Disquisiciones de un académico herpetólogo

Juan A. Camiñas Hernández
Academia Malagueña de Ciencias

En estas largas semanas de encierro obligado por el COVID19, la vida de un biólogo como yo (concretemos,  jubilado oficialmente desde algo más de un año antes del encierro) no tendría que estar sujeta, teóricamente, a grandes variaciones con respecto a lo que venía siendo antes de la clausura forzosa. A pesar del, sobradamente conocido por el público, interés de los jubilados por los paseos matutinos y otras actividades de ocio, tampoco es extraño que muchos de esos jubilados, algunos miembros de esta  Academia Malagueña de Ciencias (AMC), tuviéramos distintas actividades creativas, comunitarias, teatrales algunos, literarias muchos, musicales otros y también científicas. Son actividades que nos permiten desarrollar nuestras capacidades, alguna de las cuales se nos suprime formalmente con la jubilación.

En lo que a mí respecta, ahora soy un herpetólogo que dedica una parte de su tiempo a dirigir la Asociación Herpetológica Española, intentando que reptiles y anfibios sean vistos por las administraciones públicas, estudiantes, agricultores y púbico en general, como lo que son, animales con funciones fundamentales en los ecosistemas. Incluidos los ecosistemas marinos, donde estudio las tortugas marinas.

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El autor JA Camiñas junto a dos colegas europeos en una reunión internacional de sociedades herpetológicas

Desde antes de estar jubilado, pero ahora con más frecuencia, realizo distintas actividades relacionadas con la ciencia y la burocracia en la AMC, lo que me retrotrae al tiempo en el que formaba parte del Instituto Español de Oceanografía (IEO) e intentaba contribuir al mejor conocimiento de los intrincados procesos en los ecosistemas marinos y cómo se ven afectados por actividades humanas como la pesca, la contaminación o las actividades deportivas. Pero ahora hay una diferencia importante en el objeto de mi curiosidad y consiguiente aprendizaje, que en gran medida, es consecuencia de la gran oportunidad que nos ofrece el ambiente de cultura y ciencia que propicia la AMC, fomentando el conocimiento a través de las publicaciones que se insertan en este blog, los chats entre colegas, y otros medios digitales como web y redes sociales. Ahora podemos interactuar desde nuestros propios hogares en las actividades realizadas por la AMC, tal y como antes lo hacíamos participando en las sesiones académicas presenciales organizadas en nuestra ciudad,  sobre las novedades científicas y culturales, técnicas o filosóficas en los distintos campos del saber, trasmitidas por muchos de los mejores especialistas, hombres y mujeres, que participan y han participado como ponentes y/o asistentes.

Profesores de universidades nacionales y extranjeras, diplomáticos, científicos de América y Europa, de España, Andalucía y Málaga, ingenieros que se nos descubren los más diversos campos de la tecnología y que desarrollan nuevos métodos y soluciones técnicas para hacernos la vida más llevadera, geólogos y geógrafos que consiguen que entendamos lo que ocurrió en el territorio hace millones de años y la forma en la que nos afecta hoy en día tales evoluciones, arquitectos que trasforman el medio ambiente urbano y rural con sus aportaciones integradas y respetuosas con nuestra historia y nuestro paisaje, médicos y científicos biosanitarios que hurgan en la llaga del cerebro, en la recombinación de pares cromosómicos de enfermos, secuenciando el genoma del coronavirus, desentrañando el modelo que las células madre puedan ofrecernos en busca de soluciones a enfermedades, o que pronto nos proveerán de una vacuna nueva que nos permita salir de nuevo a la calle, o que revisan la salud de los árboles del parque, y un largo etc. La AMC nos ofrece tantas oportunidades de aprender que no pretendo mencionarlas todas en este breve relato, solamente quiero mostrar mi aprecio y gratitud a tantos compañeros que individualmente, o desde la Junta de Gobierno de la entidad o desde cada una de las cuatro secciones que fomentan la vida académica, han hecho posible que recibamos tanta formación de tan alta calidad, y que estemos deseando que regrese nuestra cotidianidad y se reanuden las actividades tras este encierro involuntario.

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Acto académico celebrado en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga

En este curso académico 2019/2020 había programadas actividades colectivas hasta el mes de octubre, con interesantes conferencias y foros de discusión científica, como las previstas sobre la mujer en la Sociedad Malagueña de Ciencias (precursora de la AMC), el AVE de la Meca a Medina, la Sociedad Malagueña de Ciencias en el siglo XX, el ciclo sobre la Historia de la AMC, o bien la organización de mesas redondas como la dedicada a la listeria, el ingreso de nuevos y prestigiosos académicos, etc. Algunas de esas actividades ya se han realizado, como el homenaje a José Ángel Carreras que celebramos en febrero y está teniendo un recorrido importante, pero otras muchas esperarán el fin de este confinamiento. Incluso no estamos seguros de poder realizar la clausura del curso académico 2019/2020 reuniéndonos, como nos reunimos en la forma tradicional en anteriores ocasiones, de forma presencial.

