este magnífico artículo. Se presta a un muy interesante debate, pero solo me referiré al último párrafo sobre el retorno de la investigación, con un ejemplo: en el proyecto del Genoma Humano se estima que por cada dólar invertido el retorno ha sido de 10 dólares.

    Me gusta

  2. Certeras propuestas para regenerar el SUE, que requiere énfasis en la necesidad de «un sistema de gobierno eficiente», en el que, el Claustro de Doctores, asuma la Estrategia Universitaria, con el obligado repliegue de otros colectivos sindicalizados; que reconfigure el Consejo Social, estructura gravosa, inoperante y sindicalizada, y que, las Comunidades Autónomas, consideren a las Universidades de su ámbito territorial como Instituciones distintas de su estructura autonómica provincial.

    Me gusta

  3. Un interesante artículo que propone una apuesta de futuro más que atractiva. La universidad española necesita de nuevos impulsos e ideas para dispararlos. La ciencia es necesario hacerla para el progreso dela sociedad, pero no hay que perder la perspectiva de la misión fundamental que tiene encomendada la universidad: la docencia y el conocimiento universal.

    Felicito al autor Profesor Garesse Alarcón por esta aportación tan accesible para cuantos estamos interesados por ver una universidad moderna y competitiva, fuertemente motivada. Hagamos posible esta meta.

    Me gusta

  4. Excelentes reflexiones hechas con toda la autoridad por quien conoce el «paño».
    Del concepto de universidad elitista se pasó en los últimos 30 años al de una universidad en cada provincia (como mínimo), como signo de posibilidades de desarrollo local, que aunque en algo puede ser cierto, no reparó en lo que cuesta tener una universidad competitiva y sin entender que una universidad que no lo es acaba siendo una carga en vez de un motor de desarrollo económico y social.
    La Autonomía de la Universidad como concepto necesario asumido por todos, ha sufrido un «golpe de muerte» mediante el control de su financiación por las Comunidades Autónomas: si no puedo influir en tu función y tu gobierno, influiré a través de tu financiación.

    Me gusta

  5. Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí. Cualquier proyecto que intente regenerar (uf!!) la Universidad española no debería olvidar este conocido minicuento de Monterroso. Las iniciativas, tal vez vez validas para el siglo XX , no lo van a ser para lo que queda del XXI del que ya hemos cumplido casi la cuarta parte. Esto es especialmente válido para la investigación. No se puedo seguir obsesionado con los ranking internacionales, mientras se olvida la creatividad, la originalidad y la innovación. Una investigación arriesgada dirigida a solucionar las necesidades ciudadanas. No podemos permitirnos que así que pase un cuarto de siglo volvamos a despertarnos y el dinosaurio siga ahí. Enhorabuena a Rafael Garesse por su informado articulo.

    Me gusta

  6. Estas reflexiones sobre el recorrido por las reformas de la Universidad, para mi quedan muy concretamente expuestas por el autor en el penúltimo párrafo: «No es necesario inventar nada, ya que los cambios que se necesitan se llevan reclamando años y funcionan con éxito en numerosos países. Es un sueño que solo necesita altura de miras …» y tal como indica es necesario tener una altura de miras para llevar a cabo las reformas necesarias que nos conduzcan a la excelencia tanto docente como investigadora en la Universidad, que redunda en beneficio a la Sociedad.
    Enhorabuena.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s