Algunas consideraciones sobre las invasiones de aire frío de origen continental

Francisco Sánchez Gallardo
Académico de Número de la Academia Malagueña de Ciencias

Según el refranero español, “en enero, bufanda, capa y sombrero”, dando así a entender las bajas temperaturas que se registran en gran parte de España en el primer mes del año (aunque también se pueden dar de forma más esporádica en primavera y otoño).

Son temperaturas que normalmente vienen determinadas por invasiones de aire frío de origen continental. Y digo invasiones y no olas de frío, porque el concepto de “ola de frío” es discutido y discutible, mientras que una invasión de aire frío sobre un territorio parece ser más bien una realidad física (distribución espacial, trayectoria, velocidad de traslación, espesor, etc.) que en el caso que nos ocupa se mueve en su conjunto y de forma coherente sobre el continente europeo.

En efecto, en el “Vocabulario de Términos Meteorológicos y Ciencias afines” -cuyos autores Alfonso Ascaso y Manuel Casals elaboraron en 1.986-, se dice que una ola de frío es un fuerte enfriamiento del aire muy frío que se extiende sobre un amplio territorio. Obsérvese que en esta descripción, que no definición, no se hace mención alguna al aspecto temporal del fenómeno -conviene recordar que el concepto de frío no deja de ser un tanto subjetivo, al menos en los posibles umbrales que se pudieran establecer-. Posteriormente se han barajado distintas expresiones para dar una idea un poco más aproximada de lo que se conoce como ola de frío, atendiendo por una parte a una zona geográfica, y por otra, estableciendo unos valores climatológicos referenciados a dicha zona en un periodo determinado de tiempo.

Pues bien, ante la necesidad de que los ciudadanos puedan entender lo que es una ola de frío, divulgada principalmente a través de los medios de comunicación social, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), admite ola de frío: “un episodio de al menos tres días consecutivos en el que como mínimo, el 10 por ciento de las estaciones consideradas registran mínimas por debajo del percentil del 5 por ciento de su serie de temperaturas mínimas diarias de los meses de enero y febrero del periodo 1971-2000”.

Conviene advertir la influencia que tiene el viento cuando coincide con una de estas invasiones de aire frío. En el cuadrante nordeste de la Península Ibérica esto se aprecia de forma muy notable con el “cierzo”, en regiones de Aragón, Navarra y norte de Cataluña. En el gráfico adjunto se puede observar con las líneas isobaras en blanco el flujo del nordeste, de procedencia continental afectando a estas regiones. Flujo definido y favorecido por la situación de las altas presiones al oeste de Inglaterra y ligera depresión en el golfo de Génova. nueva imagen

Es frecuente que estas invasiones de aire frío afecten también a otras regiones de España, sobre todo a Castilla y León, y Castilla La Mancha. Fue precisamente en esta zona de la meseta central donde el día 3 de enero de 1.971 se registró en la red principal la Base Aérea de los Llanos de Albacete, la temperatura más baja observada en la red de observatorios sinópticos, 24 grados bajo cero (ese mismo día y año la temperatura mínima en Burgos fue de 22 grados bajo cero), valores que fueron superados negativamente con -32º del lago Estangento (Lérida) en el año 1956, y los -30º de Calamocha (Teruel) en diciembre de 1963.

Hay otro aspecto singular de estas invasiones de aire frío, y es el hecho de que al ser una masa de aire de origen continental (a veces su génesis es de origen polar ártico en latitudes por encima de los 60º N), es pobre en contenido de vapor de agua y en energía latente, dando lugar a un tiempo seco sin apenas precipitaciones de nieve, retrasando con ello la temporada de esquí, y facilitando la formación de heladas.

Un tercer factor es que estas masas de aire llegan a España haciendo un largo recorrido sobre suelos generalmente nevados libres de polvo, con lo que apenas hay contaminación atmosférica en las ciudades.

Por último, no quiero dejar de manifestar la influencia, en este caso favorable, que este tipo de situaciones sinópticas tiene sobre la aeronáutica. La considerable pureza del aire y la ausencia de bancos de niebla sobre los aeropuertos, permite que el tráfico aéreo no se vea alterado por el mayor enemigo en las maniobras de aterrizaje y despegue, que es la escasa visibilidad, evitando con ello desviaciones a aeropuertos alternativos, con los consiguientes trastornos para los pasajeros y el aumento de los costes para las compañías aéreas.

De ahí la importancia, cada día mayor, que tienen las predicciones meteorológicas.

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