EL CALLEJERO MALAGUEÑO DE 1939

Mari Pepa Lara García

Academia Malagueña de Ciencias

I. Antecedentes

En el año 2005, el Archivo Municipal, a través del Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, publicó la obra El Callejero de 1939, cuyo autor fue el archivero Rafael Bejarano Pérez. Pasado ya unos años, creí que podría ser interesante volver a traer a la atención del público y de los investigadores, la historia de cómo y por qué se realizó este Callejero.

Rafael Bejarano Pérez

Cuando emprendí el reto de hacer un estudio de la obra de dos archiveros municipales: Francisco Bejarano Robles y Rafael Bejarano Pérez: El Callejero de 1939, lo primero que me llamó la atención fueron las numerosas denominaciones que se le ha dado, a lo largo del tiempo, a los callejeros malagueños: guías, nomenclátor, callejeros, anuarios, indicadores, etc. Por ello, antes de nada, quisimos buscar en el Diccionario de la Lengua Española el significado de los vocablos más conocidos y usados; y este fue el resultado, entre otras definiciones, de las más acordes con lo que a nosotros nos interesaba en relación con este tema:  Guía, es una lista impresa de datos o noticias referentes a determinada materia. Nomenclátor, catálogo de nombres, ya de pueblos, ya de sujetos, ya de voces técnicas de una ciencia o facultad. Anuario, libro que se publica de año en año para que sirva de guía a las personas de determinadas profesiones, administrándosele datos para el ejercicio de ellas. Callejero, es una lista de las calles de una ciudad que traen las guías descriptivas de ella. Perteneciente o relativo a la calle.

Francisco Bejarano Robles

Como vemos, la que más se acerca al objeto de nuestro artículo, es la de callejero; sin embargo, en el Archivo municipal hay depositadas numerosas obras con la misma materia, y con una gran variedad de nombres que vamos a tratar de analizar. La más antigua que conservamos es del año 1838, y recibe el nombre de Guía de forasteros en Málaga y directorio manual útil a todos para el año de 1838. La siguiente en el tiempo es del año 1853, y se titula, Manual del viajero: de Madrid a Granada y Málaga. La obra de Benito Vilá, Guía del viajero en Málaga, de 1861, es una de las guías sobre la ciudad más completa, y difícilmente superable. El libro de José María Padrón, Málaga en nuestros días, de 1896, pese a su título, es también una guía completísima de nuestra ciudad. A partir del año 1866, estos libros reciben el nombre más frecuente de Guía de Málaga y su provincia. Del año 1899 es la titulada, Guía itinerario de Málaga: calles, plazas, paseos públicos, nueva nomenclatura urbana. Otras añaden a este título de guía: Indicador de España o de Málaga, Indicador del comercio y la industria, Indicador general, etc., y a continuación el año correspondiente.

Con posterioridad, se han realizado guías especializadas: monumental, turísticas, artísticas, comerciales, etc., como la Guía histórico-artística de Málaga; Guía monumental de Málaga; Guía de las cuevas de Málaga; Guía turística de la Costa del Sol. A partir del año 1919 es corriente que el título fuera el siguiente: Málaga en la mano: guía oficial de Málaga. Otros nombres son los que siguen: Guía del bañista en Málaga, 1930; Anuario general de Málaga; Guía oficial, comercial, industrial, profesional y del vecindario, 1930; Anuario-guía, 1934; Guía popular de Málaga, es el nombre que reciben todas las guías en el periodo de la II República.  Guía malagueña de bolsillo, 1951.

Entendemos que la primera vez que aparece el nombre de Nomenclátor, referido a la ciudad, es del año 1924.Con anterioridad, conocemos uno titulado Nomenclátor de la provincia de Málaga, 1878. El primer callejero o relación ordenada por distrito de calles, totalmente administrativo, es del año 1895, aunque no se llamaba así, recibía el nombre de Manual. En la Biblioteca Auxiliar del Archivo tenemos dicha obra titulada: Manual para los Sres. concejales… Contiene la relación nominal de los miembros de la Corporación…con información completa de las calles que conformaban los 10 distritos en los que se dividía la ciudad.

En relación a estos callejeros, del año 1909, existe un Índice alfabético y compendio de las calles y domicilios rurales que comprenden todos los distritos y secciones para facilitar el uso de las listas electorales. Hay, además, en el Archivo, algunos callejeros, sin indicación de años, suponemos que con el mismo motivo que el anterior mencionado.

Por estas razones, hemos llegado a la conclusión de que, el primer callejero, propiamente dicho, o al menos con ciertas características originales, es el de 1939, El Callejero de la ciudad e índice de las fincas rurales de su término, objeto de esta publicación. Con posterioridad, se han impreso muchos callejeros, con variantes en el título, a lo largo de estos años; éstos son totalmente administrativos.  Los dos últimos editados por el Ayuntamiento reciben los siguientes nombres: Guía urbana. Málaga, 2001, y Guía práctica de Málaga y sus polígonos industriales, 2004.

