¿Tenemos que comernos las cookies?

Susana Blázquez Diéguez
Académica de la Academia Malagueña de Ciencias

¿Cómo es posible que cada vez que se abre un sitio web aparezca, de manera repetitiva, el mismo mensaje de las cookies?, ¿por qué se almacenan en nuestro ordenador y no hay manera de librarse de ellas?, ¿qué utilidades tienen para los usuarios?, ¿qué se esconde detrás de este dulce y crujiente término que nos tenemos que comer sin saborear?

Cuantos navegamos por internet nos hemos acostumbrado a que cada vez que accedemos a alguna de las páginas que nos interesa consultar, nos tropezamos con un espontáneo mensaje sobre las pertinaces “cookies”. La pantalla se ilumina súbitamente con mensajes como este: nueva imagenDe forma instintiva, pulsamos la pestaña de “Aceptar” y continuamos navegando por la web sin preocupación alguna, lo que al fin y al cabo es una aceptación tácita de las cookies. Con ello admitimos la idea de que para navegar por internet no nos queda otra opción que “comernos las cookies” que el sistema nos impone, pues en caso contrario probablemente nos impida acceder a la página web. Una vez que aceptamos el hecho de que para navegar tenemos que abrir las puertas de nuestro ordenador a las cookies, vamos a intentar comprender que son las cookies y cuál es su función.

¿Qué es una cookie? ¿Qué misión cumple en nuestro sistema cuando aceptamos su uso? Una cookie es un archivo de tamaño pequeño, solo texto, que se almacena en el dispositivo del usuario -móvil, tablet, portátil, etc.-, y no en los servidores de internet, y que guarda información de la visita al sitio web al que acabamos de acceder. Por cada sitio web que visitamos se crea una nueva cookie y cuando se visita nuevamente el mismo sitio web, el servidor reescribe sobre la misma cookie. Es importante insistir en el hecho de que es el sitio web el que crea la cookie, y cada sitio web puede consultar la actividad previa del navegador para personalizar la navegación web y, de esa manera, ofrecer un contenido más conforme a los hábitos del usuario. portatilo

Su principal objetivo es recordar configuraciones y preferencias del usuario, con la intención de evitar tareas repetitivas, como selección de idioma o login en aplicaciones (Facebook, Amazon, etc.) cada vez que se cierra el navegador web y se vuelve al sitio.

Las primeras cookies fueron creadas en 1994 por Lou Montulli, programador de Netscape Communications, en el desarrollo de una aplicación de e-comerce. Necesitaba guardar la información del carrito de la compra que el cliente iba llenando de artículos en su navegación web, y para no saturar el servidor con información temporal de todos los clientes activos, ideó la creación de un archivo pequeño y temporal, al que denominó “cookie”, que se guardase en el ordenador del cliente en lugar de almacenarse en el servidor web. De tal manera que cuando el cliente accede a la web de e-comerce esa información queda guardada y va actualizándose a lo largo de la navegación web, manteniendo el carrito continuamente actualizado.

Las cookies tienen una función muy limitada: ayudar al navegador a ofrecer un uso completo de las funciones diseñadas en las webs, estas incluyen un inicio de sesión sencillo, ajustes y preferencias, temas, carros de la compra y más. Los contenidos y la vida de una cookie los determina la web que la crea: puede borrarse al cerrar el navegador o mantenerse, en este caso suelen tener marca temporal de borrado y son útiles en aplicaciones relacionadas con redes sociales para así no tener que logarse en el dispositivo en cada acceso.

Normalmente, no contienen información personal, y la que puedan contener es la que se haya introducido en un formulario del sitio web y que, generalmente, está codificada para hacerla ilegible a cualquier otro servidor que accediera al archivo de cookies. Solo puede leer y decodificar la información el servidor web que la encriptó, y algunos servidores añaden medidas extras de seguridad al control de las cookies por los navegadores.

Un aspecto importante que a todos nos preocupa es saber qué ocurre con la información guardada en las cookies. ¿Está en riesgo la privacidad o el anonimato en la navegación web?

Quizás a más de uno le ha pasado que después de buscar en internet vuelos a Bruselas, en los siguientes días, cuando navega por webs de compras, periódicos, etc., no paran de salir ofertas de hoteles, restaurantes, alquiler de coches y diversidad de anuncios relacionados con Bruselas. En consecuencia, cabe preguntarnos qué datos están siendo pasados a otros sitios web lo que, inevitablemente, nos lleva a preocuparnos por nuestra privacidad y la garantía del anonimato en las incursiones en la red.

La explicación es sencilla, aunque las cookies solo se envían al servidor que las definió o bien a otro servidor en el mismo dominio, tengamos en cuenta que una página web puede contener imágenes y otros componentes almacenados en servidores de otros dominios. Las cookies que se crean durante las peticiones de estos componentes se llaman cookies de terceros. Este tipo de cookies las utilizan las compañías publicitarias para realizar un seguimiento de los usuarios a través de múltiples sitios y así dirigir su publicidad en función de los perfiles del usuario que obtiene.

No olvidemos que una compañía publicitaria puede seguir a un usuario a través de todas las páginas donde ha colocado sus imágenes publicitarias. Así, muchos de los servicios web que para el usuario son gratuitos -véase Facebook, Dropbox, periódicos-, los prestan empresas que se mantienen gracias a la publicidad.

Ya he mencionado con anterioridad que hay páginas en las que no se puede seguir navegando si no se aceptan las cookies, pero hay que puntualizar que su uso puede configurarse en el navegador web, seleccionando si deben ser borradas, aceptadas o bloqueadas. Los navegadores permiten configurar los ajustes de las cookies, pero debido a la gran variedad de políticas de privacidad de los sitios web, el navegador acepta de forma universal ciertos perfiles de privacidad, modificables por el usuario. Las páginas web más utilizadas como I-Explorer, Google, Firefox tienen páginas de privacidad que explican detalladamente cómo manejan y hacen llegar la información a terceras partes.

Como esto último es a veces confuso para el ciudadano de a pie, no hay que tener miedo a navegar en internet pues existen reglamentos, leyes y normas de ámbito europeo y nacional para la protección del usuario que, de hecho, es lo que ha suscitado la redacción de esta columna. Afortunadamente ahora somos conscientes de la existencia de las cookies, dado que el Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD) y la nueva Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales obliga a que el sitio web nos muestre la pantalla de aceptación de las cookies.

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