¿ES RAZONABLE LA PRESIÓN TURÍSTICA QUE SOPORTA LA COSTA DEL SOL?

Desde su constitución en 1872, la Academia Malagueña de Ciencias ha generado documentada opinión en los diferentes momentos críticos por los que ha atravesado la sociedad malagueña, fruto de sus principales valores basados en la combinación de ciencia, conocimiento y experiencia. En la compleja situación actual, se han generado en el ámbito académico diversas reflexiones sanitarias, territoriales, ambientales, urbanas, etc., sobre el modelo “post COVID” más razonable para Málaga. Con idea de estructurarlas y que puedan convertirse en un monográfico de referencia de nuestra academia, iniciamos una nueva serie de aportaciones con perspectiva ambiental que complemente a la anterior.

Víctor Díaz-del-Río Español

Academia Malagueña de Ciencias

Soy plenamente consciente de que polemizar sobre la industria turística en la Costa del Sol y poner en solfa su modelo de explotación, es asunto de alto riesgo que puede acarrearme el descrédito y la descalificación de por vida, pues es bien sabido que se trata de la primera industria nacional y que supone un recurso del que viven muchas familias; a pesar de ello pondré “el dedo en la llaga”, pase lo que pase. Con este monólogo al que me fuerza la pandemia de la COVID-19 y que ahora comparto en este blog, pretendo sumergirme en la médula de un principio troncal que sostiene la idea de que tenemos que cuidar los recursos naturales, pues son el imán que atrae al turismo, y a través de él intentar convencer a los lectores de que no podemos agotarlos ni deteriorarlos gravemente pues traería como consecuencia la muerte de la industria turística por un exceso de éxito. No todo vale para atraer al turismo.

Tenemos ejemplos en el litoral mediterráneo español que ponen de manifiesto las aberraciones urbanísticas -verdaderos atentados paisajísticos- que se pueden llegar a levantar en plena costa, invocando la necesidad de crear infraestructuras turísticas, defendiendo dicho modelo a ultranza al contemplarse como inversiones que generan importantes retornos socioeconómicos. Son ciudades verticales horripilantes que incomprensiblemente inspiran a algunos impenetrables gestores de la cosa pública y les impulsa a cometer los mismos errores que allá perpetraron otros.

Pero los malagueños no tenemos que ir muy lejos para comprobar cómo se defiende misteriosamente alguna infraestructura que se pretende clavar como una gigantesca estaca en la misma puerta del mar de una hermosa ciudad, como es el caso de nuestra capital. Un inmenso pináculo hincado en unos pocos metros cuadrados de hormigón ganados al mar para estabular verticalmente a una ingente cantidad de turistas, precisamente en el momento en el que la vida nos está demostrando que el hacinamiento resulta perjudicial para la salud. ¿Ha merecido la pena esta ocupación del medio marino para clavar en su falso suelo un esperpento de semejantes dimensiones?, ¿no es suficiente la exagerada verticalidad del barrio de la Malagueta -con la mayor densidad de población de la capital-, como para que ahora añadamos esta faraónica pica que mancilla un escenario tan atractivo e icónico -con su exclusiva “manquita” y su alcazaba- como es el “skyline” malagueño contemplado desde la mar?

El barrio de la Malagueta, con su exagerada verticalidad, ocupa un lugar emblemático en el paisaje urbano, pero también ha cubierto un inmenso espacio dominado por los sedimentos litorales invadiendo las zonas de playa.

No quiero tampoco referirme, única y exclusivamente, al modelo turístico de la capital -que cuenta con el valor añadido de su variada oferta cultural y el demérito de su discutible y abusiva ocupación hostelera de la vía pública-, que siendo importante referencia no lo es todo en esta costa tan desordenada y explotada con deficiente sostenibilidad. Recordando la gravedad de los déficits ambientales que mi colega el académico J.D. Ruíz Sinoga ha reflejado en un anterior artículo, quiero añadir otros aspectos que considero cruciales y que pueden incrementar la fragilidad de la industria turística en la provincia de Málaga -que son igualmente aplicables a muchas otras zonas del litoral mediterráneo español-.

