PESCA MARÍTIMA Y COVID-19. ALGUNOS EFECTOS EN LA ERA DIGITAL

¿Cómo pueden contribuir las ciencias sociales y las humanidades al análisis del impacto que la pandemia de COVID-19 está teniendo en la sociedad? Diversos académicos pertenecientes a la Academia Malagueña de Ciencias, encuadrados en la Sección de Ciencias Sociales, traerán a esta tribuna de opinión sus particulares perspectivas sobre este asunto. Intentamos así contribuir al encuentro entre las ciencias y las humanidades. Es este un objetivo prioritario, pues parece  imprescindible que juntos pensemos el mundo, ya que no es la naturaleza la que se especializa sino los humanos. La especialización ha contribuido de manera muy importante al aumento de la información y al progreso, pero también hay en este momento un exceso de información, una infodemia, que no siempre contribuye a la mejora del conocimiento. El pensamiento crítico independiente de los académicos, nos permitirá conocer mejor los desafíos a los que la sociedad se enfrenta como consecuencia de esta catástrofe mundial sobrevenida.

Juan A Camiñas Hernández

Academia Malagueña de Ciencias

Desde hace algunas décadas la pesca extractiva es considerada por algunos sectores como una de las plagas que los humanos infligimos a mares y océanos. Se ha constatado un aumentado significativo de las distintas presiones humanas sobre los ecosistemas marinos durante las últimas décadas. Como consecuencia de ello, la pesca industrial, como parte de esas actividades, ha provocado una notable alteración de hábitats y la reducción de la biodiversidad, así como problemas, en ocasiones graves, a las principales poblaciones de peces explotados, sin contar el extendido hecho de la captura de especies no objetivo y de especies protegidas (el denominado bycatch). Pero es importante recordar que la pesca extractiva se considera fundamental en las estrategias de seguridad alimentaria y nutrición nacional, regional y mundial, y contribuye a la sostenibilidad a largo plazo de los sistemas alimentarios, para así eliminar el hambre en el mundo y poder abordar los problemas derivados de la malnutrición, reduciendo las enfermedades relacionadas con la dieta.

La pesca marítima no se puede tratar como una actividad aislada y desvincularla del resto de actividades que se desarrollan en mares y océanos. Pero no es esta la ocasión para analizar otros aspectos que conllevan efectos naturales y antrópicos negativos sobre los ecosistemas marinos, como por ejemplo el cambio climático y las condiciones cambiantes de los océanos, en particular el aumento de la temperatura del agua, la desoxigenación y la acidificación de los mares que están afectando la distribución y abundancia de las poblaciones de peces en muchas regiones; la explotación de los recursos estratégicos del fondo marino; la contaminación por hidrocarburos; las enormes masas de plásticos flotantes y basuras marinas; el intenso tráfico marítimo; los vertidos urbanos no reciclados (problema de primer orden en las costas andaluzas y españolas) o el blanqueamiento de los corales. Tengamos en cuenta que la pesca es solo la punta del iceberg de las distintas presiones que afectan a los mares del mundo.

La actividad pesquera es multisectorial y engloba la extracción, pero también la acuicultura, la comercialización, procesado, conservación y transporte, el consumo, la construcción naval, la investigación, etc., y se desarrolla tanto por medio de pequeñas embarcaciones locales que proveen alimento de subsistencia como por grandes empresas multinacionales. Un aspecto clave para que esos sectores puedan funcionar es la extracción, precedida de la preparación y pertrecho de las embarcaciones pesqueras que salen a faenar hasta los caladeros -en ocasiones lejanos y arriesgados-, para traer el producto de la pesca a tierra, a las lonjas y mercados pesqueros y venderlo fresco o conservado trasformado a bordo, para incorporarlo al mercado de los congelados. El pescado y los productos pesqueros se encuentran entre los productos alimenticios más comercializados y demandados del mundo, y el 38% del pescado producido ingresa en algún canal de los mercados internacionales. El pescado vivo -fresco o refrigerado-, que representa el 45% del pescado consumido, es un producto altamente perecedero que presenta desafíos logísticos adicionales. Pero no sólo la pesca, también son semejantes los servicios de la acuicultura, en la que los impactos de COVID-19 sirven de recordatorio de la necesidad de que sea una actividad resiliente y esté preparada para manejar desastres futuros.