II. El Ayuntamiento de Málaga y la rotulación de sus calles

Desde sus orígenes cristianos, una vez creados los Ayuntamientos en las ciudades y pueblos, éstos, entre otras muchas cosas, se preocuparon de rotular las calles y manzanas. El de Málaga, no podía ser menos, y así, vemos en los cinco volúmenes que integran la colección de los Repartimientos de la ciudad (1487-1505), como todas las plazas, calles y manzanas recibían su nombre. Sin embargo, es difícil saber cuándo esto se reguló de forma oficial y de acuerdo a un reglamento. Nada aparece reglamentado sobre esta materia en las Ordenanzas, aprobadas y redactadas en 1556 e impresas en 1611. En las Ordenanzas de 1884, Capítulo III De la clasificación las calles, sólo se menciona que éstas se clasificarán en órdenes, atendiendo a su mayor o menor anchura, de primer o segundo orden.

Nomenclator de 1933

En las siguientes Ordenanzas de los años 1922 y 1924, y suponemos que en todas las posteriores, se repiten las normas en la clasificación de las calles atendiendo solo a su anchura como en las de 1884, pero nada aparece sobre la reglamentación de sus rótulos y nombres.

Como vemos, nada había legislado en estos años comentados en Ordenanzas municipales, con referencia a los nombres que debían llevar las calles de la ciudad. Y así llegamos al año 1887.  El 13 de enero de dicho año se emitió una Real Orden de la reina doña Cristina, publicada el 19 de enero en la Colección Legislativa, dictando las reglas para la revisión de las rotulaciones de calles y plazas y numeración de casas. Éstas fueron emitidas por el Ministerio de Fomento y, entre otras cosas, ordenaba: “Que V. S. dicte las órdenes convenientes para que con toda urgencia los alcaldes de los pueblos de esa provincia procedan a la revisión en sus respectivas localidades de la rotulación de las calles y plazas, así como de la numeración de las casas y edificios que la tengan ya establecida, disponiendo se ponga nuevamente ésta y aquélla en los puntos donde no exista o se halle incompleta o deteriorada.”

La orden llegó al Ayuntamiento de Málaga; y éste, en la sesión de Cabildo del 21 de octubre de 1887, aprobó sin discusión una propuesta de la Comisión de Ornato, relativa a la rectificación de los rótulos de las calles y números de las casas en armonía con lo preceptuado en la Real Orden de enero último.  En la sesión de 23 de diciembre acordó el Ayuntamiento, entre otros casos, lo siguiente: Que se corrigiesen los defectos de ortografía y gramática que tuviesen las lápidas ya colocadas. Que en lo sucesivo fuesen revisadas las losetas por la Comisión de Ornato, antes de que se pusiesen. También se aprobó que los nombres de personajes emblemáticos o importantes, se diesen a las calles más céntricas. 

En el tomo de las Actas Capitulares del año 1887, al final, se han adjuntado 21 folios, con fecha 21 de octubre de dicho año, procedente de la Comisión de Ornato, relacionando o proponiendo al Cabildo municipal una amplia serie de nombres para conservar o imponer a las calle y plazas de la ciudad, llevando a cabo, con estas actuaciones, la Real Orden de 13 de enero de 1887. Creemos pues, que hasta 1939 no se volvió a emprender una actuación de este tipo, como veremos a continuación.

III. El Callejero de 1939

Este callejero -como nos explica minuciosamente Rafael Bejarano, después de estudiar el amplio expediente que se produjo para su redacción-. fue instruido a instancias de Juan Temboury Álvarez, entonces gestor de Cultura del nuevo Ayuntamiento, con el apoyo del gestor Pedro Luis Alonso, y del alcalde Enrique Gómez Rodríguez, e iniciado el 20 de febrero de 1937.

Su coordinación y confección le fue encomendada al archivero-bibliotecario Francisco Bejarano Robles, y desde el Archivo municipal se llevó a cabo esta tarea, ya que allí contaban con amplios medios para su redacción:  callejeros antiguos, documentación histórica sobre las calles (que luego se plasmarían en la publicación en el año 1941 de Las calles de Málaga), padrones, etc.;  y allí se recibían los datos de las pesquisas realizadas por el personal de las distintas dependencias municipales: Arquitectura, Ingeniero, Policía municipal, Estadística, etc.,  encargadas por  dicho archivero, donde se revisaban, completaban y, finalmente, se redactaban los textos.

No vamos a insistir más en el desarrollo efectuado en la confección del texto del callejero de 1939, pues ya Rafael Bejarano lo detalla por menudo, advirtiéndonos sobre todo, y muy acertadamente, de la indiscutible vinculación que existe entre cualquier callejero con la historia de la ciudad a que se refiere y, en especial, con su geografía urbana.

Sí queremos mencionar, sin embargo, las conclusiones que, a modo de resumen, expone al final, las cuales fueron directrices seguidas para realizar aquel callejero, que aquí se reedita íntegro como apéndice.

Y terminamos con una simple alusión a las ilustraciones, destacando: las relativas a la situación y emplazamiento de la ciudad; el plano referente a los distritos municipales y el de zonas de ensanche; y ciertas fotos que nos muestran y recuerdan algo de la vida cotidiana de aquel entonces.