Conocida mi condición de oceanógrafo y litoralista, no voy a hacer aquí un recorrido “geoturístico” por la costa de Málaga señalando los problemas evolutivos de los relieves costeros, y de las playas y aguas del litoral, derivados de su uso desmedido –no olvidemos que la concentración de población en la franja costera está produciendo un incremento de la contaminación que no se ve pero que sí acusan las especies planctónicas y bentónicas-, aspectos que cada cual podrá deducir con un mero análisis realizado con cierta perspectiva. Pero sí que aprovecharé la ocasión para llamar la atención sobre algunos problemas derivados de los efectos de la presión que ejerce el excesivo incremento de población (estable y ocasional) y las actividades que desarrolla en el medio natural.

No menos grave ha sido la obsesión por aglomerar al turismo en edificaciones construidas en primera línea de playa, con consecuencias desastrosas para las vidas humanas, el dinamismo natural del litoral y las propias infraestructuras. Un estudio reciente del IGME indica que en los últimos 10 años los desastres costeros han ocasionado 111 fallecidos y pérdidas económicas por valor de 825 millones de euros, siendo el de mayor impacto el litoral mediterráneo y la provincia de Málaga la que registró el número de eventos catastróficos más elevado (15 – 16).

Los datos aportados por el IGME son lapidarios. Málaga juega al riesgo permanente -máxime en situación de Cambio Climático con el riesgo añadido del ascenso del nivel marino- sin querer ver que hay opciones para disminuir la presión turística sobre la costa.

El litoral de la provincia de Málaga -la Costa del Sol en términos turísticos-, es un referente mundial de primer orden. En términos de gestión ambiental ocupa una franja continental de unos 10km de anchura, lo cual supone unos 1.610 km2 de superficie afectados por la presión resultante de su explotación turística. Cuando hablamos de la Costa del Sol nos referimos a un  mosaico compuesto por 14 municipios que se disponen en un fragmento de costa de naturaleza muy variada y que, de poniente a levante, son: Manilva, Casares, Estepona, Marbella, Mijas, Fuengirola, Benalmadena, Torremolinos, Málaga, Rincón de la Victoria, Vélez Málaga, Algarrobo, Torrox y Nerja. La población estable de todos ellos alcanza la espectacular cifra de 1.364.837 habitantes, sobre un total de 1.685.414 habitantes en la provincia. Solamente 320.577 habitantes ocupan el interior de la provincia. El incremento poblacional que se establece temporalmente durante el verano en toda la Costa del Sol es antológico, sirva de ejemplo el dato ofrecido por la Diputación Provincial del número de visitas en 2019 -año prepandémico de referencia más reciente- que superó la barrera de los 13 millones, alcanzándose en agosto la cifra de 7,3 millones de pernoctaciones.

Los ejemplos de erosión costera abundan en la Costa del Sol. Poner remedio a estos desastres está al alcance de nuestras manos. Solo hace falta voluntad para hacerlo.

Semejantes datos tan llamativos nos  alertan ante un futuro postpandémico que tendríamos que encarar con actitudes y modelos de explotación de la costa diferentes. No se trata de modernizar la industria turística, pues es relativamente joven y cuenta con infraestructuras muy modernas. Se trata de actualizar el modelo de explotación y adecuarlo a las enseñanzas que nos ha dejado esta pandemia, si es que alguien quiere tomar nota de ellas, y a pesar de que hay quién niega que nos haya enseñado algo. Puede resultar manida la expresión “repensar Málaga”, muy utilizada en este blog, que siendo una recomendación muy plausible no deja de antojarse irrealizable mientras el proceso de pensar -convertido ya en suceso, por mor de la rápida y cómoda digestión de ideas regurgitadas por nuestros líderes ideológicos en mensajes de 280 caracteres- no vaya acompañado por un cambio de mentalidad, fruto de un proceso de reorientación del sector desarrollando, por ejemplo, ciclos prospectivos en los que intervengan todos los actores interesados, de manera que se pueda otear un horizonte diferente que resulte aún más rentable del que actualmente se ofrece bajo la soporífera oferta de “sol y playa”.

Existe un inmenso caudal de conocimiento que podría transformarse en propuestas de iniciativas para el sector, si bien, su desarrollo no depende solo de los inversores si no que ha de ser, sobre todo, la Administración la que se determine a impulsar las decisiones oportunas que puedan llevar a buen término aquellas iniciativas. Si algo resulta estratégico para impulsar esta nueva vertebración en el uso del territorio es la extensión de la fibra óptica y las infraestructuras viales de muy bajo impacto ambiental que supriman el aislamiento de muchas zonas potencialmente útiles para estos fines. Es fundamental imponer un modelo de integración en la naturaleza que lo haga fuertemente competitivo. Los tiempos nuevos favorecerán el surgimiento de nuevos perfiles sociológicos de profesionales que, muy probablemente, demandarán servicios alejados de los núcleos urbanos superpoblados o de las zonas turísticas sobreexplotadas, que a muchos ya les están resultando incómodas. Muchos de ellos encontrarán beneficios y mayores satisfacciones ejerciendo su profesión en un entorno así.