La COVID-19 está afectando a los humanos y a sus actividades, a sus relaciones, a las familias y a todo el entramado socioeconómico, incluido el sector pesquero. Desde el inicio de la pandemia muchos científicos y profesionales del sector, fuimos conscientes de la necesidad de hacer un seguimiento de ese impacto en las flotas españolas. En la primavera de 2020 el Dr. José C. Báez –experto científico del Instituto Español de Oceanografía-,inició un estudio basado en encuestas realizadas a las cofradías de pescadores del que se sustrae una interesante conclusión: si bien el decreto de alarma (Real Decreto 463/2020) contempla que las actividades de la pesca deben garantizarse para asegurar el abastecimiento de la población y que los pescadores deben seguir realizando las labores necesarias para garantizar el mantenimiento de la actividad, no podían cumplir con las exigencias del gobierno en cuanto a la continuidad de la actividad, debido a que carecen de las medidas mínimas de seguridad necesarias.

No hay que olvidar que la flota pesquera, muchos de cuyos buques son de pequeña eslora y con reducida superficie en cubierta para operar y maniobrar, enrolan un importante número de personas que deben interactuar entre ellas para poder realizar las faenas de pesca, y que al llegar a tierra tienen contacto con sus familias respectivas, pudiendo actuar como vectores de propagación del virus. Lo que se observó desde el comienzo de la crisis -cuando las dificultades para adaptarse a las leyes y a las actividades eran más complicadas por falta de experiencia y preparación o medios-, fue que, tanto la actividad de las cofradías como de las embarcaciones, costeras o de altura y gran altura, e incluso el monitoreo científico que realiza el IEO y otras instituciones científicas y técnicas autonómicas, se habían visto seriamente perjudicadas, con una disminución neta de la actividad y de los desembarcos, y por tanto había afectado a organizaciones, empresas, familias, pescadores, patrones, empresarios y a toda la cadena de alimentación.

La FAO, como no podía ser de otra forma, como responsable de analizar y apoyar la pesca y acuicultura mundiales, se preocupó por los efectos del COVID en estos sectores. Como dice la Organización “a pesar de que COVID-19 no afecta el pescado, ni es causado por el consumo de pescado, el sector pesquero está sujeto a impactos indirectos de la pandemia a través de las cambiantes demandas de los consumidores, el acceso al mercado o problemas logísticos relacionados con el transporte y las restricciones fronterizas. Esto, a su vez, tendrá un efecto perjudicial sobre los medios de vida de los pescadores y piscicultores, así como sobre la seguridad alimentaria y la nutrición de las poblaciones que dependen en gran medida del pescado para obtener proteínas animales y micronutrientes esenciales”. Para abordar los impactos, el Departamento de Pesca y Acuicultura de la FAO estableció un Equipo de Trabajo de COVID-19, una de cuyas funciones es comunicar y compartir información.

Diversas plataformas digitales de comercio de producto pesquero durante COVID-19 (GLOBEFISH International Webinar: Theimpact of COVID-19 onFishTrade).

En una de sus notas informativas FAO señalaba que la transformación digital es imprescindible en las empresas agroalimentarias, incluida las de productos pesqueros, para así adaptarse a la nueva situación. La gran fuerza de la digitalización de los mercados de la pesca pudimos verla durante la celebración de una conferencia internacional sobre los efectos del COVID-19 en el mercado pesquero mundial organizada por FAO, en el que se mostraba que en todos los continentes había habido un cambio radical en el comportamiento de los consumidores, con un aumento de la venta por internet y un incremento de productos congelados, enlatados o trasformados, de los platos preparados con pescado y el aumento del uso de plataformas online tanto para los consumidores cómo para restaurantes, pescaderías o empresas de minoristas. También se ponía en evidencia que el comercio digital se ha instaurado como una nueva forma de vida y que cuando los consumidores adquieren un nuevo hábito, éste permanece después del evento que lo determina. El aumento de la venta de productos alimentarios y pesqueros se ha producido, en gran medida, en las grandes cadenas de comercio digital (Juste eat, Ubereat, Ali Baba, Grabfood, Shopee, Amazon, etc.) en detrimento, posiblemente, de pequeñas empresas locales de venta electrónica de productos cercanos.

