ANDALUCÍA Y SU FUTURO

Desde su constitución en 1872, la Academia Malagueña de Ciencias ha generado documentada opinión en los diferentes momentos críticos por los que ha atravesado la sociedad malagueña, fruto de sus principales valores basados en la combinación de ciencia, conocimiento y experiencia. En la compleja situación actual, se han generado en el ámbito académico diversas reflexiones sanitarias, territoriales, ambientales, urbanas, etc., sobre el modelo “post COVID” más razonable para Málaga. Con idea de estructurarlas y que puedan convertirse en un monográfico de referencia de nuestra academia, iniciamos una nueva serie de aportaciones con perspectiva ambiental que complemente a la anterior.

José Ángel Narváez Bueno

Academia Malagueña de Ciencias

Transcurrido un año del inicio de la pandemia, empezamos a padecer sus terribles consecuencias. Unos efectos que se dejan ver de forma negativa en todo lo que nos rodea, en nuestros modos de vida y de relación. Tras la adaptación a marchas forzadas a esta nueva situación, que debe anteponer la preservación de nuestra salud pública, tenemos ahora por delante una necesaria, aunque difícil, recuperación económica, social, cultural e incluso educativa.

Puede que las circunstancias atravesadas estos meses atrás, todo el esfuerzo invertido de manera colectiva, nos hayan dejado exhaustos. Pero no debemos dejarnos guiar por el pesimismo: todo lo contrario. Desde la óptica universitaria, por ejemplo, el sistema público compuesto por las universidades andaluzas ha dado muestras diversas de su indudable compromiso y valía. Han sido muchas las acciones, a través de la investigación o de la formación, pero también mediante la solidaridad o la colaboración con la sociedad, que han evidenciado cómo las universidades son agentes imprescindibles para liderar el desarrollo, presente y futuro, de nuestra comunidad autónoma.

Las universidades andaluzas tienen a su cargo la responsabilidad de la formación superior de más de 250.000 estudiantes. Una formación que no solo pasa por la mera transmisión de conocimientos. Está entre nuestras tareas la de proyectar la transferencia múltiple de saberes hacia la sociedad, mediante acciones de extensión de toda índole. Y entre ellas no es menor la del modelaje de buenos ciudadanos que sepan comportarse de acuerdo con las circunstancias, que lideren proyectos capaces de combatir cualquier crisis. Que sean mujeres y hombres de su tiempo, en definitiva, conscientes de su pasado e implicados con su porvenir.

Una de las más elevadas misiones de la Universidad es la de capacitar a profesionales que al mismo tiempo se integren en una ciudadanía valiente y comprometida con valores democráticos de justicia y libertad. La universidad andaluza debe seguir siendo lo que ya es: esa herramienta útil para la transformación social, para buscar respuestas a las grandes interrogantes del mundo actual, para aportar soluciones a los problemas de nuestra comunidad y del mundo global donde está inserta. Para generar y transmitir conocimiento lejos de cualquier inercia, paralización o ensimismamiento.

En estos tiempos convulsos o inciertos, donde la pesadumbre puede atenazar cualquier voluntarismo, donde la COVID-19 ha dejado su poso pandémico y el desasosiego puede frenar cualquier idea o plan de innovación futura o de revitalización, la Universidad ha de dar un paso al frente y actuar en positivo. Desde la UMA trabajamos sin descanso para llevar los avances de la ciencia a la sociedad andaluza.

Por poner algunos ejemplos cercanos, esta transferencia se ha traducido en la fabricación de respiradores, en la capacidad para realizar pruebas sanitarias, en la realización de estudios sociales o humanísticos útiles para la sociedad, etc. El esfuerzo se ve enriquecido asimismo por iniciativas surgidas en la propia organización, mediante el voluntariado, la colaboración con la empresa, el emprendimiento o la expansión internacional.

Investigación, transferencia, innovación, estudio, proyección… Abordamos con energía todos estos retos porque creemos con firmeza que la formación y la actividad universitaria constituyen un bien preciado que merece la pena. Solo la mejora de la educación de la juventud andaluza nos ayudará a mantener la esperanza de seguir creando poco a poco una sociedad más sostenible, más democrática, más justa, más solidaria, más fuerte.

Sin duda nos encontraremos muchos escalones en nuestro camino. Y pese a tanto esfuerzo, puede que ni la Universidad, ni la investigación, ni siquiera la ciencia aparezcan en el debate público una vez acabe la pandemia. Y ello a pesar de que el único resquicio de optimismo ha venido precisamente del aliento investigador. Pero las universidades públicas andaluzas seguiremos trabajando. Nuestra responsabilidad es dar respuesta a todo lo que pueda depararnos el futuro. Queda mucho por hacer, pero estamos convencidos de que no hay razón alguna para desistir.

4 comentarios en “ANDALUCÍA Y SU FUTURO

  1. Un mensaje ilusionante y esperanzador que permite ser optimista ante el futuro de Málaga. La Universidad es un elemento fundamental en la sociedad y es la cuna de la formación universal de los jóvenes. Mantener esa esencia es también un reto que debemos encarar ante los profundos cambios sociales.

    Felicidades por este artículo.

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  2. Sin duda que, el “aliento investigador”, es la aportación estructural de la Universidad pública a la sociedad, con la precisión, de que ,en este “resquicio de optimismo”, la sociedad y las instituciones solo son receptivas, de modo parcial, al I+D+I de la biomedicina y de la ingeniería.

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  3. Me ha gustado mucho el enfoque de optimismo que da el artículo. La visualizacion del papel que ha tenido y debe tener la Universidad en la pandemia y post-pandemia esta puesto en valor de forma muy clara. Muy interesante. Gracias

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  4. No creo que nadie sensato dude del valor de la investigación. Otra cuestión es la Universidad en cuanto responsable de gestionar esa investigación.

    El título del artículo es «Andalucía y su futuro», es decir, «Las universidades andaluzas y su futuro», según se infiere además del texto. Más allá de mensajes alentadores y llenos de esperanza, más allá de reconocer los méritos propios de las universidades andaluzas o de la Universidad de Málaga en particular, también cabría preguntarse cómo la forma de gestionar la investigación, una forma basada en la adscripción —cuando no dependencia, voluntaria o involuntaria— de las universidades andaluzas a las necesidades de una Administración autonómica, afecta a los resultados.

    Universidades andaluzas, investigación andaluza, ciencia andaluza… A un político le podrán sonar muy bien todas estas expresiones. A un científico, no tanto. ¿Ha servido esta crisis planetaria para calibrar la competencia real de las universidades andaluzas frente al resto del mundo en materia de investigación? Si no se analiza este punto, mantener la esperanza no es sino condenarse a repetir una y otra vez lo mismo.

    En cuanto al debate público, no creo que la opinión pública se olvide ni deje de valorar positivamente la investigación una vez pasada la pandemia, tampoco la ciencia ni la Universidad. Lo que sí puede ocurrir es que se olvide de las universidades andaluzas.

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