Todos los académicos somos conscientes de que va a ser un año en el que será prácticamente imposible cumplir las previsiones realizadas, y que el Programa de Actividades que la Junta había discutido y que aprobado quedará diezmado por las actuales circunstancias de confinamiento. Pero es de agradecer el trabajo intelectual que muchos siguen compartiendo en la AMC a través de distintos medios digitales y de este mismo blog, que mantendrá su continuidad y actividad divulgativa tras este forzado encierro. Y vamos a tratar de que, tanto en el Boletín  de la AMC como los documentos que podamos producir, fruto de las discusiones durante el confinamiento y de la dinámica del blog, aumenten las colaboraciones, las comunicaciones científicas y los informes, y que el Blog de la AMC se siga llenando cada día con nuevas ideas y pensamientos que nos enriquezcan.

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El estudio de los recursos vivos marinos ha sido uno de los objetivos científicos de la vida profesional del autor.

Al comenzar a escribir me movió la intención de hacer un repaso a la actividad que desarrollo cada día como biólogo, desde el apasionado papel de observador de vencejos, gaviotas, gorriones y otros pájaros que nos rodean, a la de analizar el comportamiento de alguna lagartija que comienza a mostrar actividad con la primavera tras el letargo invernal, o los vespertinos murciélagos que al atardecer se dedican a consumir millones de insectos. No son menores mis obligaciones como tesorero de la AMC, ni las contraídas con la Asociación Herpetológica Española. En este enclaustramiento temporal tampoco se acaban las llamadas de trabajo, las tele-reuniones, las revisiones de artículos, ni la escritura de capítulos de libros o la firma de acuerdos con entidades, o los pagos rutinarios que hay que seguir haciendo a unos y otros. No había pensado en “refrescar” el interés por la AMC y sus actividades a los propios académicos y posibles lectores de estos párrafos matinales, aunque me alegra que así sea finalmente y haber dejado volar mi mente para que planeara sobre todos los aspectos que he tratado. Mientras estamos confinados seguimos leyendo, escuchando y aprendiendo, compartiendo algo con los demás y recibiendo mucha información científica.

No puedo acabar sin dejar de mencionar el hecho lamentable y luctuoso de los miles de muertos que esta pandemia está dejando en nuestro país, y que se ceba particularmente en  el grupo de edad más vulnerable, los ancianos. No es menos dramático el número de enfermos y contagiados, algunos cercanos y queridos, que este virus está dejando en la población española y mundial. Un drama del que tardaremos en reponernos. Es momento de reconocer y agradecer el trabajo infatigable de tantos servidores públicos, principalmente en el área de  la sanidad, que se esfuerzan denodadamente por salvar vidas, el buen hacer de los profesionales que nos proveen de medicamentos, alimentos para el cuerpo y el espíritu, y que se entregan a la tarea para protegernos poniendo en riesgo, en muchas ocasiones, su propia vida. Es muy lamentable que haya tenido que llegar esta pandemia para que la ciudadanía valorara su función social y su actividad en beneficio de los ciudadanos. Tanto en materia de ciencia como de sanidad, donde los profesionales han demostrado su entrega a la noble causa de su tarea, cuidándonos hasta entregar su vida en el intento. Hago una clara invocación al aprecio y agradecimiento que mostramos desde la AMC a todos estos profesionales. Nunca nadie podrá compensar el inmenso sacrificio que están realizando todos aquellos que están en la primera línea de combate frente a ese enemigo invisible que nos está segando miles de vidas. Nuestra deuda será permanente con ellos y con sus propias familias.

Pero tengo que añadir que las autoridades sí podrán hacer algo para demostrar el agradecimiento de la población, cuando la serenidad se recobre y volvamos a llenar las calles de vida, cada cual retorne a su rutina, y en las academias retomemos nuestra actividad ralentizada. No deberemos olvidar quienes son los verdaderamente importantes, los imprescindibles y en quienes hemos confiado, para que nuestra sociedad mejore y para que aumente su resiliencia ante las nuevas pandemias y catástrofes ambientales que puedan sobrevenir. Y todos, académicos o no, tendremos que exigir a los representantes públicos el reconocimiento que el Estado debe de otorgar a sus servidores, actuando para mejorar los medios, las plantillas, las jornadas laborales y los horarios que les permitan compatibilizar profesión y hogar y así poder disfrutar de sus familias, tele trabajando cuando se pueda,  y recibiendo los salarios justos y dignos que corresponden a quienes nos protegen ante las enfermedades y la muerte.

Finalmente, sugiero que tal vez desde la AMC podríamos proponer al Ayuntamiento de la capital que se erija en la ciudad de Málaga un monumento a los servidores públicos que están jugándose la vida en estos meses de pandemia. Mostrar de esta manera, no solo con aplausos, el reconocimiento permanente por el ímprobo trabajo hecho por tantas mujeres y hombres en Málaga,  España y todo el mundo. De este modo, un monumento o un grupo escultórico podría ser un recuerdo más permanente para nuestra frágil memoria, que ilustre el dramático episodio histórico que hemos vivido, y aún estamos viviendo, a las generaciones futuras.

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