EL BOOM DE LOS CÓDIGOS QR

Susana Blázquez Diéguez

Academia Malagueña de Ciencias

Los códigos QR surgieron en Japón en los años 90, pero es en este año 2020 en el que nos hemos visto forzados a familiarizarnos con ellos y utilizarlos de forma asidua como un efecto colateral más de los muchos que han acompañado a la COVID-19. Por ejemplo, curiosamente no resulta fácil de encontrar un establecimiento hostelero en el que sus mesas de terraza no tengan adherida una etiqueta con el código QR con el que se accede al menú.

Entre las recomendaciones emitidas por la OMS figura como una de las prioritarias, la de procurar evitar los contactos con superficies utilizadas habitualmente por muchas personas, dado que, en el supuesto de que estén contaminadas sería uno de los mecanismos más comunes de transmisión del virus. No de menor importancia son las prácticas de desinfección de estas superficies de alto contacto, con el fin de reducir el potencial de contaminación del virus COVID-19. Estas recomendaciones nos han avocado, por una parte, al uso de forma generalizada de los sistemas de pago contactless (sin contacto) y al de los códigos QR, práctica que es particularmente perceptible en locales de restauración, tal y como he comentado.

Código QR de la Academia
Malagueña de Ciencias

Pero, ¿qué es en realidad un código QR? Las siglas QR se corresponden con la expresión anglosajona “Quick Response Code” (Código de Respuesta Rápida), que puede definirse como un modulo de almacenamiento de información con forma de matriz que contiene patrones de píxeles en blanco y negro que determinan su contenido. Presenta tres cuadrados en las esquinas que permiten al lector de código detectar la posición.

La ventaja que ofrece con respecto a otros códigos, como puede ser el código de barras, es que sus creadores (compañía japonesa Denso Wave) lo idearon con el objetivo de que su contenido se pudiera leer a muy alta velocidad. Destaca además, como detalle muy importante, que la empresa creadora del código no ejerce sus derechos de patente y su uso es gratuito, a diferencia de otros formatos de códigos de barras como el código BIDI.

(Izquierda) Captura de la web de la AMC a través de su Código QR. (Derecha) Otro ejemplo de captura de Google Maps.

Para poder leer esta matriz es necesario disponer de un lector específico (lector de QR) que está instalado como App (aplicación) en los dispositivos móviles, existiendo muchas aplicaciones lectoras de códigos QR gratuitas. El modo de empleo es bien sencillo pues basta con descargar en nuestro móvil una de las App del mercado y utilizar la cámara del móvil y ya tenemos nuestro dispositivo lector de código QR. Algunas marcas de móviles ya traen integrado el lector de códigos QR en la cámara, por lo que no será necesario instalar ninguna App adicional. La facilidad de uso y las magníficas utilidades que tienen los códigos QR han propiciado que su uso se haya extendido en muy poco tiempo.

La información que contiene un código QR es muy amplia y diversa, pero estará determinada por lo que su creador haya querido almacenar en él. En el momento en que el dispositivo (móvil + App) lee  el código QR, se realizará inmediatamente una acción, como por ejemplo: abrir una URL específica (dirección página web), abrir un documento, enviar un SMS, mostrar una ubicación en Google Maps, mostrar una imagen, abrir una aplicación en el dispositivo, etc.  

Código QR en una calle de Júzcar

Retomando el ejemplo que mencioné al inicio de este post, la OMS destacaba entre sus recomendaciones para minimizar el contagio por la COVID-19, evitar el contacto con las superficies que pudiesen estar infectadas. Esta circunstancia ha llevado a los hosteleros a adoptar medidas en las que los códigos QR se han mostrado tremendamente resolutivos, facilitando una mayor asepsia en el momento de solicitar en los restaurantes lo que cada cual quiera pedir. En lugar de entregar la tradicional carta con el menú, bien manoseada por los todos los clientes que nos han precedido y que la han tenido en sus manos, han decidido fijar en las distintas superficies –y en esto hay que reconocer que ha habido una gran creatividad: mesa, servilleteros, posavasos, botellas, porta velas, etc.– un código QR que nos dirige a la carta del restaurante en formato documento, o bien a la página web del restaurante, y dentro de ella al menú. Así que, sin apenas darnos cuenta y, por necesidad, nos hemos visto inmersos en un mundo en el que en el uso de los códigos QR se han impuesto de manera indiscutible. Este hecho puede ser una gran oportunidad para potenciar o desarrollar el uso masivo de códigos QR en otros muchos ámbitos cuyos campos de aplicación están todavía por explorar.

Un restaurante malagueño muestra el código QR en su puerta de entrada para que los interesados puedan estar informados de su menú y poder leerlo cómodamente en sus dispositivos móviles. Una solución cómoda y aseptica para disponer de esta información.

Recientemente he podido comprobar un nuevo uso del QR en una de mis rutas por la serranía de Ronda. En la localidad de Júzcar, pueden verse a lo largo de sus calles y plazas diversos códigos QR que dirigen al visitante, dentro de la página web del Ayuntamiento, al punto de interés concreto en el que se hubiera detenido. Esta utilidad es muy interesante en cualquier ciudad, pues añadiendo un simple código QR en los tótems urbanos de información turística se puede completar el texto resumen vinculando el código QR a una página web con mucha más información vinculada al punto de interés. Añadir códigos QR a las paradas de autobús facilitaría la movilidad, pues podrían informar de los recorridos y frecuencia de los mismos, particularmente cuando visitamos otras ciudades y no tenemos las App de la empresa de transporte de la ciudad. En las visitas a museos o monumentos un simple código QR nos puede dirigir a una visita virtual del mismo, ampliar datos o mostrar un mapa del lugar.

Ejemplo de una contraportada de un libro con información complementaria en formato código de barras

En muchas librerías y comercios, los productos tienen un código de barras, que al acercarlo al lector que hay en el propio comercio devuelve el precio del artículo, si en el caso de las librerías le añadimos un código QR nos podría dar referencias del libro, del autor, opiniones, reseñas, etc. Es más, la plataforma de pagos PayPal ya ha lanzado en algunos lugares –en los comercios adheridos a la iniciativa y con la APP adecuada–, la posibilidad de pagar utilizando códigos QR.

En conclusión, nos encontramos con la sorpresa de que un cuadradito con una matriz de puntos blancos y negros nos abre una puerta a la información con una infinidad de posibilidades, mediante el simple uso del móvil y el lector QR, y una conexión a internet.

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