¡Nos ahogamos en plástico!

Juan A. Camiñas
Academia Malagueña de Ciencias

A finales de los años 70 del pasado siglo XX, por motivos profesionales, tuve la oportunidad de cruzar la comarca de Campo de Dalias y detenerme en la localidad del Ejido (Almería) en diversas ocasiones. Aquella experiencia resultó reveladora para comprender lo que posteriormente sucedió en la zona. Atravesando algunos invernaderos -que por entonces se levantaban sobre postes de madera y techumbres de plástico sostenidas con alambre-, pude alcanzar las playas del lugar, no sin alguna que otra dificultad. El espectáculo de contemplar las orillas repletas de fragmentos de plástico en proceso de degradación es inolvidable. Por entonces trabajaba en algunos proyectos científicos orientados a la ordenación del territorio y a la protección del litoral andaluz. Estos proyectos pioneros en Europa se ejecutaban en el Laboratorio Oceanográfico de Málaga (ahora Centro Oceanográfico de Málaga), con el fin de conocer con mayor detalle la contaminación del litoral y el uso que se estaba dando a la zona marítimo terrestre.

En esta aventura me acompañaron diversos investigadores científicos entre quienes teníamos animadas conversaciones sobre la evolución de aquel paisaje plastificado que auguraba un cambio sustantivo en todo el entorno. Ya por entonces nos llamaba la atención la evidencia de la ruta que elegían las ingentes cantidades de residuos sólidos que iban a parar al mar de Alborán. Aquellas inmensas láminas de plástico degradado, procedente de la renovación de las techumbres de los invernaderos, muy fragmentado y amalgamado, bien por la propia acción del viento o bien porque directamente así lo decidían sus propietarios, terminaban en la mar.

En aquella circunstancia resultaba muy fácil deshacerse de los indeseables residuos sólidos que tanto incomodan y que para nada servían, y que por demás, tanto espacio ocupaban: la mar se lo tragaba todo, y cuanto desperdicio llegaba a la orilla, la mar se lo seguía tragando. ¡El perfecto vertedero! Todo se puede tirar por aquel sumidero con la completa seguridad de que desaparece sin dejar rastro. Nadie verá nada. En aquellos años en los que la sensibilidad ambiental estaba algo más desdibujada que en la actualidad, me llamaba poderosamente la atención que, entre un viaje y el siguiente, generalmente con pocas semanas o meses de diferencia, el aumento en la extensión de este inmenso mar de plástico era cada vez más espectacular. Sabemos que éste mar de plástico es perfectamente visible desde los satélites que circundan la Tierra y que resulta ser una de esas obras humanas que pueden contemplar los astronautas desde la estación espacial como un rasgo identificativo del SE de la Península Ibérica. Aquellos primeros pasos de los cultivos bajo plástico se han extendido de tal manera que en la actualidad se pueden encontrar por toda la geografía andaluza, española y europea, y ya es muy común verlos en muchos países norteafricanos.

Hace sólo unos días leíamos en la prestigiosa revista Scientific Reports el descubrimiento realizado por científicos italianos de un inmenso vertedero de residuos sólidos de origen humano, que contienen plásticos en un porcentaje superior al 78%, y que han ido acumulándose a lo largo de los cañones submarinos del estrecho de Messina, entre Sicilia y la península itálica, en su progresivo descenso hacia los fondos marinos más profundos. Ese estudio científico realizado con modernas técnicas de prospección submarina y equipos científicos de observación directa que incluyen ROV (Vehículos Operados en Remoto) y sonar de barrido lateral, no solo evalúa la cantidad de material depositado en el fondo marino, si no que permite analizar la procedencia de aquellos residuos. Resultan espectaculares y muy preocupantes los datos que se manejan en dicho estudio, puesto que las acumulaciones de basura alcanzan densidades que superan los 200 elementos por cada 10m lineales de inspección visual con ROV, la más alta registrada hasta ahora en los fondos marinos profundos (superiores a 1000m).

