CONSIDERACIONES A TRAVÉS DE LA HISTORIA EN LAS PANDEMIAS DE LA GRIPE DEL 1918-1919 Y LA COVID-19

¿Cómo pueden contribuir las ciencias sociales y las humanidades al análisis del impacto que la pandemia de COVID-19 está teniendo en la sociedad? Diversos académicos pertenecientes a la Academia Malagueña de Ciencias, encuadrados en la Sección de Ciencias Sociales, traerán a esta tribuna de opinión sus particulares perspectivas sobre este asunto. Intentamos así contribuir al encuentro entre las ciencias y las humanidades. Es este un objetivo prioritario, pues parece  imprescindible que juntos pensemos el mundo, ya que no es la naturaleza la que se especializa sino los humanos. La especialización ha contribuido de manera muy importante al aumento de la información y al progreso, pero también hay en este momento un exceso de información, una infodemia, que no siempre contribuye a la mejora del conocimiento. El pensamiento crítico independiente de los académicos, nos permitirá conocer mejor los desafíos a los que la sociedad se enfrenta como consecuencia de esta catástrofe mundial sobrevenida.

Mari Pepa Lara García

Academia Malagueña de Ciencias

La Pandemia de la gripe en 1918-1919

Antes de enfrentarnos a comentar cómo la Historia puede ayudarnos a comprender las razones, los motivos de esta pandemia del Covid19, el comportamiento de los políticos y la sociedad, creo que tenemos que retroceder unos cien años, para ver cómo la humanidad de entonces se enfrentó a aquella terrible pandemia denominada en su tiempo “gripe española”.

Según nos relató Elías de Mateo, entre la primavera de 1918 y 1919, el mundo asistió a la mayor catástrofe demográfica que ha padecido la humanidad. Una  gripe ocasionó, en menos de un año, en torno a 50 millones de muertos. Unos 500 millones de personas padecieron la enfermedad, casi un tercio de la población mundial de entonces.

Se cree que la enfermedad se inició en Haskell (Kansas). En enero de 1918 algunos campesinos enfermaron con unos síntomas similares a los de la gripe estacional. Luego, durante marzo, lo hicieron más de mil soldados en el cercano campamento militar de Funston. Desde allí, la enfermedad fue llevada por los soldados norteamericanos a Europa. Otra hipótesis sitúa el origen  de la pandemia en una base militar inglesa de Étaples, al norte de Francia. La realidad era que la gripe presentaba unos síntomas claros: tos, fiebre alta, dolores musculares generalizados… y posibles complicaciones sobre todo neumonía que, en ocasiones conducían a un fatal desenlace. Había un gran desconcierto en la población, y ningún tratamiento efectivo.  Se pusieron en práctica medidas  de aislamiento, profilácticas y tratamientos paliativos: cuarentenas, dietas, antisepsia de la boca y la garganta, quinina, salicilato, codeína, aspirina, aceite alcanforado, … etc, incluso sangrías y suero antidiftérico.  Todo en vano.

Se produjeron tres oleadas sucesivas. La primera en la primavera de 1918. La gripe fue llevada a Francia por los norteamericanos registrándose en abril casos en  Burdeos. Desde allí, la enfermedad se extendió al resto del mundo. Pero fue peor en otoño. A finales de agosto y principios de septiembre la gripe reapareció de manera muy virulenta en varios lugares del mundo a la vez: en Brest (Francia), Boston (Estados Unidos) y Freetown (África occidental). Luego se extendió a todo el planeta. Sin embargo, hay que reseñar una tercera oleada  entre febrero y mayo del año siguiente, 1919. Pero su menor duración y extensión geográfica produjo un menor número de víctimas. El virus  llegó a nuestro país en mayo. Las vías de penetración resultaron ser las líneas ferroviarias, y los portadores los trabajadores españoles y portugueses que viajaban y regresaban desde Francia.

El Gobierno de Antonio Maura tomó una serie de medidas. Se convocó a los médicos más prestigiosos de Madrid. Luego se hizo pública una nota de prensa donde se afirmaba que “se trata de una infección acentuadamente gripal y cuyo microbio no ha sido todavía determinado.” Como medidas preventivas y terapéuticas recomendaba “el aislamiento de los atacados, desinfectándose rápidamente las habitaciones que estos hubiesen ocupado.” También se insistía en la necesidad de airear las casas; en evitar lugares con gran aglomeración de público y el contacto directo con los enfermos; en enjuagues de boca y nariz; paseos al aire libre y una alimentación sana y variada”.

La enfermedad de propagó velozmente. El segundo brote apareció de manera simultánea en toda España a principios de septiembre. Coincidió con muchas fiestas patronales; con la vendimia; con la incorporación a filas de los nuevos reclutas y con el regreso de los trabajadores desplazados a Francia durante la I Guerra Mundial.