El hacinamiento de la población en el litoral es un hecho que no requiere de más datos que la observación directa del paisaje.

Observo como la sociedad muestra una lógica tendencia a acercarse de nuevo a la naturaleza -de aquí el gusto creciente por disfrutar del turismo rural en los lugares más diversos, e incluso trabajar en entornos más relajados apartados del dinamismo urbano, vertiginoso y estresante-, alejándose de las grandes ciudades dominadas por un exceso de asfalto y hormigón. Este impulso conviene aprovecharlo para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y así minimizar la aglomeración tan perjudicial en momentos críticos como los que nos ha tocado vivir y como, con mucha probabilidad, podrían volver a suceder. La globalización y el cambio climático nos atenazan con nuevas amenazas creíbles.

¿Es que Málaga no tiene más que la Costa del Sol, y zonas aledañas, como reclamo turístico? Mucho se ha escrito en este mismo blog de la AMC sobre las oportunidades en tiempos de pandemia. Hemos traído opiniones de expertos que defendían la utilización del medio rural para algo más que la agricultura, la ganadería o el ocio rodeado de bosques, con paseos infinitos por cañadas, cordeles, veredas y coladas. Pero, ¡cuidado!, no vayamos a intentar sacar del pozo más agua de la que tiene. Las iniciativas que surjan para descongestionar el litoral no pueden hacerse a costa de la sobreexplotación de los recursos hídricos, un riesgo que podría arruinar las inversiones y, lo que es peor, supondría un peligro real para las poblaciones rurales.

Hay oportunidades que se pueden gestionar de forma sostenible cambiando el modelo de explotación, respondiendo así a las demandas de “aire puro” que se imponen en la sociedad a pasos agigantados.

Es un hecho evidente que nuestras playas -prácticamente todas regeneradas y en proceso de erosión derivado de los cambios ambientales y de la antropización de la costa-, no podrán subsistir por sí mismas, y su sostenimiento resultará cada año más caro, económica y ambientalmente. Tenemos claras oportunidades más allá de la costa, acercando la mar a la montaña y la montaña al mar. ¿Cuándo comenzaremos a actuar? La respuesta está en manos de muchos, y no solamente de los que polemizamos con las oportunidades que nos ofrecen los nuevos horizontes postpandémicos.

11 comentarios en “¿ES RAZONABLE LA PRESIÓN TURÍSTICA QUE SOPORTA LA COSTA DEL SOL?

  1. “Si algo resulta estratégico para impulsar esta nueva vertebración en el uso del territorio es la extensión de la fibra óptica y las infraestructuras viales de muy bajo impacto ambiental que supriman el aislamiento de muchas zonas” Victor, soluciones adecuadas para disminuir el aislamiento rural y provocar ese acercamiento litoral, descongestionandolo, al interior, poblándolo. Mi duda es si la tendencia es hacia un cambio de modelo poblacional estructural o es tan solo coyuntural. Mi percepción es que a día de hoy el visitante urbano aspira, en general, al disfrute máximo de unas vacaciones en el agro, pero que vuelve a su entorno urbanita a las comodidades y oportunidades entre las que se ha criado y formado. Ese es el reto, que el medio rural le ofrezca un entorno amigable y duradero que hagan de él un destino estable.
    Buen trabajo!!!

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    1. Creo que hay Ciencia suficiente como para poder orientar muchas iniciativas que reconduzcan el uso que se está haciendo del medio fisico con fines turísticos. La cuestión es que la industria y la politica quieran utilizar el conocimiento científico para hacer mejor uso de ese espacio natural que es el territorio con fines turístivos, compatibles con el descongestionamiento de las grandes urbes.

      Es de desear, como dices, que las decisiones que se tomen, si se toman, no vayan a repetir errores perpetrados en la costa (o como los que aún se quieren perpetrar infravalorando la opinión de los críticos).