Plasticos
Imágenes de basuras a profundidades  entre 1000 y 1100 m, tomadas del artículo de Martina Pierdomenico, Daniele Casalbore & Francesco Latino Chiocci. Scientific Reports (2019) 9:5330

Los investigadores señalan que su posible origen son los cercanos municipios costeros, densamente poblados, de las regiones de Mesina en Sicilia y de Calabria en la península itálica, llegando a la conclusión de que realizan una muy mala gestión de los residuos antropogénicos. ¿Como puede llegar al mar esa ingente cantidad de material sólido y depositarse en los frágiles fondos profundos? Los residuos sólidos se arrojan de manera descontrolada a los lechos de los barrancos secos en continente y, tras las intensas lluvias características del Mediterráneo, son arrastrados hacia el mar dónde, a través de una red de cañones submarinos, llegan al fondo marino profundo a más de 1000m de profundidad, donde causan verdaderos estragos al cubrir con un denso manto de basura los fértiles depósitos sedimentarios que son el hábitat de numerosas especies bentónicas. Los autores señalan que la dimensión de este problema en el Mediterráneo -y por supuesto, en el resto de mares y océanos del mundo añado yo-, puede alcanzar proporciones descomunales. A las islas de basura y plástico flotante que forman verdaderos “territorios” emergidos del tamaño de un país europeo de superficie media, debemos añadir estos sumideros profundos recién identificados.

Entre los macro-plásticos del fondo marino profundo o las islas de plástico flotantes y nosotros, se encuentra la fauna, la flora y los ecosistemas marinos, desde los costeros a los más profundos que, como acabamos de ver, se ven afectados muy negativamente por nuestros actos irresponsables. La principal afección es consecuencia de la ingestión de plásticos, o bien por el enredo en los distintos tipos de plásticos y redes o sacos de rafia, así como también por la ocupación que hace esta basura de su nicho ecológico.

Por otro lado estamos dando solamente los primeros pasos para poder entender cómo todos esos desechos plásticos afectarán a los ecosistemas marinos o cómo llegarán a nuestros alimentos, más pronto que tarde, y como se incorporarán a nuestros tejidos y fluidos corporales. Lo que personalmente me resulta más inquietante es que no seamos conscientes de la gravedad de la situación y que permanezcamos ignorantes de que la ingestión de micro-partículas de plásticos, que entran en la cadena trófica de peces y otros vertebrados marinos, ya se está produciendo en estos momentos. Sepamos claramente que cuando los peces ingieren el zooplancton que, a su vez, se ha alimentado de micro-partículas plásticas (por simple filtración de las que están próximas) y que tras servir de alimento a especies como la sardina, el boquerón, jureles, atunes y otros, aquellas micropartículas plásticas acabarán finalmente en nuestros saludables platos de pescado fresco.

De sobra sabemos qué es lo que debemos hacer y qué medidas hay que empezar a tomar. De hecho, algunas entidades públicas y privadas ya lo han empezado a poner en práctica: dejar de utilizar envases de plástico que resultan en muchos casos superfluos, y no utilizar cubiertos o pajitas y vasos de plástico, exigiendo que las cadenas de productos alimentarios, supermercados y otras empresas de la alimentación no utilicen más envoltorios ni utensilios de plástico.

Los tapones de plástico de las botellas, de colores o blancas, tiene un atractivo especial para algunas especies de peces, tortugas y aves marinas produciéndoles la muerte o la trasferencia a sus descendientes de elementos procedentes de la ingestión del plástico. De hecho, se han encontrado varios kilos de plásticos de considerable tamaño en los estómagos de ballenas y otros mamíferos marinos muertos. No consiste solamente en seguir el lema de las tres Rs, “reutilizar, reducir y reciclar”, sino además en dejar de usar ciertos productos que se ofertan en el comercio y ser conscientes de que en nuestro proceder diario está la solución al problema. Hemos de exigir que los plásticos que nos invaden y contaminan nuestro medio ambiente, y que no tienen ningún sentido más que la ganancia económica de algunos, sean prohibidos cuando son perjudiciales para la salud del Planeta, incluida la nuestra.

*Imagen de cabecera: Plásticos encontrados en la playa del Palo (Málaga, España) un día cualquiera

 

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