Ahora la mortalidad fue mucho mayor.  En total, la gripe del otoño de 1918 se cobró en España casi 250.000 víctimas mortales, un 1’5 por ciento de la población. El día 24 se cerraron las fronteras, y el 9 de octubre se prohibió el embarque de emigrantes por los puertos. Ante la gravedad de la situación se decretó el 11 de octubre el retraso de la apertura del curso y la clausura de todos los colegios oficiales y particulares, así como la desinfección constante de los teatros y cuantos locales se daban espectáculos públicos. La tercera oleada o brote tuvo lugar entre febrero y mayo de 1919 y afectó, sobre todo, a las personas que carecían de defensas. En diciembre la gripe comenzó a remitir. Hasta aquí, a grandes rasgos, fue lo que sucedió en la pandemia de gripe de 1918-19.

La Pandemia del Coronavirus

No podemos por menos de comparar nuestra situación actual de la Covid-19 con la pandemia de gripe de hace cien años, y ello podemos hacerlo por los testimonios, documentos que nos relatan aquellos luctuosos sucesos, los cuales se encuentran depositados en los archivos.

También pasamos una primera oleada, el primer reto después de un duro confinamiento, que fuimos capaces de soportar hasta el final. Y luego llegó la desescalada. Una torpe y quizá anticipada desescalada, que festejamos como si fuera el comienzo de una feria de pueblo. Con algarabía y reuniones con más gente de la debida. Después, llegó la segunda, repitiendo lo mismo: mascarillas, gel hidroalcohólico, rozamiento de codos, y un vislumbre de miedo cuando veíamos un botellón nocturno, o similar.

Porque el virus había vuelto con más fuerza, o tal vez peor, no se había ido, y ahora teníamos que buscar nuevos métodos para luchar contra él. Esperábamos alguna solución de los medios oficiales, de los políticos, y de los sanitarios expertos. Cada   día esperábamos que el ministro de Sanidad nos indicara qué hacer. Pero, nos han dicho una cosa y su contraria al día siguiente. Las normas, en principio debía darlas el Gobierno Central. Más tarde, se decidió que fuese el Gobierno Autonómico. Y, mientras, las cifras iban aumentando a velocidad de vértigo. Los hospitales registraban cada vez más incorporaciones. Estamos en medio de una marea que se está convirtiendo en tormenta y nuestros gobernantes y representantes públicos parece que sólo saben  increparse unos a otros en el Parlamento. Y así seguimos en la tercera ola, que por los datos que nos ofrecen los medios de comunicación parece que está siendo cada vez peor. La población tiene un atisbo de esperanza en la vacuna que ya se está administrando, aunque a un ritmo lento por razones muy diversas. A veces me pregunto si, cuando pasen otros cien años, los ciudadanos de entonces decidan consultar los documentos de la Pandemia del Coronavirus que está asolando el Planeta, ¿qué pensarán del comportamiento de  nuestros políticos y de la sociedad actual?

8 comentarios en “CONSIDERACIONES A TRAVÉS DE LA HISTORIA EN LAS PANDEMIAS DE LA GRIPE DEL 1918-1919 Y LA COVID-19

  1. Interesante reflexión comparativa de estos dos episodios distanciados un siglo. Da que pensar el hecho de que las medidas adoptadas sean muy similares, a pesar de la evolución tanto de la ciencia como de la etología de nuestra sociedad. Me temo que, tal vez algunas decisiones tomadas no han sido las correctas.
    Enhorabuena, Mari Pepa!!

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    1. Gracias Ricardo. Tuve muy claro desde el principio comparar las dos pandemias, y me llamaba la atención el que cien años despues parece que no hayamos aprendido nada. En una tertulia en la radio escuché, hace unos días, a un tertuliano decir que quizá tendríamos que cambiar de estrategia, dado los resultados. ¿Sería esa la solución?

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  2. Afortunada síntesis de dos catástrofes sanitarias, económicas y sociales, que permite apreciar que las cabeceras de las estructuras públicas carecen de memoria e ignoran la metodología preventiva.

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    1. Gracias Ángel por tu interesante comentario. Esta situación me lleva a hacerme una pregunta ¿es que a los políticos y sus asesores no se les ocurre consultar, ya no digo ir a los archivos en persona y ver los documentos, si no consultar por internet la prensa de hace cien años, y actuar en consecuencia desde el primer momento? Es una pregunta en el aire y lamentablemente no espero respuesta.

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  3. Impresionante el dato de 50 millones de muertos entre dos primaveras consecutivas por causa de la gripe hace 100 años. No parece fácil alcanzar esa cifra en la actualidad por causa de la COVID19, aunque viendo el comportamiento de muchísimas personas, particularmente adultos -y no jóvenes-, puede imaginarse hasta donde ascenderán las cifras de afectados y muertos que ellos mismos han ido contagiando en el ámbito familiar. No se puede invocar desde los pideres públicos únicamente a la responsabilidad individual. Con eso nos remontamos a medidas tomadas 100 años atrás. Hace falta más responsabilidad de la cosa pública.

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  4. Por spuesto, espero y deseo que, en esta ocasión, no haya tantos muertos como en 1918-19. Y en efecto, no podemos culpar solo al individuo por su comportamiento. Tambien tienen que responsabilizarse los poderes públicos.

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