Un documento informativo preparado por la CGPM, la Comisión de la FAO encargada de las pesquerías del mar Mediterráneo y mar Negro, realizado a comienzos de la pandemia señala que sus efectos están siendo notables en el sector, tanto en la actividad como en el tipo de medidas, y que los efectos han sido diferentes en uno u otro país. Para la pesca de captura, la respuesta fue una disminución general de la producción superior al 75% en la mayoría de los países, a excepción de Turquía, donde la producción continuó en los niveles previos a la crisis gracias a la existencia de una demanda constante, alentada por la disminución de precios y las campañas dirigidas a los consumidores. Los precios de los productos de la pesca marítima disminuyeron inicialmente entre un 20% y un 70%, aunque se observó una cierta recuperación o estabilización desde finales de marzo de 2020. Por ejemplo, en España se llegó a producir una disminución inicial del 90% del precio de la gamba roja (Aristeus antennatus) del Mediterráneo, uno de los productos estrella de la pesca extractiva en España.

Un artículo reciente que analiza cómo ha afectado el COVID-19 a los recursos y a los mercados en la flota catalana que faena en el Mediterráneo occidental, señala que el paro de las flotas, como el provocado por COVID-19 a comienzos de 2020, no pueden recuperar el estado de los recursos marinos y el ecosistema; dentro de las flotas, las artesanales parece que se adaptan mejor a estas crisis de actividad y venta, porque son más flexibles. Problemas en los mercados externos pueden producir situaciones graves si las medidas de conservación dependen exclusivamente de la dinámica del mercado, por lo que los mecanismos de conservación que dependen del mercado como principal impulsor, deben ser resilientes a través de iniciativas de salvaguarda en caso de que los mercados fallen, como ha sido el caso del COVID-19.

Aún hay mucho que analizar para conocer el alcance real de la COVID-19 en el sector pesquero, sin olvidar que hay otro factor importante señalado por el Banco de España que ha incidido gravemente en él: el empobrecimiento de la población, que puede conducir a una mayor disminución de la demanda de pescado fresco, especialmente de productos de mayor valor. Desde luego, no son buenos tiempos para el sector pesquero, a pesar del cambio digital que ya está entre nosotros y ha podido mejorar el mercado de la pesca. La semana pasada finalizaron con una Declaración las sesiones del COFI (Comité de Pesquerías de la FAO formado por 131 miembros), destacando las contribuciones esenciales del sector de la pesca y la acuicultura en la lucha contra la pobreza, el hambre y todas las formas de desnutrición.  La Directora General Adjunta de la FAO, María Helena Semedo, dijo que la pesca y la acuicultura eran de importancia crítica para la transformación de los sistemas agroalimentarios mundiales. Señaló que “Todos compartimos un objetivo común: la gestión sostenible de nuestros valiosos recursos acuáticos“… “Esto es vital para tener una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una mejor vida para todos para que, juntos, podamos alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible“. Apostillo: la pesca sigue siendo imprescindible.

2 comentarios en “PESCA MARÍTIMA Y COVID-19. ALGUNOS EFECTOS EN LA ERA DIGITAL

  1. Felicitación por la maestra síntesis y una reflexión: el éxito científico, empresarial y comercial de la acuicultura y cultivos marinos – https://www.youtube.com/watch?v=NpEIxHFsaNM – debiera propiciar que las instancias internacionales materializaran el fin de la depredación pesquera por los Estados asiáticos.
    Salud, vacunas y recuperación de la dinámica laboral en los pesqueros.

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  2. Muy interesante artículo que me ha mostrado las complicaciones que ha supuesto el COVID para el sector pesquero, ya de por sí complejo. Enhorabuena Juan. Muchas gracias.

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