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  2. Me gusta ver que hay alternativas con sentido común. Los datos científicos que ofrece el académico son incuestionables. Reulta curioso observar como los políticos y empresarios reclaman mayor apoyo a los cientificos, y cuando estos ofrecen sus datos pasan a ser cuestionados cuando no coinciden con sus intereses. Los costes de los eventos catastróficos son insostenibles, y los de las contínuas regeneraciones de playas imposibles de casar con las persistentes politicas de ocupación turística de la costa fomentada por los ayuntamientos y las administraciones provincial, regional y nacional. La tendencia de la población por la búsquwda de una vida más sana alejada de las aglomeraciones urbanas tiene sentido y podría ser utiluzada pir la Admisistración del Estado para mejorar la vida rural y desplazar piblación a la España despoblada. Ideas no faltan en este articulo.

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    1. Es esperanzador comprobar que hay personas que ven viables las alternativas que se proponen en este post. Gracias por sus palabras.

      Como científico he podido experimentar el desabrimiento que se siente cuando los datos científicos apuntan a una dirección y las decisiones políticas apuntan a la contraria. Solo cabe esperar que esto no siga sucediendo así.

      Hay amenazas que no podremos evitar y que acarrearán algunos desastres cuyos costes de restauración serán muy elevados. Interesa que los gestores de la cosa pública sepan ver más allá de los retornos de las inversiones a corto plazo y, sobre todo, valorar el coste ambiental que tengan las iniciativas que emprendan.

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  3. Como bien dices has puesto “el dedo en la llaga”, exponiendo problemas y presentando alternativas. No hay que repetir los errores del pasado ni en la costa ni en el interior. Me ha gustado la llamada de atención al incremento de la contaminación de las playas y aguas costeras que no se ve pero que sí acusan las especies planctónicas y bentónicas.
    Una exposición valiente que refleja las preocupaciones medioambientales y propuestas de mejora.

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  4. No solo las “estacas” clavadas o por clavar particularizan desviaciones, los errores en la poco inteligente ocupación del territorio en la Costa del Sol y, en particular, en su capital provincial, agregan la carencia de viales complementarios a la red de carreteras. Anti modelo que ha excluido de las “estacas”, construidas o por construir, el problema de su integración en un coherente sistema de viabilidad, que ha aportado la reciente iniciativa -muy smart- de complejos túneles paralelos a la costa, sin reparar en la contradicción conceptual, apreciable por personas con sentido común -no necesariamente smart- que la denominación del espacio territorial es Costa del Sol.
    Mi identificación con el objetivo de “Repensar Málaga” con el valioso propósito de evaluación social e institucional.

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    1. El diseño de redes viales complementarias es una de las conveniencias que mejorarían las condiciones de vida en lugares alejados de los nucleos urbanos, focos de población que sí están bien enlazados con carreteras modernas puesto que han sido pensadas para satisfacer ese objetivo. Conviene tambien pensar en la posibilidad de integrar mejor las viviendas en la naturaleza, de forma que no destaquen en el paisaje y dispongan de comunicaciones que permita a los habitantes disfrutar del tipo de vida que han buscado lejos de la ciudad. Esto no es aislarlos, es sencillamente no aglomerarlos. Pensar el modelo más viable es un reto que la sociedad puede arrostrar. Yo no lo dudo.

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  5. Enhorabuena Víctor. Cuando se venza la pandemia no solo se volverá al modelo anterior de explotación de los recursos sino que se sobrepasará. Solo así se explica la compra de hoteles y la construcción de pisos de alquiler turístico por grupos de inversión. Ni una sola declaración de ni un solo político está cuestionando el modelo anterior. Málaga carece de alternativas a medio plazo. ¿Que tipo de inversiones podrían sustituir al turismo de masas? Si las hay donde están los inversores?. Si con el turismo de masas no se ha conseguido solucionar el paro estructural, será posible hacerlo sin el?. Demasiadas preguntas sin respuestas. Romper el nudo gordi año del paro vs ecología es más complicado que el que resolvió Alejandro.

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    1. Gracias por tu comentario, Federico. Cierto que romper ese nudo gordiano será muy dificil, pero creo que no imposible. No pierdo la esperanza en ver más CORDURA entre empresarios y politicos. Si no fuera así de modo natural, entonces será la Naturaleza la que se lo muestre de forma más ruda. Está muy claro que en un escenario de Cambio Climático no podemos seguir aumentando la presión turística en el litoral y menos aún en la Costa del Sol. El dato de eventos catastróficos, el más elevado de todo el Mediterráneo español, aumentará sensiblemente y los costes de restauración también se incrementarán, siendo insostenible esa tendencia al alza de costes económicos y ambientales. No hace falta ser profeta para verlo. Solo hace falta mirar.

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