El callejero, dadas sus características, desde su publicación en 1939, ha sido ampliamente consultado por la propia Administración: Cemi, oficina de Padrones, Comisión para la denominación de calles, personal del Archivo Municipal en la redacción de certificados de empadronamientos, arquitectos  -interesados en el trazado urbanístico de las calles de Málaga de aquellos años, para ver los cambios efectuados hasta nuestros días-; así como comprobar los Distritos en que estaba dividida la ciudad; y lo que también resultaba muy novedoso en aquellos años: las zonas rurales.

Ha sido utilizado, además, por los investigadores y estudiosos de la historia de Málaga, cuando necesitaban un contexto físico de la ciudad para encuadrar sus textos, tanto de tipo históricos como literarios. Quien quisiera estar al corriente de los distintos nombres que han tenido las calles de Málaga, su emplazamiento exacto, a lo largo del tiempo, le resultaba imprescindible manejar este callejero.

Por ello, Rafael Bejarano Pérez creyó interesante ofrecer el facsímil en apéndice, y al mismo tiempo, estudiar ampliamente, el proceso seguido en su redacción, dando a conocer todos los motivos que tuvo la Institución municipal para su confección, y cómo, después de muchas dificultades, se llegó a su edición en 1939. También queremos reseñar que el Ayuntamiento, una vez publicado el libro, gratificó a Francisco Bejarano con 500 pesetas -por un acuerdo del Pleno de 17 de mayo de 1939-, por el esfuerzo realizado al coordinar y redactar este callejero tan imprescindible para aquellos momentos. La tirada fue de 1.500 ejemplares, y el precio de la unidad, 2’50 pesetas.

Al comentar un texto que sigue un proceso predominantemente administrativo, y, por tanto, más laborioso de exponer, Rafael Bejarano quiso amenizarlo en lo posible con imágenes de la Málaga de la época, para encuadrarlo en su tiempo: el contexto histórico de los años cuarenta-cincuenta, años de una dura posguerra. Consideramos que esto ha sido un acierto, tanto como incluir el facsímil que dará a conocer a todos los malagueños una parte olvidada de su historia. Estas ilustraciones de calles, a veces desaparecidas, como la plaza de los Moros (a espaldas de la plaza de la Marina, hoy Sancha de Lara); personajes de la época, también desaparecidos con su pobreza, afortunadamente, dan a la obra un encanto, decididamente nostálgico y conveniente para comprender cómo era la Málaga de entonces. Y aportando, también, una serie de planos que se elaboraron con motivo del ensanche de la ciudad para la realización del callejero.

Asimismo, se incluyeron en la obra, algunas portadas de diversos callejeros, guías y nomenclátor, para que pudiera conocerse la variedad temática de esta clase de instrumentos municipales, los cuales ya hemos visto con anterioridad, podían ser administrativos, turísticos, comerciales y artísticos, o todo a la vez. Al margen de los acontecimientos que produjeron los cambios y la posterior restauración, no podemos omitir el valor e interés de aquel antiguo callejero, que sigue siendo consultado con frecuencia por los que buscan en las veraces fuentes bibliográficas los pilares de nuestra historia. Como otras veces, Rafael Bejarano vuelve a estudiar, completar y difundir una obra de su padre, Francisco Bejarano. Dos archiveros municipales que han dedicado gran parte de su vida profesional, y nosotros añadiríamos y personal, a conservar, estudiar y divulgar la historia de Málaga en sus múltiples facetas.

3 comentarios en “EL CALLEJERO MALAGUEÑO DE 1939

  1. Documentado y variado texto, articulado entorno al callejero de 1939, pero que nos ilustra acerca de otras acepciones y definiciones de documentos similares y que venían a recoger la «vida» de Málaga a lo largo del tiempo.
    Enhorabuena, Mari Pepa!!

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    1. Me alegro le haya gustado. Aparte de dar a conocer un espléndido Callejero que, aún hoy, se sigue consultando, mi principal motivación era rendir homenaje a los dos Bejaranos, padre e hijo, por su extensa trayectoria de casi un siglo en la dirección del Archivo Municipal, dando a conocer sus fondos, a través de numerosas publicaciones de ambos

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  2. Un magnífico homenaje a los dos Bejarano que, además de ser académicos, han dedicado su vida al estudio, organización y catalogación del Archivo Municipal. Dar a conocer «esta otra historia de Málaga», tal y como tú lo haces, es hacer justicia a todas aquellas personas que la han ido construyendo con su trabajo callado pero que ha pasado a formar parte de la Cultura de todas las generaciones que les han seguido y que pueden aprovechar el estudio y el trabajo que todos ellos han realizado.

    Te felicito por la minuciosidad con la que te refieres a fechas y documentos, que ponen de manifiesto el interés profesional que siempre has mostrado en tu trabajo. Te seguiremos leyendo con interés en cada uno de los artículos que vayas insertando en este blog y en los lugares donde publiques. Un afectuoso saludo

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